Carolina Marín: “El control del dolor lo llevo fatal, voy más allá del límite”

La campeona olímpica de bádminton en los Juegos de Río 2016 estrena un documental en Amazon Prime en el que se ve todo el trabajo que hay detrás de los éxitos

Carolina Marín (Huelva, 27 años) estrena documental en Amazon Prime. «Puedo porque pienso que puedo» es el título y uno de los lemas de la campeona de bádminton. Son cuatro capítulos en los que se ve cómo es la persona y cómo es la deportista, cómo se recupera de su lesión, el sufrimiento que hay detrás de los éxitos y la relación con su entrenador Fernando Rivas, con el que se dicen las cosas a la cara y que en una de sus conversaciones le pregunta: «¿Quieres ser ordinaria o extraordinaria?». La respuesta está clara.

–¿Cómo definiría su relación con su entrenador?

–Es muy buena, vamos a hacer casi 14 años juntos, desde que me vine a Madrid de niña. Él ha hecho de padre, de amigo, de consejero... La verdad es que Fernando ha pasado por muchas funciones, ahora es fundamentalmente mi entrenador y mi relación es muy buena, también te digo que es una persona muy exigente y sabe lo que quiere para llegar a conseguir los objetivos. Me dejó claro desde que vine a Madrid que hay que sacrificar muchas cosas.

–Es un documental de una campeona, pero se habla mucho de sufrimiento.

–Las medallas son muy bonitas, pero nadie sabe lo que hay detrás. En dos horas no se puede ver todo, pero el documental sí refleja el esfuerzo, el sacrificio, todo lo que hay que estar dispuesto a hacer, que no todos lo están, para llegar a conseguir cada una de esas medallas.

–Sacrificio suyo y de los que le rodean, como con la lesión.

–Mucha gente ha hecho mucho esfuerzo por curar mi lesión lo antes posible. Son siete meses y medio y los médicos me decían que hasta dentro de un año un deportista de alto nivel no podía volver a competir. Mi madre vino a casa, estuvo ese primer mes de la lesión ayudándome. Y fíjate, yo no estoy acostumbrada a convivir con mi madre, y ella se volvió a sentir como realizada, volvió a sentirse madre porque al final dejó a su niña irse con 14 años.

–Ha renunciado a mucho, pero también ha ganado...

–He renunciado a mucho y he dicho muchas veces que «no» a cenas, salir de fiesta... Pero no me arrepiento. Soy lo suficientemente mayor para saber las cosas que puedo hacer y a las que tengo que decir «no». Mucha gente no lo entiende, es una vida muy dura, muy sacrificada, pero me siento afortunada: es la vida que tengo porque es la que yo he elegido.

–¿Cuándo es el momento en el que dice: «Merece la pena»?

–En el momento en el que me dan la oportunidad de venir a Madrid con 14 años. A mí eso me costó muchísimo porque yo soy muy, muy familiar y alejarme de Huelva, de mi familia, de mis amigos... Lo tengo allí todo, y de ahí a pasar a una vida nueva para mí era, uff, un paso muy grande. Ahí fue cuando dije: «Merece la pena luchar por mis sueños». Trabajé muy duro desde el principio, se empezaron a ver resultados y no tuve dudas de que quería seguir.

–¿La grave lesión de rodilla (enero de 2019) está olvidada?

–Una de las cosas que le dejé clara a Fernando es que sólo quería competir cuando estuviera al 200 por cien, cuando estuviera tan segura de mi rodilla derecha como de la izquierda, y así fue. No he vuelto a pensar ni en la rodilla ni en que me lesioné... Para mí ya es como una página pasada que no vuelvo atrás para mirarla, sino que miro adelante.

–Se lesionó y siguió jugando...

–Para mí aquel momento fue muy duro, esa incertidumbre de no saber qué lesión tenía... Yo soy una persona que no tiene límites, el control del dolor lo llevo fatal, porque voy más allá del límite y eso a veces no es bueno, y en el partido se ve. Me había roto la rodilla, pero quise seguir. Es de esos pocos días en los que las sensaciones... Tenía claro que iba a ganar y quería seguir como fuera, e incluso con la rodilla rota llego a ganar un punto, pero era imposible jugar así. Caí derrotada en el sentido de que para mí no es una opción rendirme y tenerme que retirar así me dolió.

–No le gusta perder. ¿Cómo es el rato después de una derrota?

–La verdad es que no lo llevo de buen humor, depende también cómo pierda. Está claro que me pueden ganar si ese día la rival ha estado brillante, pero si yo no hago las cosas bien, si yo no lucho por el partido, si aunque tenga un mal partido o un mal momento o tenga miedos o nervios no hago nada para contrarrestar eso... Necesito mi tiempo, sobre todo para hablar con el entrenador, para pensar en lo que ha pasado y para sacar cosas positivas.

–Dice que tras el oro de Río hay un vacío. ¿Cómo se llena?

–Después de los Juegos sólo tuve diez días de vacaciones y creo que fue poco. Quizá tenía que haber tomado otras decisiones, competir un poco más tarde, tomarme algún día más porque había hecho un gran esfuerzo esos meses previos para conseguir la medalla de oro en Río, entonces creo que al final ese vacío se llena dándome un poco de tiempo para empezar a tener claras las cosas y ponerme otra vez grandes objetivos como querer ser la mejor jugadora de la historia.