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Dante, un director contra Hollywood

Applehead publica la primera biografía en español del padre de los gremlins. La firma Álvaro Pita, un gallego que viajó hasta su despacho en Los Ángeles para conocer cada detalle de un hombre que batalló con los principales estudios americanos para hacer las películas a su completo gusto. Cuando no fue así, fracasó

  • El director de «Gremlins» fotografiado en 1984, cuando se estrenó la primera de las películas de la saga
    El director de «Gremlins» fotografiado en 1984, cuando se estrenó la primera de las películas de la saga

Tiempo de lectura 8 min.

09 de abril de 2017. 21:28h

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11/4/2017

Joe Dante (Morristown, EE UU, 1949) llegó al cine de los años 80 –aunque ya había asomado la cabeza a finales de los 70– para darle la vuelta a lo conocido. Era un realizador diferente. Llenaba sus películas de contradicciones y jugueteaba con la tradición y las expectativas del público. «Aullidos» (1981), «Gremlins» (1984), «Exploradores» (1985)... Ni le interesaba la norma que reinaba de distinguir entre buenos y malos ni prestó atención a los héroes como tal. Las acciones épicas estaban desterradas. Gizmo, de los «Gremlins», es lo que más se puede acercar a ello. El resto: un cajero de supermercado y un piloto alcóholico en «El chip prodigioso» (1987); los protagonistas inmaduros de «No matarás... al vecino» –«The ‘Burbs» (1989)–, que no se sabe si se acercan más al lado oscuro; o los gorgonitas de «Pequeños guerreros» (1998), que se pasan la película escondiéndose...

Entonces se crearon películas que hoy han quedado como objetos de culto, y entre la legión de seguidores destaca un gallego: Álvaro Pita. Comenzó a «cartearse» –vía email– con Dante, hasta que viajó a Los Ángeles en 2010 y le conoció; y ha terminado como uno de los mayores expertos de su cine. Buena fe de ello dan las 702 páginas de «Joe Dante, en el límite de la realidad» (Applehead). Un libro en el que ha participado el propio director y donde se recoge toda su trayectoria –fotos inéditas incluidas–. El primero en castellano que se dedica a su figura: «A él nunca se le ha prestado mucha atención en España, salvo contadas excepciones», se lamenta un Pita «estimulado» por la obra «dantesca»: «Incita e invita a que saquemos nuestras propias conclusiones, ya sea porque en su cine no hay villanos integrales, bien porque en sus películas, que no suelen estar destinadas a estimular efectos emotivos instantáneos, se contrastan varias perspectivas. Además, nos incita a conocer referentes, a establecer relaciones con la historia del cine y con la historia contemporánea en sí».

Irónico y poco dramático

Son muchos los que han crecido con sus filmes en los 80 y 90, aunque dichos espectadores no recuerden su nombre. El autor hace hincapié ello e indica que sus películas son más «complejas y ricas» de lo aparente, y «quizá entre la crítica y el público no ha jugado a favor el carácter irónico, poco dramático, nada visible y rara vez espectacular de sus cintas; tampoco su estilo de narración, que en ocasiones escapa de determinados preceptos de los manuales de guión», escribe.

Puede que sea eso uno de los mantras de su catálogo, como es el contraste entre realidad y ficción, por lo que no se le haya entendido. Dante remarca que el cine y la televisión muestran una imagen distorsionada de la realidad y que, al revés del tópico, «la ficción siempre puede superar a la realidad». En lo que Álvaro Pita hace una enumeración de algunos ejemplos: en «Aullidos» trata, en parte, el tema de la imposibilidad de que los medios transmitan alguna verdad. «Durante una escena de este filme intercala el ataque de un hombre lobo ‘‘real’’ con el gran lobo feroz de unos dibujos animados», apunta. También haría algo similar en su capítulo de «En los límites de la realidad», cuando un niño con poderes ha construido su mundo alrededor de la ficción de los dibujos animados. En «Exploradores», los protagonistas viajan al espacio con la esperanza de que los extraterrestres sean tal como han aparecido en libros y películas, pero no. En muchas escenas de «El chip prodigioso» inserta acotaciones cotidianas que cuestionan la espectacularidad de las imágenes, y uno de los temas de «Matinee» (1993), que aborda la relación entre el cine y la realidad. También en «Pequeños guerreros» incide en que la guerra no es como la cuentan.

Implicación total

Las antítesis de situaciones, ideologías y personajes también son una norma de Dante, poco amante de las estructuras fijas: «Dentro de que se trata de superproducciones de Hollywood, sus guiones escapan de la rigidez de las estructuras de tantos filmes comerciales, e incluso hay en ellos espacio para escenas autónomas y para la improvisación», comenta Pita. Supone un caso infrecuente en la Meca del cine: las películas de Joe Dante son –salvo casos aislados– como Joe Dante quiere. Lo controla todo. «Suele trabajar mano a mano con los guionistas, y siempre intenta que estén presentes en los rodajes», puntualiza Pita. Son de él muchas de las ideas del texto –«incluso algún diálogo»– de «Aullidos», del fragmento de «En los límites de la realidad», de «Gremlins 2» (1990) y de «Matinee». A la vez que el «detallismo» –dice Pita– excede de lo común en la industria: «Disfruta implicándose en todos los elementos que conforman sus largometrajes, desde el casting al vestuario, pasando por los efectos de sonido. Casi nadie goza del ‘‘final cut’’ en Hollywood, pero en la mayoría de sus obras, Dante se las arregló para que no cambiase nada sin su consentimiento».

Como excepciones, «Exploradores», donde los problemas surgieron del recorte en las jornadas de montaje; «No matarás... al vecino» de los desacuerdos con el final de la película; y «Looney Tunes. De nuevo en acción», que quedará como la gran mancha en su carrera: «Una cinta carísima. Rodó un principio, un tramo central y un final diferente al que había firmado por miedo a perder el escaso control que mantenía. Al menos consiguió algunos buenos momentos y contar con sus actores habituales, pero siempre comenta que fue una pesadilla». Caos que se confirmó con el batacazo económico correspondiente. Un proyecto torcido desde el principio, cuando el realizador insistió para que apareciesen personajes como Elmer, Speedy Gonzales y Porky Pig, «políticamente incorrectos» para Warner.

Como la cara de la moneda sí quedará «Gremlins», una muestra más de las batallas de Dante con Hollywood. A nadie en Warner le gustaba la idea, pero en esas apareció Spielberg para dar la cara por él. Fue gracias al director de «Tiburón» –película que parodió Dante en «Piraña» (1978)– por lo que se mantuvo el monólogo de Kate sobre su odio a la Navidad. Después los números jugarían a favor del de Morristown y la productora terminaría casi suplicando cualquier cosa que llevase el título de «Gremlins 2».

En «Exploradores» –considerada una película «sin terminar» por el director– le recortaron en un mes el tiempo para editar el material. Después, «El chip prodigioso» fue uno de sus rodajes más tranquilos, pero, aun así, tuvo que sacrificar a un secundario para ceder ante el estudio y no acabar con Martin Short, el protagonista, y tampoco estuvo conforme con la campaña publicitaria. Más problemas hubo con «Pequeños guerreros», puesto que la Dreamworks había cerrado unos acuerdos comerciales con corporaciones como Burger King. Un poder desmedido para los «hamburgueseros», y la cadena de «fast food» pidió una película para todos los públicos y así poder regalar muñecos con sus comidas. Por su parte, el director prefería una entrega que no fuera sólo para niños... Siempre a regañadientes con los todopoderosos estudios, el hombre que inició su carrera junto al rey de la serie B Roger Corman ha tenido complicado volver a filmar, como muchos compañeros de generación. Tanto como que lleva diez años en busca de financiación para «una película sobre el rodaje lleno de anécdotas de ‘‘The Trip’’, que giraba sobre el LSD y para cuya preparación su director, Corman, también probó las drogas alucinógenas», cierra Pita.

«Batman» y «Los Picapiedra», dos historias que no motivan

Después de «Piraña» todo lo que le proponían a Joe Dante giraba en torno a producciones acuáticas, pero eso no iba con él. Lo que el realizador siempre ha buscado ha sido tener el control. Proyectos en los que pueda plasmar lo que tiene en la cabeza y, por ello, el «no» ha sido una respuesta recurrente en su carrera, por mucho que el éxito estuviera casi garantizado, habla Pita: «Algunos, como una secuela de ‘‘Tiburón’’ y ‘‘Star Trek II. La ira de Khan’’, porque no dispondría del control creativo; otros, como ‘‘Batman’’ y ‘‘Los Picapiedra’’, porque no le motivaban las historias. Y también se le puede considerar un rebelde en el sentido de haberse salido con la suya y haber rodado películas a contracorriente, o que jugaban con convenciones del cine de la época para subvertirlas, como en el caso de ‘‘Exploradores’’ y ‘‘Pequeños guerreros’’». Y es que Dante concebía el cine como un proyecto casi familiar en el que se diera lugar a relaciones de confianza y amistad a largo plazo. «Como espectador, siempre le resultó reconfortante reconocer a actores secundarios en las películas y seguir sus carreras», explica Álvaro Pita. Así, con los años, una serie de actores se conformarían en su elenco fijo e irían apareciendo de forma regular en sus piezas, algo que es frecuente entre los realizadores pero que en el caso de Dante era imprescindible. Los que más, Dick Miller y Robert Picardo. «Amén de la grata sensación de familiaridad que proporcionan estos actores –continúa el autor–, su presencia nos lleva a establecer relaciones con otros títulos y a conformar una película de películas, la de la propia biofilomografía de Joe Dante».

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