Pogacar y el nuevo orden mundial

El esloveno confirmó su triunfo en los Campos Elíseos con una autoridad que no se había visto desde los tiempos de Eddy Merckx. Al título de ganador en el Tour de la pandemia le suma tres etapas, el maillot de la montaña y el de mejor joven

El ciclismo ha cambiado y Tadej Pogacar es el mejor ejemplo. Un día antes de cumplir los 22 años ha ganado el Tour con una avaricia escandalosa. Se ha llevado también tres etapas, el maillot de la montaña y el de mejor joven, algo que sólo Eddy Merckx había sido capaz de conseguir en su estreno en la carrera francesa.

Pogacar es la imagen del nuevo orden mundial en el ciclismo, un deporte ahora dominado por criaturas que apenas superan los 20 años. «Es increíble estar aquí arriba», decía desde el podio de los Campos Elíseos, vestido con el maillot definitivo de ganador del Tour. Increíble para él y para todos. Nadie esperaba que un día antes de cumplir los 22 años, el esloveno se convirtiera en el ganador más joven de la carrera desde 1904. «Es realmente de locos. Cuando me dijeron que podía ganar tuve un sentimiento indescriptible. Era una locura tras una aventura increíble. Creo que todavía no me doy cuenta y que me van a hacer falta semanas para que lo digiera», confiesa. Pero Pogacar ya había dado pistas de lo que era capaz. En su primer año como profesional, con sólo 19 años, ganó el Tour del Porvenir. El año pasado, en su segunda temporada al máximo nivel, fue tercero en la Vuelta y ganó tres etapas. Antes ya se había convertido en el ciclista más joven en ganar una prueba del World Tour al imponerse en el Tour de California. Ni siquiera pudo disfrutar del champán en el podio porque aún no había cumplido la edad legal para beber alcohol en el estado californiano. No ha podido esperar más para ganar el Tour, aunque no era lo que esperaba cuando llegó a Niza para la salida.«No pensábamos en ganar el Tour. Era un sueño, pero a veces los sueños se hacen realidad», reconoce.

Pogacar era el más joven del podio, el segundo más joven en ganar el Tour en toda la historia, pero nunca le ha asustado la diferencia de edad. Ya era el más pequeño en todas las carreras cuando a los 9 años, arrastrado por su hermano mayor, cambió el fútbol por el ciclismo. Ahí fue cuando empezaron a llamarlo Tamau Pogi, el «pequeño Pogi». Andrej Hauptmann, medalla de bronce en el Mundial de 2001, fue su descubridor. Contaba la experiencia en una entrevista concedida a «Procycling». «Llegué tarde y lo primero que vi fue un gran grupo de ciclistas adolescentes en cabeza y un chico pequeño, mucho más joven, 100 metros detrás y tratando de mantener el ritmo», explicaba Hauptmann. El chico le inspiró ternura y pidió a los organizadores que hicieran algo para ayudarlo, pero pronto lo sacaron de su error. «No, no es lo que piensas. Va por delante. Ha sacado casi una vuelta de ventaja», le dijeron. Aquel chaval era Pogacar y ya anunciaba que algo bueno le esperaba. Por eso Hauptmann no dudó en recomendar su fichaje para el Emirates.

Ahí es donde se ha encontrado con Matxin, el hombre que ya quiso ficharlo para el Quick Step. «Es la perfección hecha ciclista», dice el director español. «Es bueno y lo sabe, pero al mismo tiempo es humilde y un buen compañero de equipo», asegura Neil Stephens, otro de los directores de su equipo. El australiano residente en Oyarzun añade entre las cualidades de Pogacar «una gran intuición para tomar las decisiones correctas».

«Se ha visto que es un ciclista agresivo, ambicioso, que no da nada por perdido. Ha ganado el Tour el que más lo ha peleado, el que no tenía equipo. El ciclismo es ciclismo y a nadie le cabe la duda de que hay que pelear y ser ambicioso. Si no, te pasa lo que le ha pasado al Jumbo, que por no ser ambiciosos han perdido el Tour», explica Samuel Sánchez.

«Lo que tiene es la juventud y la ambición. Pero la ambición te acompaña cuando tú le exiges a tus piernas y tienes fuerza. Es todo más fácil. Él tiene ambición, no especula y en cuanto ve que puede, ataca. Aunque luego se quede. Es un ciclista temperamental, que no se aguanta. Y lo que a él le ha beneficiado en este Tour es haber perdido tiempo en el abanico. Porque si no pierde ese tiempo no ataca para recuperarlo. Y luego nadie apostaba por él para hacer lo que ha hecho en la última semana. Pero el ciclismo es imprevisible y las sorpresas pasan a diario», añade Samu.

El campeón olímpico de 2008 habla con el conocimiento del que sigue ligado al ciclismo, como comentarista de Radio Nacional y a través de su academia, la MMR Samuel Sánchez Academy. «Lo sigo desde que estaba en categoría sub'23 y él es un ciclista que aparte de tener unas cualidades físicas impresionantes, siempre demostró tener mucha frialdad y la cabeza en su sitio. No es un ciclista que vea el vaso medio vacío. Ve el vaso medio lleno y ves que cuando pasa momentos malos sigue peleando, se vacía, no da el brazo a torcer y se agarra como sea y lucha», asegura. «Es un ciclista con mucha determinación, como demostró también el año pasado en la Vuelta a España el día de la plataforma de Gredos».

El confinamiento también puede haber jugado a su favor. Es un ciclista joven y ligero, que necesita menos rodaje para ponerse en forma. «También hay que decir que en Eslovenia pudieron entrenar antes que los demás, empezaron las competiciones antes que los demás, pero creo que en un cuerpo joven la inactividad se ha notado menos que en un cuerpo más castigado», afirma Samuel. Y la prueba fue la contrarreloj de La Planche des Belles Filles. « No es que Pogacar se haya salido, es que Roglic no dio el nivel el día definitivo. Bajó un peldaño. Perdió el tiempo que perdieron sus compañeros, Dumoulin y Van Aert, cuando él en la montaña estaba a la par de Pogacar o incluso mejor. Falló Roglic», asegura.

Pero Pogacar estaba ahí para recoger un premio que ha perseguido más que nadie. El ganador del Tour de la pandemia.