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La ceremonia inaugural, entre el silencio y los escándalos

Estará condicionada por la ausencia de público y el nulo carácter festivo. Será sobria, se centrará sólo en los atletas y llega marcada por las dimisiones de varios de sus responsables

Los aros olímpicos, en la bahía de Tokio
Los aros olímpicos, en la bahía de TokioKAI PFAFFENBACHREUTERS

«Sólo sé que no sé nada». La frase de Sócrates la podrían firmar todos y cada uno de los miembros de la expedición española en Tokio sobre la ceremonia inaugural de los Juegos que arrancará hoy a las 13:00 (hora española). «Yo ya ni pregunto», asegura Alejandro Blanco. El presidente del COE resume el sentir de todas las delegaciones sobre un acto que no tendrá el carácter festivo de anteriores ediciones. Al margen de una ceremonia «sobria» y «sin celebraciones» poco más se sabe. La pandemia y la impopularidad de la celebración de los Juegos en Japón podrían provocar que en el discurso inaugural el Emperador Naruhito, sin su esposa, evite la palabra «celebración».

La ceremonia va a simbolizar unos Juegos únicos. No habrá público, sólo desfilarán atletas y en una cantidad muy reducida en relación a anteriores ceremonias, apenas habrá un millar de vips y una quincena de líderes internacionales. El presidente francés, Emmanuel Macron, o la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, serán las excepciones. Las únicas pistas sobre lo que sucederá las da Marco Balich, uno de los consejeros del Comité Organizador: «Será muy sobria, aunque con la belleza estética japonesa. Estará muy ajustada a la realidad actual, no habrá coreografías de masas y se centrará sólo en los atletas».

Uno de los misterios es el encendido del pebetero. Sólo estará en el estadio en las dos ceremonias, pero nadie sabe dónde, cómo ni quién lo encenderá. Se apuntaba a un coche volador de Toyota, pero la compañía ha preferido desvincularse del evento. Lo más factible es que se trate de alguien muy relacionado con los desastres de 2011: el tsunami y el accidente de Fukushima. El encendido se realizará con hidrógeno procedente de la zona en la que sucedieron ambas catástrofes. Tras la ceremonia, el pebetero se trasladará a la bahía de Tokio.

La ceremonia llega precedida por el escándalo generado por la dimisión de uno de sus responsables. Kentaro Kobayashi, director artístico, presentó su renuncia tras las críticas recibidas por una frase que pronunció en 1998: «Vamos a jugar al holocausto». El humorista y director de teatro era el responsable de las ceremonias de apertura y clausura. Su dimisión llega en la misma semana en la que renunció el compositor de parte de la música que iba a ser empleada en la ceremonia. ¿El motivo? Una polémica por una antigua entrevista en la que admitía haber sido responsable de acoso escolar a discapacitados. Y no han sido las únicas. El presidente del Comité Organizador, Yoshiro Mori, dimitió tras unos controvertidos comentarios sexistas. También lo hizo el director creativo, que sugirió caracterizar como un cerdo a una popular actriz nipona para la apertura de los Juegos.