El Plan Marshall europeo que casi no fue

La oposición primero de los «frugales» y la rebelión luego de Polonia y Hungría casi tumban el Fondo de Recuperación europeo

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, en primer término, durante una de las cumbres sobre el Fondo de Recuperación de la UE
La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, en primer término, durante una de las cumbres sobre el Fondo de Recuperación de la UEDARIO PIGNATELLIUE

21 de julio de 2020. 5.31 de la madrugada. «¡Deal! ( acuerdo, en inglés)», tuitea el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, después de una agónica cumbre de más de 90 horas de duración que estuvo a sólo 35 minutos de superar a la madre de todas la cumbres: la que dio origen en 2010 al Tratado de Niza.

Tras cuatro jornadas maratonianas, los líderes europeos alumbraron un acuerdo en el que por vez primera en la historia europea, los países del bloque emitirían deuda conjunta por valor de 750.000 millones de euros con los que financiar un programa de reconstrucción económica para hacer frente a los estragos económicos ocasionados por el coronavirus, bautizado como Next Generation EU, y del que a España le corresponden 140.000 millones de euros entre préstamos y transferencias a fondo perdido no reembolsables. Nuestro país se convertía en el más beneficiado en términos absolutos sólo superado por Italia. Un pacto con aroma hamiltoniano, en referencia a Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro de EE UU que en 1790 consiguió un acuerdo para la mutualización de la deuda entre los Estados para financiar la rebelión contra los británicos.

Una larga odisea

10 de diciembre de 2020. 18.58. «Acuerdo en el MFF (marco financiero plurianual 2021-27) y el paquete de recuperación. Ahora podemos empezar con la puesta en marcha y reconstruir nuestras economías», tuitea también Michel. ¿Qué ha pasado en estos meses para que este paquete económico haya permanecido en barbecho? A pesar de los tintes históricos de la cita del mes de julio, el diablo siempre está en los detalles. Y cuando este acuerdo tuvo que ser traducido a reglamentos, llegaron otra vez los dimes y diretes.

Estos meses han estado marcados por una extraña pinza entre los autodenominados países frugales del norte del club comunitario y los del este, por el mecanismo sobre el Estado de Derecho. En la cumbre del mes de julio se redactó una fórmula lo suficientemente ambigua para que todas las capitales pudieran cantar victoria. Los dos grupos de países han estado poniendo palos en las ruedas por motivos opuestos: mientras a los primeros les parecía demasiado blando, a los segundos demasiado duro.

Tras las consultas entre las capitales y el Parlamento Europeo y cuándo ya se había llegado a un texto común, Hungría y Polonia dieron un puñetazo encima de la mesa. El 16 de noviembre, los embajadores de los Veintisiete aprobaron por mayoría cualificada este nuevo mecanismo para supeditar el desembolso de los fondos europeos al respeto al Estado de Derecho, lo que incluye ámbitos como la independencia judicial y la pluralidad de los medios de comunicación, cuándo estos países tan sólo querían que el posible bloqueo de los fondos estuviera circunscrito al fraude en el uso dinero europeo.

Bloqueo

A pesar de esto, para aprobar todo el paquete que incluye el fondo de recuperación y el nuevo marco presupuestario plurianual 2021- 27 se necesitaba la unanimidad de las capitales ya que todos los países deben avalar que la Comisión Europea salga a los mercados para captar los fondos. Varsovia y Budapest bloquearon esta parte, consiguiendo así secuestrar todo el paquete. En total, la friolera de 1,8 billones de euros. Un golpe maestro.

Tras el mazazo inicial, comenzaron las estrategias y todas las miradas se dirigieron hacía la canciller alemana, Ángela Merkel, cuyo país ostenta la presidencia semestral hasta finales de este año. El 19 de noviembre, Charles Michel había convocado de antemano una videoconferencia entre los líderes europeos para coordinar la respuesta frente al coronavirus, aunque se daba por supuesto que el bloqueo húngaro y polaco iba a centrar el debate. Además, Eslovenia había decidido sumarse a las quejas de los rebeldes sobre este mecanismo con una carta dirigida a la Comisión, aunque formalmente no formaba parte veto. Finalmente, la sangre no llegó al río.

El bloque comunitario castigó a los rebeldes con la indiferencia. El presidente del Consejo Europeo había hablado uno a uno con todos los líderes europeos con el objetivo de mantener la calma y fuentes diplomáticas explicaban que una videoconferencia no era el foro adecuado para un tema tan sensible. Por eso, en el debate tan sólo intervinieron los jefes de Estado y de Gobierno de los tres países díscolos para explicar su punto de vista, Merkel y Michel. El debate fue despachado en 17 minutos. Antes de la cita circulaban ya varios planes alternativos: una declaración interpretativa sobre el alcance del nuevo instrumento y un enjuague jurídico para que el mecanismo pudiera empezar a andar a 25. Ninguna de las dos opciones contemplaba hacer cambios en el texto, que ya había sido aprobado.

Los fondos no llegarán hasta la segunda mitad de 2021

El pasado lunes, fuentes diplomáticas europeas dieron un ultimátum de 24 horas para que Hungría y Polonia retirasen el veto y amenazaron con poner en marcha una solución a Veinticinco que les dejara fuera, al menos de manera temporal, del reparto de los fondos. La semana anterior, fuentes diplomáticas habían explicado con profusión de detalles a los corresponsales comunitarios las diferentes alternativas barajadas para sortear el «no» de estos países. Estas noticias incluso llevaron a una rebelión de municipios húngaros y polacos que pedían recibir los fondos de manera directa, sin pasar por le control de sus gobiernos. A pesar de estas amenazas, la presidencia alemana prefería no hablar de ultimátum. Palo y zanahoria. Al día siguiente, en el Consejo sobre Asuntos Europeos Berlín seguía mostrándose a favor de una solución a Veintisiete y el resto de las capitales se seguían oponiendo a realizar cambios en el texto. Varsovia y Budapest seguían manteniendo el pulso.

Pero algo comenzaba a moverse. El miércoles se conocía que la presidencia alemana había ideado una interpretación jurídica que da la posibilidad a los dos países de ganar tiempo y acudir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para comprobar si este mecanismo respeta los tratados del club comunitario. Durante este lapso de tiempo hasta que se conozca la sentencia, la Comisión Europea se compromete a no bloquear los fondos. Una especie de freno de emergencia que tan sólo puede utilizarse una única vez, pero que no cambia de manera sustancial el mecanismo. Los embajadores acogieron de manera positiva este texto el miércoles por la tarde, pero esperaban la luz verde de los jefes de Estado y de Gobierno, que debían reunirse en Bruselas. A Polonia y Hungría esta ligera cesión les parece suficiente y empiezan a vender a sus respectivas opiniones públicas la victoria.

Antes del comienzo de la cumbre del pasado jueves y viernes, la delegación española confiaba en que el acuerdo se produjera en las próximas horas, sin demasiadas dificultades. A su entrada al encuentro, el primer ministro holandés, Mark Rutte, agua ligeramente estas expectativas y pide conocer el criterio del Parlamento Europeo y de los servicios jurídicos del Consejo antes de bendecir el texto. Es sólo una falsa alarma. Aclarados estos puntos, llega la fumata blanca.

Pero no todo está hecho. Esto es Bruselas. Nada es rápido ni fácil. La semana que viene el Parlamento Europea deberá dar su luz verde. Además, para que la Comisión Europea pueda endeudarse en los mercados se necesita la ratificación nacional de todos los países europeos, lo que implica la votación en sus respectivos parlamentos. Se espera que el maná comunitario puedan comenzar a fluir a partir de la segunda mitad del año.