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Siri Hustvedt, una autora que mira hacia el pasado en su último libro

  • Siri Hustvedt
    Siri Hustvedt

Tiempo de lectura 2 min.

22 de mayo de 2019. 14:19h

Comentada
Javier Ors 22/5/2019

Para Siri Hustvedt, la seriedad jamás ha sido un impedimento para sonreír, que es lo que primero que uno reconoce en su rostro: una enorme sonrisa. La ganadora del Premio Princesa de Asturias es una autora que ha prodigado las aguas de la literatura, sobre todo, desde las orillas de la narrativa y la ensayística, donde ha mostrado un claro interés por los procesos de creación, la psicología y la neurociencia, un tema que se ha ido abriendo paso en sus libros de una manera pausada, pero constante. De hecho, ha comentado en ocasiones que lee todo lo que cae en sus manos sobre estos asuntos.

Durante años su presencia había sido eclipsada por la sombra alargada de su marido, el novelista Paul Auster, uno de esos autores que durante años fue un referente para cientos de lectores, pero Hustvedt ha sido desembarazarse de su fama, crecer y reafirmarse ante el público como una autora tan interesante y grande como él, hasta el punto que hoy hay muchos que, en el binomio de ese matrimonio literario, la escogen a ella. De hecho, el propio Auster ha reconocido más de una vez que sin su empuje y compañía jamás hubiera escrito una línea, demostrándose así que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer.

Hustvedt, que se crió en Estados Unidos, en el seno de una familia noruega, acaba de publicar en España «Recuerdos del futuro» (Seix Barral), su séptima novela, una obra donde solo conocemos de la protagonista sus iniciales, SH, que coinciden con las suyas, y su apodo, Minnesota, curiosamente, el nombre de la ciudad donde ella creció. La narración parte del momento en que dos hermanas deciden trasladar a su madre, ya anciana, a una residencia, y el descubrimiento casual, por parte de una de ellas, la que es rubia y espigada y flacucha, y, además, es muy leída y le interesa la literatura, de un diario extraviada que comenzó a escribir cuarenta años y que, como todas las cosas que se han perdido en otro tiempo, de repente, surgen para enfrentarnos a los que hemos sido y lo que hemos pensado. De esta manera, entre los pliegues de la historia van bordándose las inquietudes personales de la autora. Memoria así reescrita a través de esos cedazos que son literatura y la imaginación, que son los que reinventan y perpetúan los recuerdos y las emociones, aunque el suceso concreto haya quedado desvirtuado.

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