Nadal vence a sus dudas, gana a Mayer y tendrá un emotivo partido con Ferrer

El balear perdió el primer set, en el que desaprovechó tres pelotas para ganarlo, pero remontó ante el argentino (6-7 [7/9], 6-4 y 6-2). «Ferru», sólido, pudo con Pouille (6-3 y 6-1)

Nadal, durante su partido contra Leonardo Mayer
Nadal, durante su partido contra Leonardo Mayer

El balear perdió el primer set, en el que desaprovechó tres pelotas para ganarlo, pero remontó ante el argentino (6-7 [7/9], 6-4 y 6-2). «Ferru», sólido, pudo con Pouille (6-3 y 6-1)

«Jugar contra Nadal sería un regalo», dijo David Ferrer después de derrotar al francés Pouille (6-3 y 6-1) en otra demostración de amor propio. Con 37 años y en el penúltimo torneo de su carrera, juega como si fuera el primero, dándolo todo. Y el regalo se le cumplió, porque en los octavos de final del Conde de Godó, en Barcelona, el jueves, se enfrentará a Rafa, aunque con suspense. El balear tuvo que vencer a dos oponentes: sus miedos y el argentino Leonardo Mayer (6-7 [7/9], 6-4 y 6-2), que se vino arriba y amenazó con llevarse el encuentro. Y todo porque Nadal no fue Nadal. Lo que le está sucediendo al número dos del mundo es lo que le pasaría a cualquiera: que es humano. En otros «regresos» tras una lesión se enchufaba rápido. Ahora le está costando. Son meses de jugar, parar, parar, jugar, parar... Y es normal que puedan entrar dudas. El reflejo de ellas es que sus golpes no hacen el daño que suelen. Cuando Rafa está con confianza y pega su derecha metido en la pista, sobre todo en tierra batida, el que esté enfrente, sea quien sea, sufre porque se ve obligado a golpear de forma antinatural; pero como el insular no las tiene todas consigo, el brazo se le encoge, se queda corto y permite a su rival pasar al ataque. Con el viento, el problema se multiplica porque que hay que tratar de cuidar más los golpes. El resultado de todo ello fue un primer set muy igualado en el que, pese a todo, Nadal tuvo sus oportunidades: primero con 5-3 y su saque, pero se lo rompieron. Y después con las tres bolas de set que desaprovechó, dos de ellas en el tie break que se llevó el argentino. Mayer sólo le había ganado una manga en los cinco duelos precedentes, y entendió rápidamente cuál era el camino para intentar vencer al español. Le hizo pupa con su revés cruzado: se montaba en la bola y conseguía devolverla para tomar la ventaja del punto.

Algo tenía que cambiar Nadal, un experto en leer los partidos, en mejorar sobre la marcha en busca de la solución. Todo pasaba por intentar ser más contundente, aunque eso le supusiera algún que otro error de más. Multiplicó sus tiros ganadores, fue más profundo, y pudo jugar cómodo porque a la primera hizo un «break» que logró mantener durante todo el set, hasta el 6-4 definitivo, que cerró, cómo no, con una derecha invertida cruzada.

Mayer mantuvo el tipo, pero contra un Nadal un poco mejor no pudo. El cara a cara y la tensión se conservaron hasta que con una ruptura en el quinto juego y otra en el séptimo se puso 5-2, con el triunfo ya a tiro. Ferrer le espera.