Nadal, Youtube y un hombre de Estado

Las primeras victorias de Rafa tienen una épica que jamás podrán captar las redes sociales

La relación de Nadal con el otoño en París ha cambiado. La décimo tercera Copa de los Mosqueteros tiene la culpa. Rafa solía llegar al último Masters 1.000 de la temporada, a París-Berçy, exhausto. Nada que ver con lo de este año. En realidad todo lo de este 2020 tiene poco que ver con lo anterior. A Rafa, como dice su entorno, le ha costado adaptarse a la nueva normalidad o como se llame. Otras costumbres, otros desafíos. El más inmediato, el de las 1.000 victorias.

Los triunfos de Nadal no son para revivirse en Youtube. Los primeros están marcados por una épica que jamás podrán captar las redes sociales. Un ejemplo: la Davis de 2004 en Sevilla. Un tsunami adolescente con camiseta sin mangas atropelló a Andy Roddick ante más de 27.000 espectadores en La Cartuja. Otro: el Masters de Madrid 2005. Manolo Santana –me pongo de pie– nos había avisado. Lo de aquella final ante Ljubicic en el Rockódromo de la Casa de Campo fue una experiencia iniciática para Rafa con el público de Madrid y viceversa. Aquel año precisamente Nadal vivió el momento más duro de su carrera con los problemas en el pie izquierdo que le tuvieron al borde de la retirada. Y el primer lugar en que se contó aquello fue aquí por «culpa» de Julián Redondo. Rafa es ahora poco menos que un hombre de Estado. Toca seguir disfrutándole.