Coco Chanel
Coco ChanelCoco Chanel

Chanel, medio siglo sin pasar de moda

Una exposición en París, un nuevo libro sobre su vida... Cincuenta años después de la muerte de la diseñadora, su figura sigue siendo imprescindible para la moda y la mujer del siglo XXI

Abarcar completamente el icono en el que se ha convertido Coco Chanel es algo difícil de realizar. Por mucho que se pretenda, siempre quedará algo en el tintero, nunca conseguiremos dar todos los perfiles que esta mujer, quizás una de las más importantes del siglo XX, tuvo durante su vida. Amiga y amante de artistas, liberadora de la mujer, revolucionaria de la moda e incluso una posible espía nazi, la diseñadora francesa se convirtió ya en vida en un personaje que causaba admiración y respeto (e incluso miedo) allá por donde pasaba. Ayer se cumplían 50 años de su fallecimiento y, pese al medio siglo que nos separan de aquella fecha, nadie podría decir que Chanel ha perdido ni un ápice de su interés.

“Su figura es inabarcable por todo lo que ha inspirado ella y su mundo”, explica Arnaud Maillard, fundador, junto con Álvaro Castejón de la firma Alvarno. Ambos tuvieron la oportunidad de trabajar en París junto a Karl Lagerfeld y conocer, de hecho, a parte del equipo que colaboró con Coco Chanel en la última etapa de su vida. “Nos contaban historias de cómo era y adivinabas el nivel de su persona. Era una señora muy exigente, dictadora incluso, que miraba todo al milímetro y que no tenía miedo de cortar una manga para rehacer cualquier prototipo”.

Sinónimo absoluto del lujo, lo cierto es que la vida de Coco Chanel, si bien terminó en el Ritz de París, no comenzó entre oropeles, como recoge el último libro publicado sobre la vida de la diseñadora y sus hermanas, “Las hermanas Chanel” (Espasa). Todo lo contrario: huérfana de madre a los 12 años y abandonada por su padre, fue acogida junto con sus hermanas en el orfanato de una abadía de Aubazine de donde cuentan sale prácticamente toda su inspiración. Los sobrios y utilitarios uniformes marcaron esos vestidos con los que triunfó en los años 20. La magnificencia de las vidrieras y mosaicos inspiraron las joyas de corte bizantino, cruces y brazaletes, que realizaría junto con el joyero Fulco di Verdura, e, incluso, algunos afirman que la doble C, el icono de la casa, proviene también de las verjas de aquel lugar. Lo de Coco, por su parte, tiene un carácter menos ascético: tras salir del orfanato se ganó la vida cantando en un cabaret la tonadilla “Qui qu’a vu Coco?”.

Sus inicios en la moda, por otra parte, estuvieron muy vinculados con dos historias de amor. “Dos caballeros estaban pujando por mi pequeño cuerpo caliente”, escribe Janet Wallach en su biografía sobre la diseñadora. Con 23 años se convirtió en la amante del rico heredero Étienne Balsan quien le presentó a su amigo Boy Capel, que se convertiría en el verdadero amor de su vida: “Su muerte fue un golpe terrible para mí. Al perder a Capel, lo perdí todo. Tengo que decir que lo que siguió no fue una vida de felicidad”, recoge Paul Morand en ‘El aire de Chanel’, tras sus conversaciones con la creadora gala. Gracias al primero abrió su primera tienda de sombreros; Capel, por su parte, le permitió introducir sus diseños de vestuario.

El éxito no tardó en llegarle y se consagraría como reina absoluta de la moda parisina en los años 20, donde ocupó el trono que hasta ese momento había ostentando Paul Poiret: “La obra de Chanel la podemos dividir en dos etapas: la de su juventud y la de su vuelta a la moda en 1954 tras su retirada después de la II Guerra Mundial”, explica el experto en historia de la moda Miquel Martínez i Albero. “Fue en la primera cuando más que liberar a la mujer, liberó su feminidad. Subvirtió los códigos que estaban establecidos y liberó a la mujer del decorativismo. Las vistió de criadas y de señores, y con eso armó el guardarropa femenino del siglo XX. No habrá ningún diseñador como ella hasta Yves Saint Laurent, ni si quiera Dior o Balenciaga, que iban por otros derroteros. En su segunda etapa no fue tan influyente en realidad. Sí que establece el traje chaqueta y los códigos que ahora trabaja la casa, pero no tuvo el impacto mediático que nos podríamos esperar. Además, durante ese periodo hará la misma colección con alteraciones, con cambios de tejidos y cortes, no era un Dior que cambiaba la línea”. “Fue una abanderada del feminismo”, incide Castejón. “Y en su época era muy complicado”.

Su regreso a la moda, tras haberlo sido todo en París en los años 20 y 30, se produjo en 1954 tras su “exilio” en Suiza motivado por su posible colaboración con el nazismo durante la etapa de la ocupación alemana de Francia. La modista aseguró que regresaba para liberar a la mujer del corsé que había impuesto Christian Dior con el New Look: frente a las cinturas ajustadas y las faldas voluminosas, Chanel rescataba la comodidad y el aire deportivo con las que conquistó al moda en los años 20. “Tenía una visión muy real de la moda”, recuerda Maillard. “Y no consentía las faldas por encima de la rodilla, una parte del cuerpo que no le gustaba enseñar”. Francia calificó aquel ejercicio de estilo como “pasado de moda”, pero Estados Unidos y el Reino Unido se rindieron a sus pies.

Independientemente de su innegable influencia en la moda, Chanel también se ha convertido en un icono por su carácter. “Yo creo que solo la gente que tiene pasión por la moda sabe realmente quién era Chanel”, continua Maillard. “En general, no se imaginan sus historias amorosas, todo lo que sucedió tras la II Guerra Mundial o cuando intentó recuperar su perfume, su vida en el Ritz…”. Y es que “madmoiselle” era una mujer de armas tomar. Y siempre fue así.

A medio camino entre la leyenda y la historia, entre la persona y el personaje, son muchas las anécdotas que nos descubren a una mujer de carácter que tan pronto respondía a Poiret explicándole en los años 20 que vestía de negro para acudir a su funeral, como se ponía a bailar en los años 30 junto a Elsa Schiaparelli (otra de las grandes diseñadoras de aquella época y su gran rival) para intentar quemarle su vestido. Y es que no soportaba a la diseñadora italiana. Con Cristóbal Balenciaga vivió otro de sus grandes momentos. Una amistad de años se acabó al parecer tras unas declaraciones de Chanel.

El maestro vasco dio por rota aquella relación y la diseñadora le devolvió todos los regalos que este la había hecho: “En la casa Balenciaga se conserva el retrato de Chanel que esta le devolvió tras su discusión”, explica Miren Arzalluz, directora del museo Palais Galliera de París que actualmente exhibe la primera retrospectiva sobre Chanel en la Ciudad de la Luz. “Esto quiere decir que aunque estuvieran enfadados, por encima de todo se respetaban. De hecho, cuando a él le preguntaron, estando todavía viva Coco, a qué diseñadores admiraba, mencionó a Vionnet, Boulanger y Chanel, y para entonces no se dirigían la palabra. Además, Balenciaga, que era todo un caballero, no faltó a su funeral. Realmente no sabemos hasta qué punto no se volvieron a reconciliar”.

Y si esto fuera poco, tras el fallecimiento en 1971 de Chanel, las riendas de la casa las tomo Ramón Esparza, el gran colaborador de Balenciaga: “Estuvo una temporada, pero no funcionó bien. El periodo hasta que llega Karl Lagerfeld es de licencias y, digamos, de vivir de las rentas”, resume Martínez i Albero. Álvaro Castejón, que colaboró con Lagerfeld, explica: “Karl supo captar muy bien la esencia de madmoiselle y la utilizó muchísimo. Era consciente de la fuerza que tenía como imagen y como mensaje”.

El diseñador Moisés Nieto, director de la Escuela de Moda del IED, explica la importancia que sigue teniendo Chanel en la actualidad: “La figura de Chanel para los estudiantes es primordial para entender, no solo la evolución de la moda, sino los cambios sociales que se produjeron gracias a su visión como diseñadora y, sobre todo, como empresaria. Para mí es la figura de la mujer del siglo XX. La diseñadora por excelencia que trajo el cambio a su época y que elevó la artesanía local francesa al lujo actual”.

Si todo lo que les hemos contado les parece poco, todavía nos quedaría hablar del poder del Nº5, de sus relaciones con los artistas, con Sert y Misia, de su vida en el Ritz o de como nadie se esperaba que fuera a morir aquel 10 de enero en 1971 a los 87 años una mujer que el día anterior había estado trabajando. Y es que, como decíamos al principio, Chanel, pese al paso del tiempo, sigue siendo inabarcable.