El Festival de Gijón se crece

Presenta "Gabrielle", una joya sobre la relación entre dos discapacitados. El encuentro, que goza de una estupenda salud, arroja pasado el Ecuador un más que notable balance

Aunque hayan pasado cincuenta y un años del Festival de Cine de Gijón sigue tan fresco como el primer día. O más porque después de varias jornadas podemos decir sin miedo a equivocarnos que estamos ante un magnífico certamen, bien organizado, coherente con su línea, interesante en cuanto a las secciones paralelas que aborda y en el que prima el sentido común gracias al buen hacer de su director, Nacho Carballo, al frente de un entregado equipo. Vistas más de la mitad ya de las quince cintas a concurso, el resultado es más que positivo. Nos ha sorprendido "Gabrielle", dirigida por Louise Archambault, centrada en la historia de una pareja de discapacitados mentales que parece un documental. El momento en que dos de los chicos que forman parte del coro se enamoran la cinta gana en sensibilidad y se desborda en originalidad y buen gusto. Una de las películas más inteligentes que hemos podido ver en gijón este año. No olvidamos tampoco "ilo Ilo", que viene de Singapur, y que firma Anthony Chen sobre las vivencias de un niño conflictivo y rebelde al cuidado de una criada filipina. No se puede contar mejor ni con más economía de medios una historia. Un título para retener.

Muy buen cine, en general, por tanto, aunque alguna vez se vea empañado por la presencia de profesionales que no lo son. En la jornada se proyectó ver "Blue Ruin", una película un punto cutre, en la que Jeremy Saulnier la ha escrito, fotografiado y dirigido. Puro "indie"en su origen que choca con la estimable "Murder party", que se fija en la figura desastrosa de un hombre que vive en el interior de un coche dedicado a recoger y obtener dinero por los cascos vacíos de botellas que encuentra y los trapicheos que puede hacer para sobrevivir. El director se vale de un humor caústico y de un desenfado total, además de cierta violencia que incrementa con una imagen oscura. Notable, desde luego y lo mejor de la jornada de ayer. Desde luego, muy lejos de "Blockbuster", una cinta absolutamente prescindible y para olvidar que firma por partida doble (dirige y es autor del guión) Tirso Calero sobre un tipo que quiere filmar un corto con gente famosa. Algunas de las escenas producen sonrojo y vergüenza ajena, como el largo plano que sostiene el rostro de Fernando Esteso mientras cuenta un chiste a la cámara. Es en falso blanco y negro, lo que aún le pone una nota negativa más. Un cinta en condiciones, un clásico, vamos, es "Casablanca"o "Una noche en la ópera", pero no la que vimos el martes. No se puede equivocar al espectador porque ese tipo de películas precisan de un procedimiento especial, de un trabajo de laboratorio concienzudo, de unos baños de revelado. En fin, nada más alejado de un canto a la estética. Tampoco conseguimos remontar el día con "Les apaches", de Thierry de Peretti, un filme en el que la pedantería de que hace gala, ayudada por cierta torpeza narrativa, dan al traste con el proyecto, cuyo director se empeña en un rodaje nocturno que poco aporta y mucho quita. Se queda en mitad de la nada y a medias. La olvidaremos nada más avandonar la sala.