Literatura

La Guerra Civil exprés de Max Aub

Laboratorio Rivas Cherif recupera para el CDN, y de la mano de Ernesto Caballero y José Ramón Fernández, las seis novelas de «El laberinto mágico»

Público reducido. El Valle-Inclá ha visto limitado a menos de la mitad el aforo para poder triplicar su escenario
Público reducido. El Valle-Inclá ha visto limitado a menos de la mitad el aforo para poder triplicar su escenario

Laboratorio Rivas Cherif recupera para el CDN, y de la mano de Ernesto Caballero y José Ramón Fernández, las seis novelas de «El laberinto mágico»

Seis novelas fueron el resumen que Max Aub hizo de la Guerra Civil. Tres años de penurias y luchas que vivió a caballo entre España, París y el exilio y que quiso dejar como legado en unos textos que, sumados, componen «El laberinto mágico», la recopilación de todo lo que palpó y aquello que le contó la gente que se cruzaba en su camino. Más la memoria de lo que quedó en las cabezas de los presentes, que historia como tal; y donde muestra su pasión por descubrir el castellano. Entre la realidad y la imaginación. Anécdotas de un bando que no sonarían muy diferentes en el de enfrente, porque el dramaturgo pone el foco de su pluma en la retaguardia del conflicto. Apenas introduce tres escenas del frente. Allí donde pasan muchas más cosas. Un mundo más sutil. Paralelo al de los disparos y los estragos materiales –que también aborda– en el que no faltan traiciones, miedos, desconfianzas, incertidumbres, vidas a corto plazo, amoríos... y que Max Aub traduce en conflictos humanos, familias, parejas y profesiones. Tipos de toda clase y condición.

Un escenario que traducido a un lenguaje teatral se iría a las «diez o doce horas», cuenta Ernesto Caballero. Demasiado para las tablas. «La idea inicial era una locura: que dure lo que sea, nueve horas repartidas en tres partes. Corríamos el peligro de la dispersión, de que la gente no se acordara, por lo que tuvimos que condensar», explica el director del CDN y del montaje.

Así, los tres años de guerra y las seis novelas de Aub quedan reducidos a hora y media de función. Con todo el «dolor del mundo» de Caballero y de José Ramón Fernández –responsable de la versión–, pero, a su vez, convirtiendo en afirmativa la pregunta que dio origen del proyecto que se estrena el martes en el Valle-Inclán: ¿funcionaría «El laberinto mágico» en el teatro? «Sí». De esta interrogación partió el Laboratorio Rivas Cherif el año pasado para investigar las posibilidades de un texto pensado como novela, pero con una «atracción teatral muy potente».

Pese a mostrar su cara más narradora, Max Aub no logra desprenderse de una dramaturgia innata que dota al texto de una buena parte hablada, a la que ahora se ha aferrado el CDN para buscarle la vuelta encima de las tablas. «Es un autor muy moderno en el diálogo –comenta Ernesto Caballero–. Se nota mucho una base centroeuropea: cuando se quiere poner barroco lo hace, pero es muy sintético. Y con las historias igual, en apenas tres frases te cuenta a un personaje».

- «Casting» de personajes

Todo ayudó a la hora de meter la tijera hasta que se encontraron con los centenares de nombres –al estilo de «La Colmena», de Cela– que se reparten en las novelas y entre los que sabían elegir si no querían irse en tiempo: «Tuvimos que hacer un “casting” para quedarnos sólo con unos pocos. Algunos destacan y piden a gritos aparecer porque se van viendo a lo largo de varias obras y hemos terminado optando por los que tienen una impronta “valleinclanesca”, excesivos, de rasgos muy acusados...». Aun así, Caballero defiende «una obra coral en la que manda el componente épico y donde la historia está por encima de los personajes. Sin hacer una sucesión de escenas íntimas».

«El mayor problema del trabajo ha sido decidir qué ponía y qué no por la calidad literaria de las novelas», apunta Fernández. «He tratado de adaptar todo lo que he podido de narrativa a teatro y una vez adaptado, decidir si jugaba o no –continúa–. Si Ernesto necesitaba una escena en particular, echábamos mano de la “mochila” de escenas y la encontrábamos». Y sin tocar el texto, sólo un fragmento que se introduce en esta versión para ubicar la situación de España y Europa. Además del plus que Fernández se ha permitido incluir con el «Manuscrito Cuervo»: «Para poner distancia sobre la tragedia, tan terrible, que las novelas cuentan de forma directa y descarnada».

Otro punto en el que Caballero y Fernández han querido cambiar el curso de la «normalidad» es en el escenario. No ha querido tirar la casa por la ventana y, partiendo de lo hecho hace un año en el Laboratorio, se ha mantenido un montaje muy sobrio en su decorado, pero al que han querido dotar de grandeza y amplitud con un escenario que se ha visto triplicado, en detrimento de un patio de butacas que pasa de 500 a 170 individuos. «Viene de un trabajo de investigación que hemos querido mantener casi tal y como se hizo en su día», comenta el director.

Con esta versión de «El laberinto mágico», Ernesto Caballero dice querer seguir la estela de reivindicación del que fuera su predecesor al frente del CDN, Pérez de la Fuente, quien ya programó otra pieza de Aub, «San Juan». «Ha estado en el purgatorio por ser un autor del exilio y ha costado sentirlo próximo, como a otros tantos. Pero, sin duda, hay que recuperarlo por ser uno de los pilares de la literatura dramática contemporánea junto a Lorca y Valle-Inclán. Como ya advirtió Pérez con su montaje, tiene que formar parte del repertorio regular de los teatros».

- Dónde: Teatro Valle-Inclán (Valencia, 1. Madrid).

- Cuándo: del 7 de junio al 10 de julio.

- Cuánto: 24 euros.

Jardiel y la comedia, estrellas en la 2016/17

La temporada del CDN está cerca de echar el cierre –de ahí que se hayan podido permitir el lujo de jugar con las butacas y lograr un aforo más reducido para la adaptación de «El laberinto mágico»– y Ernesto Caballero ya tiene en mente la que empezará en septiembre. A falta de la presentación oficial del 5 julio, lo que el director del CDN adelanta a LA RAZÓN es que se hará cargo de «una figura, al igual que la de Max Aub, esencial y medular para la dramaturgia española como la de Enrique Jardiel Poncela», del que ya prepara un montaje para los próximos meses. Y como género «se va a apostar por la comedia, que tiene que entrar en el CDN en igualdad de condiciones que el drama. A pesar de ser uno de los grandes fenómenos culturales y teatrales en España sigue siendo considerado algo menor y no puede ser», apunta.