Cultura

Quédabamos nosotros, Teresa

La conocí cuando era jovencita, y ya la considerábamos una persona inteligente, con una voz preciosa y una capacidad vocal que salvaba cualquier partitura

La soprano Teresa Berganza
La soprano Teresa Berganza

No hace mucho me llamó para que le acompañara a una cena, pero no estoy en condiciones de moverme. Soy autónomo, ando, pero de casa no me muevo porque mi movilidad es reducida. No son tantos días que me llamó, no me esperaba esta triste noticia. Me ha impactado mucho, la quería muchísimo. He cantado bastante con Teresa Berganza bastante. La conocí cuando era jovencita, en el año 1954, cuando era alumna de doña Lola Rodríguez Aragón. Yo entonces formaba parte del coro Cantores de Madrid, y ella se movía en ese círculo de la Escuela Superior de Canto. A los 18 años, Teresa ya era famosa entre nosotros, la considerábamos una persona inteligente, musicalísima, con una voz preciosa y una capacidad vocal que salvaba cualquier obstáculo de partituras difíciles de ejecutar. Era considerada desde joven una soprano en ciernes con mucho porvenir. Al poco tiempo, Berganza se convirtió en una de las mejores mezzosopranos líricas. Enfrentaba a Mozart con muchas facilidades, era virtuosa en la musicalidad exquisita, de primerísimo orden. Tuvo un gran prestigio en aquella época, la dirigieron los más grandes directores, quienes la respetaban mucho por su arte exquisito.

Llegó un momento en que yo era tenor profesional y tuve ocasión de cantar con ella en el Festival de Edimburgo, donde se ponía en escena una producción de “Carmen” de Claudio Abbado. Ahí tuve el grandísimo honor de cantar con la gran Teresa, mi querida amiga... nos teníamos mucho afecto, una relación muy fuerte. Recuerdo, cuando estábamos en Edimburgo, ir a buscarla al camerino para darle un abrazo, y me encontré con su pareja de entonces en la puerta. Me dijo que había que ser muy bravo para cantar con ella, y era cierto. Fue una “Carmen” inolvidable para mí... y desde entonces no hemos perdido el contacto.

Es la pérdida de una artista sublime y extraordinaria, que ha sido gloria de España donde ha actuado. Maravillosa, muy graciosa, alegre, daba gusto estar con ella, conversadora estupenda, mujer bellísima, llamaba la atención desde pequeña. Su fallecimiento me sitúa en una posición emocional, no incómoda, sino de ver que todo llega. Ella decía que estaba preparada para todo, y yo digo lo mismo. De aquella época, quedábamos nosotros. Soy creyente, y Dios le tendrá donde se merece.