El salario mínimo cierra pymes y sube los precios

Un estudio de la Universidad de Harvard sobre la implantación del SMI en Alemania concluye que ha expulsado del mercado a las pequeñas empresa y reducido la competencia

Trabajadores en una pyme
Trabajadores en una pyme FOTO: Miguel Ramos EFE

Gobierno y agentes sociales andan estos días negociando una nueva subida del salario mínimo interprofesional (SMI). Aunque se trata de unas conversaciones más bien «sui generis» porque la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ya ha sentenciado que lo subirá después de la reunión de mañana haya o no acuerdo, lo que lo acercará a los 1.000 euros al mes en 14 pagas desde los 950 en que está actualmente.

FOTO: Antonio Cruz

En los últimos años, el SMI ha dado un salto de gigante en España. Entre 2015 y 2020 se ha incrementado un 46,4%. Para los defensores de estas subidas, es de justicia que siga mejorando hasta que alcance el 60% del salario medio y se sitúe en el entorno de los 1.200 euros. Sostienen, además, que los efectos perniciosos que muchos auguraban que tendría una medida de tal calado, como la destrucción de empleo, no se han dado.

Luces y sombras

Una de las últimas líneas de defensa de este grupo a este respecto es un estudio de la Universidad de Harvard publicado recientemente que analiza los efectos de la implantación de un salario mínimo en Alemania. El documento concluye que la introducción del SMI no ha destruido empleo en este país y que, además, incentivó la creación de puestos de trabajo de calidad y mejoró la calidad de vida de sus beneficiarios -aunque no tanto como podría creerse en un primer momento-. Pero el informe también encierra un lado oscuro que ha sido obviado por esta facción: sus perniciosos efectos sobre las pequeñas y medianas empresas y los precios.

Alemania introdujo en 2015 un SMI que supuso un incremento del salario por hora promedio para los trabajadores afectados -el 15% de su población activa- del 5,4%. Entre 2015 y 2021 ha acumulado una revalorización del 17,8%, desde los 8,5 hasta los 9,5 euros la hora, muy alejada del 46,2% de España. En el trabajo realizado por los economistas Christian Dustmann, Attila Lindner, Uta Schönberg, Matthias Umkerer y Philip von Berge y publicado recientemente en el «Quarterly Journal of Economics», se asegura que la introducción del salario mínimo no ha afectado a la creación de empleo en Alemania. Este país, no obstante, tiene un mercado laboral muy diferente al español, con una tasa de paro del 3,6%, frente al 14,3% de la española; e infinidad de «minijobs».

Frente a los que esgrimen la conclusión de que su introducción en Alemania no ha destruido empleo para defender sus subidas, expertos como Juan Ramón Rallo, doctor en Economía y profesor en la IE University, en la Universidad Francisco Marroquín y en el centro de estudios OMMA; aseguran que la metodología empleada para este informe es muy parecida a la que utilizó el Banco de España para analizar los efectos del vertiginoso incremento del SMI español de 2019, cuando pasó de 648 a 900 euros. Y dado que este análisis estimó que, en el caso español, este incremento había destruido o dejado de generar hasta 170.000 puestos de trabajo; arguyen que las conclusiones del Banco de España deberían ser igual de válidas aunque su resultado sea el opuesto al ofrecido por el análisis de Alemania debido a la similitud de las metodologías empleadas en ambos casos.

Pequeñas empresas

Junto a su neutralidad sobre la creación de empleo, el documento también advierte de que el SMI alemán que ha afectado a uno de los que se erigen como principales pilares de la economía española: las pymes. La subida del salario mínimo en este país perjudicó a estas compañías -sobre todo a las micropymes- hasta el punto de que el informe concluye que el 83% de la subida del SMI se explica porque el empleo se redujo entre las pequeñas empresas y se incrementó entre las grandes compañías, lo que acabó otorgando a estas últimas más cuota de mercado en detrimento de las más débiles. Esto, en un país como España, donde este tipo de firmas copan más del 90% del tejido empresarial, es un efecto negativo nada desdeñable.

Para las tesorerías de las pequeñas compañías, una subida abrupta de salarios no es tan fácil de digerir como para una grande, lo que puede llevarles a su desaparición. De hecho, el informe concluye que así ha sido en el caso de Alemania, especialmente en el caso de las microempresas ubicadas en aquellas zonas donde más incidencia ha tenido la subida del salario mínimo. Y, como advierte, a menos competencia, mayores precios. «La salida de empresas del mercado puede conducir a un incremento de la concentración del mercado, lo que puede llevar a un incremento de precios», advierte.

El estudio también recoge que aunque es evidente que el aumento del salario mínimo ha provocado un incremento de los sueldos de los trabajadores beneficiados por la medida, hay cuestiones que neutralizan parte de esta subida. Aunque, de entrada, ganaron un 5,4% más por hora trabajada, también tuvieron que incurrir en más costes monetarios y no monetarios en los desplazamientos. Muchos de los trabajadores beneficiados por la subida del SMI en Alemania han acabado abandonando las pequeñas empresas en las que estaban para enrolarse en otras de mayor tamaño. Esto, añaden, ha provocado que los tiempos y los gastos de desplazamiento para muchos se hayan incrementado, por lo que su mejora a nivel retributivo no ha sido tan importante como cabía esperar en un primer momento. En Alemania, no obstante, los gastos de desplazamiento está fiscalmente bonificados, lo que podría compensar este perjuicio para el bolsillo de los trabajadores. En España, sin embargo, no sucede así, con los efetos que eso tendría para sus beneficiarios.

El salario mínimo interprofesional (SMI) es la retribución mínima que debe percibir un trabajador en su jornada legal de trabajo en 14 pagas sin distinción de su sexo o edad, e independientemente de que sea fijo, eventual o temporero. Actualmente es de 950 euros.
Para su cálculo en el caso español se computa únicamente la retribución en dinero, sin que el salario en especie pueda, en ningún caso, dar lugar a la minoración de la cuantía. Este salario se refiere a la jornada legal de trabajo en cada actividad (máximo de 40 horas semanales en cómputo anual), sin incluir en el caso del salario diario la parte proporcional de los domingos y festivos. Si el contrato es a tiempo parcial se percibirá la prorrata que corresponda a la jornada establecida.
La implantación del SMI es potestad de cada país. En la UE son 21 los países que lo tienen. España tiene el séptimo más alto de todos ellos, según datos de Eurostat. El más alto es el de Luxemburgo, con 2.202 euros brutos al mes. Después se sitúan los Países Bajos (1.685), Bélgica (1.626), Alemania (1.614), Francia (1.555) e Irlanda (1.274). En el furgón de cola están Bulgaria (322 euros brutos al mes), Hungría (442), Rumanía (458), Letonia (500), Croacia (563), República Checa (579), Estonia (584), Polonia (614), Eslovaquia (623) y Lituania (642). Grecia (758) y Portugal (776) también tienen pagas inferiores a la española.