Barbarie terrorista en el deporte: de la “masacre de Múnich” al tiro de ETA en la nuca de Santamaría

El brutal atentado de “Septiembre Negro” abría los ojos del deporte al horror. En España, un único deportista integra la larga lista sanguinaria de ETA: el futbolista José Antonio Santamaría

Terrorismo y deporte
Terrorismo y deporte FOTO: Archivo La Razon

En el Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo (21 de agosto), la ONU honra y apoya a las víctimas y sobrevivientes del terrorismo, una lacra que ha afectado a todas las facetas de la sociedad y que también cuenta con su página sangrienta en la historia del Deporte.

Las Olimpiadas, los mundiales de fútbol o el Rally Dakar ha sido vistos por las organizaciones criminales como una oportunidad para sus macabros objetivos. El brutal atentado de “Septiembre Negro”, facción de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), en los Juegos de Múnich de 1972 removieron los cimientos del deporte y le abrieron los ojos a una amenaza de dimensiones desconocidas hasta entonces. La repercusión fue tal que, en los últimos 50 años, grupos terrorista de distinta índole -ETA, IRA, grupos Yihadistas o incluso comandos de extrema derecha- han tratado de emularlos para obtener proyección internacional.

De los Juegos del terror al homenaje en Tokio

Tokio 2020 pasara a la historia por ser los juegos de la pandemia del Covid-19, los que no se celebraron en la fecha prevista o los que no contaron con público en sus gradas, pero también por un homenaje que se venía esperando desde hace 49 años.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se inauguraron el pasado 23 de julio con una ceremonia que incluyó un momento muy especial para Israel: el recuerdo de los 11 deportistas israelíes asesinados en la Masacre de Munich, durante los JJ.OO. de 1972.

En septiembre de ese año un escuadrón terrorista palestino irrumpió en la Villa Olímpica y mató a 11 miembros de la delegación de Israel. Y es la primera vez desde aquella tragedia que en un acto de apertura se realiza un minuto de silencio en memoria de las víctimas.

Desde entonces, las familias de los asesinados lucharon por un reconocimiento de este tipo y cada cuatro años, en cada cita olímpica, se llevaban la misma decepción: el Comité Olímpico Internacional temía una reacción del mundo árabe ya que varios países preferían que no se mencionara a la Masacre de Múnich y optó, como ocurre en otras muchas ocasiones, por olvidar a las víctimas.

El ataque

Múnich, 5 de setiembre de 1972. Un escuadrón terrorista palestino irrumpió en la Villa Olímpica y mató a 11 miembros de la delegación de Israel. El comando atacante pertenecía al grupo terrorista Septiembre Negro, facción de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), entonces liderada por Yasir Arafat (1929–2004). Para el golpe contó con apoyo logístico de grupos neonazis locales.

Asesinaron a 11 atletas israelíes y a un oficial de la policía alemana. Perdieron cinco de los ocho fedayines. Los tres que sobrevivieron fueron detenidos, pero liberados 53 días después: precio del secuestro de un avión de Lufthansa.

La cólera de Dios

Israel no aceptó la masacre en silencio y lanzó contra los asesinos las operaciones Primavera de Juventud y Cólera de Dios. Entre 1973 y 2010, sus agentes secretos mataron a catorce responsables directos e indirectos de la masacre de Múnich.

Cartas explosivas, bombas activadas por control remoto, desembarco y ataque contra terroristas en una playa del Líbano, coches bomba o destrucción total de cuarteles y fábricas de explosivos de Al Fatah, fueron algunos de los métodos empleados.

Sólo uno, Mohammed Daoud Oudeh, cerebro principal del asalto a la villa olímpica, murió el 3 de julio de 2010 en el hospital Al Andalus de Damasco, Siria. Causa: insuficiencia renal.

En España: el deporte y ETA

La crueldad de estos atentados cambiaron la historia del deporte para siempre en todos los rincones del mundo, también en España. La banda terrorista ETA no tardaría en ver el potencial de los eventos deportivos para lo que llamaban la “internacionalización del conflicto”.

No en vano, la amenaza terrorista fue uno de los elementos que acabó en el sueño Olímpico de Madrid 2012. En la presentación de la candidatura todo parecía ir bien bien hasta que el príncipe Alberto de Mónaco -miembro del COI- preguntó por la seguridad en España ante la amenaza de ETA. Sus palabras cayeron como un jarro de agua fría y la candidatura española quedaba herida de muerte.

Los Juegos Olímpicos de Barcelona corrieron mejor suerte. En 1992 en España, ETA actuaba con gran virulencia. En 1987, fue seleccionada por el COI para albergar los primeros Juegos Olímpicos de la historia de nuestro país y tan solo un año después en Barcelona, se produjo uno de los peores atentados de la banda, la masacre de Hipercor: 27 muertos. Pese a ello, los juegos siguieron adelante y fueron un gran éxito a pesar de que la historia pudo ser muy diferente. El entonces secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, coincidiendo con el 20 aniversario de aquellos Juegos, revelaba un secreto oculto durante dos décadas: las Fuerzas de Seguridad del Estado encontraron un artefacto explosivo, posiblemente de ETA, en el techo del Palau Sant Jordi unos días antes de que comenzaran los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, solo un deportista, aparece en la macabra y larga lista de asesinados por ETA: José Antonio Santamaría, futbolista de la Real Sociedad.

El asesinato etarra de Santamaría

Un 19 de enero mientras los tambores comenzaban a sonar en las calles de San Sebastián en la Tamborrada de 1993, el comando Donosti asesinaba a José Antonio Santamaría, un exfutbolista vasco que tras colgar las botas se convirtió en empresario.

Santamaría empezó en el Eíbar, y en 1964 fue fichado por la Real Sociedad. Jugó durante tres temporadas en el Sanse. Se ganó el apodo de Tigre por el pundonor y la garra que mostraba sobre el terreno de juego. Jugaba como defensa central.

Pasó a la Real en la temporada 1967-68, pero no pudo debutar en Liga. Lo hizo el 12 de mayo de 1968 ante el Español de Barcelona, en la Copa del Generalísimo. Durante las cuatro temporadas que perteneció a la disciplina del primer equipo de la Real jugó 48 partidos oficiales y marcó 2 goles. En 1971 fue traspasado al Hércules CF que pagó por él 2,5 millones de pesetas donde militó durante 3 temporadas para pasar al CD Sabadell donde solo estuvo una temporada. Fue internacional con la Selección de fútbol de España en las categoría inferiores, “Sub-23” y fue preseleccionado en varias ocasiones para la Selección Absoluta.

Tras retirarse del fútbol, montó junto con otros socios la Discoteca Ku, que se convirtió en local de moda tanto en San Sebastián como en Ibiza. Santamaría llevaba otros negocios en su ciudad natal. El más conocido, la céntrica Cafetería Basque, un local muy conocido en la ciudad.

La campaña de “Egin

Aunque lo negó en todo momento, su nombre apareció ligado a rumores que mezclaban narcotráfico, lucha antiterrorista y tramas de corrupción policial de las que se hizo especial eco el diario Egin. El exfutbolista fue acusado por el entorno etarra de de tener tratos con los grupos antiterroristas de la Guardia Civil, lo que unido a su amistad con dirigentes del PSE-PSOE, entre ellos Txiki Benegas, lo situaron en el centro de la diana como objetivo potencial de la organización terrorista ETA.

La noche del 19 de enero de 1993, víspera de la tamborrada, se encontraba con un grupo de amigos cenando en la sociedad gastronómica Gaztelupe. Dos personas entraron y le asesinaron de un tiro en la nuca. El asesino, José Antonio Olarra, fue condenado a 28 años de cárcel. Otro conocido miembro de ETA, Valentín Lasarte, habría participado en el asesinato señalando a la víctima. Santamaría estaba casado y era padre de tres hijos.

Otro futbolista, como Bixente Lizarazu, reconoció en su autobiografía que fue extorsionado por ETA cuando era jugador del Athletic de Bilbao, durante la temporada 1996-97, pero solo un nombre -el de Santamaría- ha pasado a la historia como el único deportista asesinado por la banda criminal.