Cultura

Los retratos perdidos de Goya regresan a Bilbao

El Museo de Bellas Artes de Bilbao exhibe por primera vez los retratos inéditos y extraviados durante la Guerra Civil española de la familia Adán de Yarza

El Museo de Bellas Artes de Bilbao exhibe por primera vez los retratos inéditos y extraviados durante la Guerra Civil española de la familia Adán de Yarza

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El Museo de Bellas Artes de Bilbao presentó esta mañana tres retratos realizados por Goya a finales de 1780 que se habían extraviado durante la Guerra Civil y que se exhiben ahora por primera vez. En 1936, los óleos fueron trasladados del palacio de Zubieta hasta Bilbao, donde se almacenaron en el depósito franco de los muelles de Uribitarte. Más tarde se tomó la decisión de trasladarlos a Francia, donde permanecieron durante cerca de ochenta años. Las pinturas correspondían a Antonio Adán de Yarza y Tavira, su madre Bernarda de Tavira y Cerón y María Ramona de Barbachano. Aureliano de Beruete ya las mencionaba en los tempranos años de 1916 y 1917 en los dos primeros volúmenes monográficos que dedicó al creador. Pero las únicas fotografías que se conservaban hasta hoy fueron publicadas en 1930.

Después hubo algunas referencias a estos óleos en artículos posteriores, pero ya no se volvieron a citar más hasta épocas bastantes recientes, cuando Kosme de Barañano recordó estas obras “en paradero desconocido” en un ensayo. Solo la investigación iniciada entre 1990 y 1992 por William Jordan y Juliet Wilson-Bareau (quien ha resaltado su originalidad dentro de la primera producción retratística de Goya) los localizó y los volvió a sacar a la luz para la comunidad científica.

“Aunque Aureliano de Beruete las publicó y se conocían sus imágenes, son unas obras prácticamente nuevas. Su ponen un caso fascinante porque han sufrido los avatares de la guerra y porque, después de todo el tiempo que ha transcurrido, han podido regresar a nuestro país. Siempre han permanecido en las mismas manos y su estado de conversación excelente”, explica Miguel Zugaza, quien presentó en las salas de la pinacoteca estos óleos, no solo de formidable factura, sino con una característica especial que subraya su interés y resalta algunas características que los vuelven casi únicos:conservan la primera tela y están clavadas en el bastidor original que empleó el artista para su realización, algo que no sucede habitualmente con las pinturas.

En el caso de Bernarda todavía permanecía en el lienzo una nota autógrafa de Goya con el nombre de ella. Yo creo que arrojan una luz muy interesante sobre las primeras etapas del pintor como retratista, ya que empieza, por esas fechas, a trabar el retrato de una manera asidua”, asegura Zugaza.

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Un cuadro no es solo lo que representa. También nos llega con una historia, que es la que arrastra consigo. Estas pinturas salieron de su ubicación original, el palacio de Zubieta, el 13 de noviembre de 1936, cuando el Gobierno Vasco, al ser consciente de la deriva de los acontecimientos en España, determinó evacuar las piezas más singulares del patrimonio artístico, tanto privado como público, para salvaguardarlo de la guerra. De esta manera, este conjunto de cuadros se almacenaron en el depósito franco de los muelles de Uribitarte en Bilbao. Después se tomó la decisión de trasladarlos a Francia.

“Una de las finalidades era exhibirlos en el pabellón español de la exposición internacional de 1937. De hecho, se conserva hasta la caja que se encargó para trasladarlas y que también se ha incluido en la exposición. En ella está el registro de acceso. Debieron estar muy cerca del “Guernica” de Picasso. El gobierno vasco decidió finalmente entregar las obras a su propietaria, que murió en Francia. Desde entonces han estado fuera de España y del conocimiento de los científicos, pero en un lugar seguro”.

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Cerca de ochenta años después, estos goyas han retornado a nuestro país. Miguel Zugaza los vio por primera vez en el Museo del Prado en 2017. “Fue muy interesante conocerlos y poder pensar en Goya con nuevos ejemplos de su talento. Él era un pintor prolífico y hay mucha obra de él en manos privadas. En este caso se conocía su existencia, pero jamás hasta hoy se habían expuesto públicamente”. Zugaza añade que “Goya es un océano. Cuando parece que vas a divisar tierra, aparece otro trozo de mar. Poco a poco vamos acercándonos, pero todavía queda mucho recorrido. El problema es que, muchas veces, damos por conocido lo que no hemos empezado a estudiar”.

Goya inmortalizó a los miembros de una familia que se remonta hasta el siglo X. Se cree que fueron pintados en la Villa y Corte en torno a 1787, cuando Antonio Adán de Yara contrajo matrimonio con María Ramona de Barbachano. Son unos ejemplos notables de los encargos vinculados al Banco de San Carlos que recibió Francisco de Goya, quien deja constancia de la “modernidad de los personajes, lo avanzados que están en la moda, como es el caso de Bernarda. Ellos son una familia de comerciantes, con negocios en Inglaterra y que visten de una manera muy inglesa”, advierte Zugaza.

Los cuadros se muestran en la sala W del alfabeto del Museo de Bilbao (letra que se ha escogido por el significado que tiene la palabra “War”, guerra en inglés) junto a las cajas que durante años han servido para que permanecieran intactos.