Un Molière entre tranquilizantes y ansiolíticos

La Compañía Nacional sube al escenario de la Comedia «El enfermo imaginario», del autor francés, en una versión dirigida e interpretada por Josep Maria Flotats

Flotats durante un ensayo de "El enfermo imaginario"Sergio ParraCNTC

Escrita en plena madurez, «El enfermo imaginario» –estrenada en 1673– es la última y una de las más geniales creaciones de Jean Baptiste Poquelin, Molière. En ella brilla, quizá como en ninguna otra, la gran visión cómica del autor francés, que presenta una sátira implacable de la medicina, además de un profundo análisis de la hipocondria. Josep Maria Flotats la trae ahora, en su doble condición de director y actor, al Teatro de la Comedia, un lugar donde, curiosamente, nunca había actuado. Para él, Molière es un autor muy especial. «Le debo mucho. Yo lo llamo “mi patrón”, con un monólogo de “El avaro” entré en la Escuela de Arte Dramático de Estrasburgo, fue mi primera bendición y siempre me ha acompañado». El encargo se lo hizo Helena Pimenta hace un par de años. «Eligiendo a Molière me he adelantado a su aniversario, en enero de 2022 se cumplen 400 años de su nacimiento y no sé si entonces tendré oportunidad de homenajearlo».

A Argán (Flotats) le gusta inventarse enfermedades para llamar la atención y sentir la seguridad de los médicos y la medicina. Su hija Angélica (Belén Landaluce) quiere casarse con Cleantes (Rubén de Eguía), pero su padre ya le ha concertado matrimonio con Tomás Diarreus (Francisco Dávila), un joven doctor. Su segunda esposa, Belina (Lola Baldrich), quiere que meta a su hija en un convento para heredar ella sola. Tonina (Anabel Alonso), la criada, y Beraldo (Joaquín Notario), hermano de Argán, intervienen para desenmascarar la farsa de Belinda y del aprovechado médico. Según el director, «a veces inventamos enfermedades para tapar nuestras frustraciones personales y nuestras insatisfacciones, y recurrimos a otra pandemia actual, los tranquilizantes y ansiolíticos, pensando que todo se soluciona con pastillas. Usamos la medicina como placebo intentando solucionar así nuestros propios fracasos».

«Argan es Moliére, que se retrata a sí mismo», afirma Flotats. Cuando escribe «El enfermo imaginario» tiene problemas económicos y no puede pagar a sus actores, está enfermo, engañado por los médicos y por su mujer, Luis XIV le retira sus favores, lo traiciona La Fontaine y el arzobispo de París lo ataca porque sigue sin perdonarle su crítica en el «Tartufo». Además de burlarse de sí mismo, Molière denuncia los defectos de su época en clave de humor. «El deber de la comedia es corregir a los hombres divirtiéndolos», escribe. «Critica a la sociedad porque su teatro es comprometido –explica Flotats–, a la pandemia de los falsos devotos, la hipocresía, las relaciones matrimoniales y la libertad de la mujer, las pandemias de la incultura, del machismo, de la avaricia... y todo ello con una intención moralizante que no se limita al hombre de su tiempo, sino que es universal».

En cuanto a la dirección, Flotats ha decidido partir de los cánones estéticos de Molière «para aquellos que lo vean por primera vez o no lo hayan leído, puesto que hace muchos años que no se representa en un gran teatro de Madrid, conservando, eso sí, su dramatismo, el humor de la comedia y dando los mensajes que quiero mandar», concluye.

Dónde: Teatro de la Comedia. Madrid.
Cuándo: del 18 de noviembre al 27 de diciembre.
Cuánto: de 6 a 25 euros.