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Aquel verano «vintage»

Leo Harlem protagoniza esta comedia de Dani de la Orden que reivindica las vacaciones familiares y sencillas de antaño.

  • Aquel verano «vintage»

Tiempo de lectura 4 min.

13 de julio de 2018. 04:02h

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G. Núñez.  13/7/2018

La comedia familiar, tal y como la entendíamos, está en declive. «Es un género que se ha perdido –admite Dani de la Orden–. El espectro ha ido a los extremos y hace tiempo que la comedia familiar como tal no existe y queda solo el cine de espectáculo. Pero con mi madre no puedo ir a ver ''Vengadores'' ni con mi padre ''Frozen'', a donde sí puedo llevar a mi hijo. Ese poder de antaño de la comedia ancha, para todo el público, se ha perdido». Lo primero que habría que decir de «El mejor verano de mi vida», dirigida por Dani de la Orden, es que aspira a ocupar precisamente ese espacio. Y lo hace recurriendo a la comedia veraniega, otro subgénero que ha sufrido fuertes mutaciones.

Un secarral de interior

El cómico Leo Harlem protagoniza esta cinta en la que Curro, un vendedor de robots de cocina en crisis, económica y de pareja, promete en un arranque de bravuconería «las mejores vacaciones de su vida» a su hijo Nico, de 9 años, en el caso (impensable poco antes) de que saque todo sobresaliente en el colegio. Cuando eso sucede, Curro, recién separado, solo puede ofrecerle unas vacaciones en el pueblo (un secarral de interior) de su infancia. Hay en «El mejor verano de mi vida» –adaptación de «Sole a cantinelle», la película italiana más taquillera de 2013– una saludable reivindicación de las vacaciones de antaño. «El veraneo de antes, de pueblo, con dos duros –asegura Leo Harlem e ironiza: «El pueblo siempre ha sido un refugio de oportunidad económica grande. La gente prefiere irse tres días a Shanghái a hacerse fotos, pero con ese mismo dinero están mes y medio en el pueblo a cuerpo de rey. El pueblo tiene que volver. Yo siempre digo que el futuro está detrás; hemos tocado techo». Para Dani de la Orden el filme plantea «una oda a la sencillez, a lo antiguo pero no a lo viejo, a lo ''vintage'', como dice Leo».

En aquella peripecia rural y en el posterior encuentro en un campamento ayurvédico con una familia «pijipi» que acabará invitándolos a casa de la matriarca aristocrática de la familia en su mansión de Marbella –el contraste con la llaneza de la familia de Leo Harlem impulsa la comedia–, Curro irá descubriendo los valores familiares que ha ido olvidando cuando aspiraba a comerse el mundo. «Se está desviando el valor de las cosas hacia la cáscara, el envoltorio, pero la esencia es la misma», explica Harlem, quien rememora los veranos de su infancia: «Era una época muy larga, daba tiempo para todo. Lo pasaba en Valladolid, que era como un pueblo, con las bicis, jugando al fútbol, no parábamos. Ahora los veranos son distintos. Los chicos van a campamentos de inglés, de cine, de pintura abstracta, campamentos de todo. El caso es no tenerles en casa. Pero es muy bueno aburrise, hay que saber aburrirse. Cuando el cerebro se para es cuando asimila conceptos. Hace falta frenar esa ansiedad. Ahora vivimos una época de niños sobreexcitados».

Quien no para, en cambio, es Harlem, que desde su cameo en «Torrente 5» ha ido escalando en su carrera cinematográfica, hasta «Villaviciosa de al lado» y este nuevo protagonista.

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