Javier Reverte, un viajero en busca de la libertad

El escritor no se ha cansado de perseguir sus sueños. Sabía que una cosa era existir y otra vivir

El escritor Javier ReverteGOMNZALO PEREZ | GONZALO PEREZLa Razón

Hasta el final de su vida, 76 años que valen por muchísimos más, Javier Reverte no se ha cansado de perseguir sus sueños. Esos que, advertía, a menudo enterramos en la niñez y regresan cuando nos asomamos a la vejez para recordarnos que sí, que aún estamos a tiempo.

Porque Javier sabía que una cosa es existir y otra, vivir. Por eso no se contentaba con leer a los clásicos ni a los grandes exploradores africanos, y necesitaba pisar las páginas de sus libros, con las botas embarradas por los caminos de la historia, como me escribió una vez. Y siempre con una despreocupada ironía que le protegía frente al mundo.

Para mí, que tuve la suerte de preciarme de su amistad, queda el recuerdo de su generosidad y de su incesante idilio con la libertad, su bien más preciado. También el estímulo de sus libros africanos, que me empujaron a recorrer esos mismos horizontes, y la lección de un hombre empeñado en viajar para reírse de la muerte.

No habrá manera de repetir esas comidas con nuestro común amigo Javier Brandoli. Ni respuesta a ese último mensaje huérfano de unas palabras tranquilizadoras sobre tu estado de salud. Tu verso favorito de Píndaro era «llega a ser lo que eres». Y lo fuiste. Viaja tranquilo, querido Javier.