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Daniel Calparsoro: "Se puede hacer cine de acción con alma, que pese"

El director de «Cien años de perdón» se adueña del empedrado y la liturgia arquitectónica de las calles de Vitoria para su adaptación cinematográfica de «El silencio de la ciudad blanca», la exitosa novela de Eva García Sáenz de Urturi.

El director de «Cien años de perdón» se adueña del empedrado y la liturgia arquitectónica de las calles de Vitoria para su adaptación cinematográfica de «El silencio de la ciudad blanca», la exitosa novela de Eva García Sáenz de Urturi.

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El interior del imponente templo gótico de la Catedral Vieja de Vitoria amanece un 24 de julio de 2016 con los cadáveres tendidos y desnudos de dos jóvenes que apenas han cumplido los veinte años. Ataviados con musgos en las respectivas partes genitales simulando una macabra recreación de los paraísos de Adán y Eva y con síntomas evidentes en la garganta de haber perdido la vida como consecuencia de las picaduras de abejas, las víctimas pronto se convierten para el atormentado inspector Unai López de Ayala en una urgencia lo suficientemente grave como para retomar un caso que lleva demasiados años atemorizando a la población de la capital de Álava.

Con unos alicientes tan absorbentes, no es de extrañar que Daniel Calparsoro advirtiera desde el principio todo el potencial cinematográfico que escondía la novela "El silencio de la ciudad blanca", de Eva García Sáenz de Urturi. "Cuando me ofrecieron el proyecto, primero recibí un guión (yo no había leído la novela todavía) y rápidamente vi algo que me indicó las posibilidades que tenía la historia de convertirse en un thriller muy potente. A partir de ahí me leí la novela y me la acabé en un fin de semana. La verdad es que me encantó, la devoré. ¿Sabes cuando empiezas un libro y no puedes parar ni un segundo y cada rato libre que tienes se lo dedicas? Pues eso mismo me ocurrió con este", comenta emocionado.

Al tratarse de la adaptación de una obra literaria, el resultado final es una cinta que llega hoy a las salas de cine y que ha supuesto un desafío importante es términos de dirección: "El reto para mí fue tratar de trasladar a la pantalla las emociones que yo había tenido como lector, que obviamente son las mías, claro, pero que en todo momento he pretendido que también sean las de los demás. En vez de intentar traducir la novela a imágenes y teniendo en cuenta que ya existía un guión que yo podía tocar y pulir en cualquier momento, lo que deseaba era trasladar mis emociones como lector a la gran pantalla".

Persecuciones por la catedral

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De trayectoria oscilante y peculiar, el cine de Calparsoro viene definiéndose en los últimos años por unos patrones de acción, intriga y suspense fácilmente reconocibles que ahora vuelven a estar presentes en la que constituye su décimoquinta película. Algo que, en palabras del director, no invalida la enjundia que proyectos de este tipo posean: "Creo que es completamente factible hacer películas de acción que tengan alma, que pesen. A raíz de las declaraciones que ha hecho recientemente Scorssese por ejemplo sobre el cine de Marvel, es cierto que existen matices. El universo Marvel es una cosa completamente diferente al resto de géneros, porque en realidad no dejan de ser cómics. Son dibujos animados y la acción que se retrata en esas películas es digital, es decir, no real. Ahora mismo es algo que está muy de moda, pero entiendo que tenderá a agotarse también. Cuando tú ves corriendo a Javier Rey por la Catedral de Vitoria es Javier Rey corriendo por la Catedral de Victoria. Ahí el tema cambia. Y estamos hablando (salvando mucho las distancias) de secuencias al estilo de Hitchcock cuando nos referimos a las persecuciones que se producen a lo largo de toda la cinta. Nos referimos a un personaje pequeño en una localización gigantesca que te muestra lo insignificantes que somos según nuestro entorno. Hay acción, por supuesto, pero no es una acción vacía", señala.

Tradición contemporánea

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En "El silencio de la ciudad blanca"las historias que construyen el pasado de los protagonistas adquieren tal importancia a lo largo del desarrollo de la trama que, Javier Rey, el inspector Ayala en la cinta, la cataloga como "una película de personajes más que de género" porque "el pasado de todos ellos condiciona bastante la manera que tienen los espectadores de verlos y asimilarlos. De la misma manera que el espectador sabe quién es el asesino o la asesina desde relativamente pronto y puede ser capaz de acompañar a esta figura a través de sus motivaciones, también puede hacerlo con el resto de personajes y con sus pasados. Si ese pasado no existiese, probablemente sería una película más de género. Pero como existe, adquiere un calado mucho más emocional, psicológico y humano que el que tendría a priori un proyecto de esas características".

Belén Rueda es otro de los puntales interpretativos del filme junto a Manolo Solo, Aura Garrido, Álex Brendemühl, Pedro Casablanc, Ramón Barea y Rubén Ochandiano. El affaire que mantiene Alba (Rueda) con el inspector Unai vertebra la historia de amor de la cinta, cuya recreación tenía para Carpalsoro mucha importancia; «Quería que hubiera un elemento emocional fuerte, como el de la novela. Me gustaba la idea de que ella fuera una mujer más madura y empoderada y que jugara el papel de elemento activo en la seducción y no el pasivo. Que fuera ella quien llevara la iniciativa en todo momento. Y que además ese amor fuera el típico que sabes que no va a ningún lado, pero que es real».

El cineasta consigue recrear de manera generosa unos escenarios profundamente litúrgicos y desconcertantes que discurren por la almendra medieval de uno de los cascos antiguos mejor conservados de todo el País Vasco fusionando tradición y contemporaneidad de una manera que puede resultar de todo, menos fortuita.