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Ana, color de España

Tiempo de lectura 2 min.

10 de agosto de 2018. 23:55h

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Lucas Haurie 10/8/2018

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Gallega de Ribeira, en la provincia de La Coruña, la piel tostada de Ana Peleteiro puede confundir al espectador profano, pero no es una cubana nacionalizada. El aficionado mejor informado la esperaba a este nivel desde 2010, cuando fue campeona del mundo júnior en edad cadete con una marca alucinante de 14,17 que no superó hasta el año pasado, cuando fue séptima en el Mundial de Londres. Su transición a la élite, nunca sencilla, estuvo dificultada por ciertas veleidades propias de la edad, que hubo de olvidar para empezar a trabajar a las órdenes de Iván Pedroso, la leyenda cubana, en el grupo de Teddy Thamgo, plusmarquista mundial bajo techo y uno de los cinco hombres que se ha ido más allá de los 18 metros. A la sombra de semejantes monstruos, es fácil aprender si uno le pone actitud y empezó a recoger los frutos con el bronce mundial en el campeonato de pista cubierta de Birmingham. Con 22 años, aún es una niña en una prueba técnica en la que la maduración es tardía. En un concurso de un nivel altísimo, Peleteiro se mostró peleona y regular, sin inquietar la conquista de Papahristou, pero imponiéndose en la lucha por el podio, donde se amontonó en siete centímetros con cuatro saltadoras de marcas similares a la suya. La tercera medalla de España en Berlín es la que, hasta que los chicos del 4x400 nos den esta tarde el alegrón, más valor ha tenido. Se trata de un triunfo cargado de promesas en una prueba en la se espera la irrupción de la prodigiosa María Vicente, otra española de pura cepa que también tiene una tez maravillosamente oscura.

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