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John Lydon, el enemigo público número uno

Entrevista / John Lydon. Músico. «Sigo esperando que la gente deje de odiarme». Llegó a ser el enemigo público número uno de la sociedad británica liderando a los Sex Pistols, aunque hoy parece más un Don Quijote acelerado. Se acaba de publicar en España su autobiografía: «La ira es energía»

El líder de los Sex Pistols publica un volumen autobiográfico, «La ira es energía», y habla con LA RAZÓN sobre el pasado y el presente

Descuelga el teléfono desde su casa de California, adonde se marchó a vivir buscando temperaturas más benignas para una anatomía maltratada. A los achaques de la edad –Johnny Lydon cumple 59 año–, se unen las secuelas de una juventud dickensiana en la que contrajo meningitis por culpa de los excerementos de las ratas con las que convivía, y, bueno, los kilómetros recorridos por un hígado de carnet punk. Acaba de publicar en España una segunda autobiografía, «La ira es energía» (Malpaso) –la primera, «No Irish, no blacks, no dogs», la publicó en España en 2007– y ésa es la excusa para mantener esta conversación, durante la que se muestra absolutamente ingobernable. Uno entiende por qué su libro de memorias parece el fruto de la charla de un adolescente con déficit de atención hasta las cejas de anfetaminas. John Lydon las tomó durante una temporada y, francamente, debió de convertirse en un personaje agotador. Interrumpe preguntas, vuelve atrás, presiona las teclas del teléfono salpicando la conversación de pitidos, aspira el humo de su cigarro e interpela al redactor. Estamos ante John Lydon, la leyenda, pero «no la caricatura», advierte. Sin embargo, todavía sigue defendiéndose de ataques de adversarios (¿imaginarios o reales?) con sus declaraciones y reafirmando su integridad como si fuera el Quijote que parece en la imagen de esta página. Afable y simpático, responde sin pensar a las preguntas, no puede ser de otra manera, porque nadie puede hablar tan rápido y estar pensando en lo que dice.

–¿Cómo se encuentra?

–Vivendo.

–¿Es suficiente?

–Para la mayor parte de la gente, sí.

–Me interesó mucho el libro...

–Gracias, ¿podemos pasar a las preguntas? (risas).

–Claro... no leí el anterior. ¿Cuál era su objetivo con éste?

–Aquél era una especie de revisión sobre mi tiempo en el punto de mira de la opinión pública, como una «celebrity», mientras que éste detalla mi infancia y todo lo que me condujo a ese lugar... y lo que pasó después. Rellena las lagunas de una historia que no se ha contado bien. Y en una manera más detallada, es una historia que sigue ocurriendo. Estoy lejos de la muerte y pienso seguir haciendo cosas interesantes mientras viva.

–Ehm...

–Mucha gente pensó durante mucho tiempo que yo era una especie de estrella del pop instantáneamente fabricada, pero nada de eso. Si lees el libro, te darás cuenta de que vengo de un lugar auténtico, no imaginario.

–Lo que me impresionó fue la persecución a la que le sometieron los medios, la Policía y los punks decepcionados tras la ruptura de los Sex Pistols. ¿Por qué se convirtió en el enemigo público número uno?

–Pues la banda hizo algunos movimientos que cruzaron líneas rojas y que marcaron la diferencia. Y pagamos por ello, supongo que es el síndrome de Jesucristo... (carcajadas). Y lo digo como una broma, no hay manera de compararme con él, pero es lo que consigues de la gente. Cuando haces canciones, te das cuenta de que los siete pecados capitales son los temas universales de la música y no lamento que eso fuera así: contener el odio y los celos de muchos otros me ha dado una larga carrera y mucho contenido para seguir escribiendo durante años.

–Pero usted no hizo nada...

–No puedes ser amado por todo el mundo, pero yo he demostrado que sí se puede ser odiado por casi todos... (risas).

–¿Hizo algo para merecer detenciones ilegales?

–Bueno, esa pelota queda en el tejado del Estado británico, ¿no crees? La verdad es que hay mucha gente que merece estar encerrada, francamente.

–En el libro asegura que se sintió engañado por el final de los Sex Pistols.

–Sí, por la manera tan estúpida en la que nos separamos. Estábamos divididos, éramos adultos pero menos capaces de lo que pensábamos. No tuvo sentido, pero supongo que funcionó lo del «divide y vencerás». Luego tratamos de ser amigos, pero hubo demasiado daño infligido.

–Malcom McLaren jugó un papel en eso.

–Sí, él eludió sus obligaciones.

–¿Cuál fue su contribución al grupo?

–Insensateces. Pero no lo recuerdo como algo negativo: he tratado de revertir todas esas malas experiencias en algún aprendizaje.

–¿Quién creó el punk?

–Bueno... ¿hola? Pues yo diría que la periodista que me puso la etiqueta a mí, Caroline Coon. Ella me llamó el «rey del punk», y eso me hizo sentir amargado y resentido. Pero ahora me siento orgulloso de ello, aunque ya sabes, no es más que un título. Tengo la actitud de que, si nadie lo va a hacer por ti, tienes que levantarte y hacerlo tú.

–Ésa es la esencia...

–...es la esencia del libro. No puedes esperar que alguien haga tus deberes, tienes que conseguir lo que quieres.

–¿Y en lo musical, conocía a los Ramones?

–Sí, pero veníamos de diferentes esquemas políticos y morales, y eso es lo que convirtió esto en algo brillante, las diferencias. Fueron éstas las que nos unieron. Pero después de eso, el punk se convirtió en un cliché espantoso en muy poco tiempo. El punk no es lo más importante de mi vida. Fue un buen comienzo, pero había que moverse hacia el otro lado de la montaña, bajar el valle y volver a subir otra.

–El punk fue una energía positiva que se convirtió en destructiva.

–No, no... Sólo por algunos manejos cínicos de algunos lemas y eslóganes famosos, llevados a cabo por aquellos que no tienen la capacidad intelectual para aplicar el conocimiento que se les brinda. ¿Sabes? Los imitadores siempre nos han hecho retroceder. Esos que hacen manifiestos y te dicen lo que deberías pensar.

–¿No fue un fraude?

–No, desde luego, aunque para algunos fue un manejo muy rentable, para muchos de nosotros significó una gran guía para saber cómo funciona el mundo de los adultos. Y eso se convirtió en algo positivo. Ahora sé lo qué no tengo que hacer.

–¿Cuál diría que...?

–La música es pura y ha de permanecer intocable pese a la avaricia.

–¿Ése es el principal legado del punk, las canciones?

–Sí, desde luego, sin necesidad de un título, una categoría o lo que sea. Es algo del individuo.

–Entonces, ¿no se considera el rey del...?

–Yo no me considero atado por ningún partido político. Soy una persona de sentido común que tomará lo bueno de lo que se le ofrezca. No importa cuán absurda sea una formación política o una religión, siempre hay algo bueno dentro. Y puedes elegir cuando te educas a ti mismo.

–¿La música educa?

–Soy mejor persona gracias la música. Me robaron la infancia, recuerda.

–Por enfermedad.

–Sí, y no es la única vez que mi vida ha corrido un riesgo.

–¿Hay futuro?

–Bueno, esa letra se refería a la institución monárquica y hacia la gente incapaz de luchar contra las cosas establecidas. Creo que no hay futuro para ninguno de los dos.

–¿Y en su opinión...?

–Cualquier institución que exija mi sumisión no la obtendrá. Te ganarás mi respeto, no me lo robarás.

–¿Fueron todas las canciones idea suya?

–Desde luego que lo fueron, pero mi mejor trabajo está en PiL. Sigo esperando a que la gente deje de odiarme por no ser el estereotipo que ellos determinaron que yo debía ser. Nunca vertiré ningún uniforme que los demás me quieran imponer. Y si esperan que me ponga en la línea como si fuera un dibujo animado, quedarán decepcionados. Soy alguien que piensa más adelante

–Pero los Sex Pistols vendieron millones de discos, no PiL.

–¿Y qué? ¿Qué significa? Es irrelevante. Alguna de la peor música de este mundo vende millones. Eso no la hace mejor.

–¿Ni siquiera dinero?

–No. Por el tiempo que ha pasado, las peleas, los abogados, la compañía, la contabilidad, no hay ni una pequeña fortuna.

–¿No obtuvo beneficios?

–Los habría tenido si me hubiera convertido en la estrella del pop que ellos querían. Pero lo rechacé. Tenía que dormir, y eso no lo podía hacer contando mentiras. Y paraser una estrella hay que contar mentiras. Y yo les dije (agrava la voz): «Soy Johnny Rotten, y no cruzaré la línea».

–La ira es una energía, dice el título ¿Qué le mueve a usted hoy?

–Toda la gente que está perseguida por el sistema. Éso es lo que hago en la vida, y lo que he hecho siempre. Los sigo haciendo en muchos sentidos. Integridad. Ésa es la palabra.

–¿Se hará una película de su vida como cuenta en el libro?

–¡Ya es una película!, en mi cabeza. Una buena. Bueno, la verdad es que ya no creo, porque los estudios de Hollywood no quieren contar la verdad, y no estoy interesado en farsas.

–¿Ningún estudio quiere la verdad?

–No, sólo clichés. Y la verdad es que cuando me propusieron algunos el proyecto, antes de llevarlo a estudios, quería que Justin Timberlake fuera Johnny Rotten. ¡No es tan mala idea! ¿No dice que es capaz de interpretar? ¡Aquí tiene un reto!

–¿Y él no quiso?

–No he llegado a hablar con él.

–Nunca consintió el uso para un anuncio, pero sí que ha permitido...

–Estoy harto del tema. He seguido hacia adelante. Es un proceso diario el de mantener íntegro el legado de mi primera banda. Ahora mismo estoy orgulloso de ello. Ahora mismo Virgin ha lanzado una tarjeta de crédito de los Sex Pistols, y estoy orgulloso. ¡Es una excelente idea! Cualquiera que me conozca sabrá que es una idea genial.

–¿Escribe nueva música?

–Todo el tiempo. Sacaremos un nuevo disco de PiL que se llamará «What the World Needs Now». Es una pregunta a los oyentes, para que rellenen los huecos en blanco.

–Cada disco es diferente...

–Es porque amamos la vida y no hay sentido en repetirse a uno mismo. Nirvana hizo algo grande con «Smells Like Teen Spirit», es lo único que hicieron, de acuerdo, pero es suficientemente bueno. Como resultado del estudio, me he dado cuenta de que soy mi peor enemigo, y de esa manera pienso. Así que no hay sentido en ser arrogante o ser egocéntrico.

–¿Le preocupa el futuro del planeta?

–Desde luego, pero no puedo vivir en un mundo de bicicletas. Me gusta mi Volvo. ¡Y no lo voy a abandonar por Greenpeace!

El Arsenal, fútbol para ricos

En la biografía, lo repite hasta la saciedad . ¡Arsenal, Arsenal, Arsenal! Lydon es fan del equipo de Londres, un «hooligan» más. Bueno, este año el campeonato lo ha ganado el Chelsea, vecinos de la ciudad. «¿Qué campeonato? No ha habido campeonato este año», bromea el músico. «Hablando más en serio, te digo que estoy bastante desencantado acerca de cómo van las cosas en el mundo del fútbol y en particular en mi equipo. Antes, era una forma de reunión, de comunión, de unidad para el barrio. de esa manera todos los que vivían por allí se sentían involucrados, partícipes de algo. El presente del Arsenal, es, en cambio, muy diferente. Las entradas son tan caras que sólo las compra gente rica, que no vive en los alrededores. Creo que deberían dejar entrar a la gente normal otra vez y devolverle el fútbol al pueblo».