Entre su identidad y Heinrich Himmler: 5 curiosidades de la Dama de Elche

Hoy se cumplen 124 años desde que la loma de La Alcudia fue testigo de un gran descubrimiento arqueológico: el joven jornalero Manuel Campello se topó con esta joya del arte ibérico

La Dama de Elche
La Dama de Elche

Si algo maravilloso tiene el arte es la emoción que suscita a partir del misterio. La maestría de esculturas o pinturas, sean de la época que sean, alude a la curiosidad, intrínseca del ser humano, y provoca la investigación incansable de cada obra, para entender quién lo hizo, cómo y por qué. Y, hablando de secretos, si una creación debe presumir de tener un carácter misterioso, esa es la Dama de Elche. Hoy se cumplen 124 años de aquel 4 de agosto de 1897, cuando un joven jornalero, Manuel Campello o, entonces, “Manolico”, cogió un pico, empezó a cavar en la tierra y dio con una de las mayores joyas del arte ibérico.

Se descubrió en la loma de La Alcudia, en Elche, y la noticia del hallazgo no tardó en difundirse por toda España y en el extranjero. Desde entonces, no hay más que preguntas sobre la Dama de Elche, sobre su identidad -hay quienes han sugerido que se trata de un hombre, posiblemente de un soldado al que quisieran rendir homenaje-, sobre qué representa o cómo llegó ahí. El descubrimiento de aquel niño fue histórico y, hasta hoy, la escultura no ha hecho otra cosa que protagonizar grandes momentos y asentar un legado repleto de curiosidades.

1. Del suelo al balcón

Cuando Manuel Campello avisó a sus compañeros jornaleros de que se había encontrado con un rostro de piedra mientras excavaba, uno de ellos, Antonio Maciá, terminó de extraerla. Y, por supuesto, no podían dejarla allí, era algo de lo que un joven podía perfectamente presumir ante sus vecinos, por lo que la exhibió sobre un taburete en el balcón de su casa. Veintiséis días después, fue vendida por 4.000 francos (unas 5.200 pesetas de entonces y unos 30 euros de ahora) a Pierre Paris, y ahí comenzó la andadura mediática de la escultura.

2. No tiene color... pero antes sí

El busto representa el lujo, pues aparece ricamente ataviado, con velo, pendientes o collares. Unos detalles realizados con piedra caliza entre los siglos V y IV a.C. y que hoy día se observa con el color del material. Pero no siempre se mostró así. Originariamente, la Dama de Elche estaba policromada, así como sus ojos estaban rellenos de pasta vítrea. Según se ha reinterpretado en algunas investigaciones, los rodetes que hacen de paréntesis al rostro y los medallones de los collares serían amarillos, utilizando también el rojo, el marrón o el azul como principales tintes.

La Dama de Elche estaba policromada originalmente FOTO: @ajovin

3. ¿Hombre o mujer?

La ostentosa escultura ha sido tildada con todo tipo de identidades. Hay quienes aseguran que fue una mujer noble de la época, por los elementos decorativos que tiene, así como otros aseguran que es una diosa. Hasta se ha especulado que pudiera ser un hombre al que, por alguna hazaña, se le quisiera rendir homenaje. No obstante, la teoría que más ha calado, hasta ahora, es que seguramente fuera una mujer de alta clase social.

4. Entre París y Heinrich Himmler

El arqueólogo Pierre Paris lo supo en cuanto conoció la noticia: había que hacerse con la Dama de Elche. Y tal fue su rapidez en incitar al Museo del Louvre que la comprara que en España no hubo tiempo ni de hacer que la obra fuera inexportable. Así, la escultura viajó hacia la capital francesa, donde la polémica estuvo servida al estar muchos expertos españoles incrédulos por haber “perdido” una obra de dicho nivel. No obstante, regresó a España, por fin, hace 80 años, a modo de “celebrity” y suscitando el interés de todo tipo de personalidades: Heinrich Himmler, jefe de las SS alemanas, fue uno de los visitantes que más tiempo estuvo contemplando a la Dama de Elche cuando ya se asentó en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

5. Un hueco en la espalda

Otro de los grandes misterios del busto es por qué tiene un hueco en la parte trasera. Según el Museo Arqueológico Nacional, esta oquedad “sugiere un posible uso como urna cineraria”. Es decir, para conservar las cenizas de algún difunto. No obstante, no ha sido, por supuesto, la única teoría, sino que, por ejemplo, Pierre Paris optó por asegurar que ese espacio se utilizaba para ofrendas. Asimismo, otro experto, Pedro Ibarra, sostuvo que servía para que la voz del sacerdote repercutiera y se oyera mejor.