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Crítica de “Las cartas de amor no existen”: pero el amor sí ★★★☆☆

Un fotograma de "Las cartas de amor no existen"
Un fotograma de "Las cartas de amor no existen" FOTO: Imdb Imdb

Dirección y guion: Jérôme Bonnell. Intérpretes: Grégory Montel, Anaïs Demoustier, Nadege Beausson-Diagne. Francia, 2021. Duración: 89 minutos. Comedia romántica.

Comedia romántica. Un género que Hollywood se ha dedicado durante los últimos tiempos a maltratar inyectándole a todo trapo azúcar y situaciones escasamente verosímiles (recuerden alguna protagonizada por Jennifer Lopez, por ejemplo) hasta convertirlo en un empalagoso bollito de otro planeta. Y esta es, además, francesa, tanto como una baguette. Pero hemos tenido suerte, porque el filme de Grégory Montel consigue desprenderse de esa capa de superficialidad escasamente creíble y construir, por el contrario, un puñado de personajes reales, de carne, hueso, dudas, desamparo y contradicciones, que participan en historias de amor que no siempre, o casi nunca, acaban con las perdices para la cena. Un parisino cuarentón y divorciado sigue manteniendo la misma obsesión por Léa, su ex pareja, que, a un tiempo, no sabe todavía lo que busca ni a quién. Tras una noche de borrachera ciertamente ridícula vuelve a visitarla para repetirle que desea volver con ella. Y aunque hacen el amor de forma salvaje, ella lo rechaza de nuevo.

El tipo, al que tampoco le va bien desde el punto de vista laboral, decide acodarse en una cafetería frente a la casa de la joven para espiarla mientras le escribe una larguísima carta donde exponer cuanto siente por la chica aunque, de paso, también acabe analizando su propia, desastrosa vida con la complicidad de un camarero filósofo y ante la atenta mirada de los variopintos vecinos. Un filme inteligente, divertido, triste, muy humano (así, la en el fondo dolorosa conversación entre Jonás y su otrora esposa) e incluso a veces un poco imperfecto como sus propios protagonistas, al cabo. No, las historias de amor no acaban siempre bien, pero en numerosas ocasiones la puerta no se cierra del todo por si de recapacitamos y decidimos que, bueno, la verdad es que nadie nos quiso nunca así.

Lo mejor

Se trata de una inteligente y creíble comedia romántica nada empalagosa

Lo peor

Quizá alguna situación un tanto forzada pero que no le resta encanto a la cinta