Covid-19, la nueva gallina de los huevos de oro de las redes de falsificaciones

Las mafias se han lanzado a hacer negocio con material médico fraudulento. Las empresas españolas dejan de ingresar 2.200 millones de euros al año por estas actividades

En la estantería de una pequeña tienda, sobre un manta, a través de un “camello” de barrio, en una página web o de la mano de alguien que les promete esa cura tan ansiada. Las falsificaciones adoptan el aspecto, el precio e incluso los mismos canales de venta que los productos oficiales. En otras ocasiones, no tienen la intención de camuflarse y se muestran ante sus compradores bajo el nombre de una gran marca pero a precio de mercadillo. Lucir un artículo de aparente lujo les es razón suficiente. No se hacen preguntas o no quieren tirar del hilo para descubrir lo que esconde esa cartera o esa colonia de cinco euros. Las pérdidas se cuantifican por miles de millones. Los gobiernos de toda la Unión Europea pierden hasta 15.000 millones de euros al año en total por las cotizaciones sociales que se dejan de abonar, según un informe publicado por la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Euipo). Las arcas públicas lo sufren, pero también las empresas, que en España llegan a perder hasta 2.200 millones de euros al año en ventas que no se producen. Estos datos salen a flote, pero detrás de ellos se esconden redes de blanqueo de dinero, explotación laboral, intoxicaciones, muertes y la financiación de organizaciones terroristas.

“Se copia todo. Hemos identificado falsificaciones en cualquier tipo de calzado, ropa, relojes, perfumería, cosméticos, champús y fármacos, entre otros”, explica Julio Laporta, portavoz de Euipo en España. El sector más afectado en España es el de la cosmética y el cuidado personal que llega a perder 1.150 millones de euros al año (309 millones más desde la última estimación) por las falsificaciones. “La economía española es el segundo fabricante mundial de perfumes, a nosotros nos duele bastante más. Mientras que en Europa las pérdidas son del 14,1% de las ventas, en España esa cifra asciende al 18,5%”, explica Julio Laporta. “El peligro es que en ocasiones el consumidor no es capaz de identificar que, por ejemplo, un champú es pirata y no ha pasado por ningún tipo de normativa”, añade.

La mayor parte de los productos falsificados peligrosos estaban destinados a niños y eran juguetes, artículos de puericultura o ropa infantil. El tráfico de estos productos falsificados además de poder ocasionar intoxicaciones, asfixia o descargas, hace que el sector de la juguetería en España pierda más de 100 millones de euros al año. Los otros dos sectores que completan el coste de la falsificación en España son el de productos farmacéuticos, que pierde más de 500 millones de euros al año, una cifra que asciende hasta 6.000 millones en Europa y el de los vinos y espirituosos, que en España pierde más de 400 millones de euros (más de 2.300 millones en Europa).

Los sanadores del Covid-19

“Cuando hay una oportunidad de negocio, ahí van”, cuenta Laporta. La gallina de los huevos de oro actualmente es el Covid-19, o más bien, los productos que protegen contra la enfermedad e incluso prometen ser una cura. La operación mundial conocida como Pangea XIII logró incautar más de 34.000 mascarillas falsas que no cumplían los requisitos mínimos de calidad, así como “espráis corona”, “kits contra el coronavirus” o “medicamentos contra el coronavirus”. Según la Interpol, el valor de estos fármacos piratas asciende a 121 millones de euros. Pero los traficantes de estos productos tienen un repertorio que lo cubre todo: malaria, epilepsia, sida, paludismo, diabetes o cáncer. Según estudios forenses, el 90% de los enfermos que ingirieron estos medicamentos sufrieron daños y las estimaciones de la OMS señalan que, globalmente, entre 72.000 y 169.000 niños pueden morir de neumonía cada año después de recibir medicamentos falsificados, y que la medicación antipalúdica falsa podría ser responsable de otras 116.000 muertes.

Cualquier persona puede caer en la trampa de las falsificaciones, pero algunas no necesitan un cebo que picar, sino que las buscan. Hombre o mujer, menor de 35 años, que experimenta sentimientos de orgullo narcisista ante la compra de un producto falsificado y tiende a justificar sus acciones. Este es el perfil del consumidor que recurre voluntariamente a las falsificaciones, explica la psicóloga Elisabeth Marina, según el perfil elaborado por el Colegio de Psicólogos de Madrid. Su excesiva admiración por sí mismos les hace dejar a un lado el efecto mariposa que desencadena la compra de falsificaciones.

Explotación laboral

Precisamente, el reciente informe de piratería y crímenes relacionados elaborado por Euipo y Europol recoge diversas operaciones policiales en las que estas redes criminales quedaron al descubierto y con ellas las graves consecuencias que los consumidores de falsificaciones no ven. La llamada operación Hannibal llevada a cabo por la Guardia Civil en febrero de este año destapó una red ilegal de producción de cigarrillos y otras drogas. Los trabajadores hacían sus labores a cuatro metros bajo tierra, en condiciones altamente tóxicas y también “se descubrieron casos similares en los que los delincuentes vendaron los ojos de los trabajadores cuando los llevaron a la fábrica y no podía ponerse en contacto con otras personas mientras trabajaban”, señala el informe. La operación Pastela desmanteló una red similar tras la sospechosa muerte de dos personas y otras 16 heridas en un incendio en un almacén industrial en un polígono de Ciudad Real. Esta caso volvió a revelar condiciones de trabajado que se podrían catalogar como explotación laboral, ya que los trabajadores vivieron dentro del almacén durante toda la estancia en territorio español y fueron reemplazados continuamente para no generar lazos amistosos entre ellos o con la población local.

Los hilos que tejen las redes del crimen organizado son infinitos y enrevesados. Los productos y sus fabricantes siguen mil caminos distintos, cambian de forma, de nombre y permanecen ocultos hasta aparecer en el punto de venta para recibir la recompensa. El informe de la Euipo señala que los principales fabricantes de productos falsificados son China, India y Turquía. No obstante, Julio Laporta identifica, además de las economías de procedencia, tres puntos de tránsito regionales muy importantes, “donde los documentos se falsifican para ocultar el punto de partida, se reetiquetan o se reempaquetan para esconderlos”. “El primer punto de tránsito es Oriente Medio, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemén, a donde llegan los productos que luego se desvían a África. Los productos que entran a la Unión Europea acceden a través de puntos de tránsito que están en Albania, Egipto, Marruecos y Ucrania. Y para Estados Unidos uno muy importante es Panamá”, amplía Laporta. Además, “cuando se importa un producto las autoridades de las fronteras están mucho más pendientes que cuando un producto está en tránsito y llega por paquetería pequeña”, apostilla el portavoz de Euipo.

La pregunta del millón es cómo se combaten estas redes. España cuenta con la Ley de Propiedad Intelectual para combatir la piratería, aunque cuando de trata de grandes redes, el castigo final dependerá del compendio de delitos en los que hayan incurrido. No obstante, la complejidad y extensión de estas redes hace casi imposible acabar por completo con las falsificaciones. Cuando al crimen organizado le cortan un apéndice lo reemplaza casi de forma inmediata. Por último, Julio Laporta también subraya “la legislación europea a nivel de derecho penal no está armonizada, las penas variarán en función de cada país”.