Crítica de “Godzilla vs. Kong”: Gigantes con pies de barro ★★☆☆☆

Un fotograma de la cinta "Godzilla vs. Kong"
Un fotograma de la cinta "Godzilla vs. Kong"ImdbImdb

Dirección: Adam Wingard. Guión: Eric Pearson y Max Borenstein. Intérpretes: Alexander Skarsgaard, Rebecca Hall, Millie Bobby Brown, Brian Tyree Henry. USA-Australia, 2021. Duración: 113 minutos. Ciencia-ficción.

En la nueva versión de “Godzilla vs. Kong” apenas se conserva una idea -que proviene de la propuesta original de Willis O’Brien, que imaginó la batalla entre Kong y un monstruo antediluviano hecho de retazos, a la Frankenstein- del kaiju eiga de Inoshiro Honda de 1962. Es, de hecho, una de las ideas más felices -la reanimación eléctrica del Gran Gorila- de una película no precisamente sobrante de ellas. Siguiendo la moda del universo Marvel, en el que nadie es bueno ni malo sino todo lo contrario, Godzilla, que los japoneses identificaban como villano en sus años mozos, arrasa la fábrica de una gran corporación en Florida, se pelea con Kong en Hong Kong (¿para cuándo una película sobre los cadáveres que dejan a su paso en el paisaje urbano?) y demuestra que los sueños del neocapitalismo cibernético crean monstruos radioactivos.

La mejor parte se la lleva Kong, que sabe hablar con el lenguaje de signos; que tiene la oportunidad, como un E.T de los primates, de “volver a casa”; y que, en ese regreso a lo que los protagonistas humanos del filme llaman Tierra Hueca”, ofrece sus momentos más musculosos y estimulantes, como si, de repente, Adam Wingard estuviera preparado para rehacer digitalmente “Hace un millón de años” o “Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra”. El paisaje, primero frondoso y luego cubierto de lava, de la Tierra Hueca, y la lucha entre Kong y un dinosaurio volador, colorido como una mariposa y voraz como un murciélago, son lo más simpático de una película que tarda muchísimo en arrancar, que desprecia por completo el elemento humano -¡ese conspiranoico afroamericano, que habla a 24 gags verbales por minuto!- y que nos hace recordar, eso sí, que el “blockbuster” sin pies ni cabeza, con más ruido que furia, de usar y tirar, hay que verlo en salas y no en plataformas de streaming.

Lo mejor

El colorido viaje a la Tierra Hueca, que recuerda a las películas prehistóricas de los 60 y 70.

Lo peor

Es posible que se la sepa de memoria, aunque no haya visto ninguna de las originales japonesas en su vida.