Responsable de los principales bancos de nuestro país
Responsable de los principales bancos de nuestro país FOTO: Sandra Po Sandra Poveda

Los banqueros vuelven a sonreír

Las entidades, que han comenzado esta semana a presentar sus resultados anuales, llegan a 2022 con lo deberes hechos, y favorecidos por un contexto de endurecimiento monetario

Bankinter dio el pasado jueves el pistoletazo de salida a las presentaciones de resultados anuales no solo de banca, sino de todo el Ibex. A lo largo de las próximas semanas, las entidades financieras harán públicas sus cuentas, unas exposiciones que concluirán el próximo mes de febrero cuando Santander y BBVA hagan balance de 2021. La entidad que encabeza María Dolores Dancausa ganó 1.333 millones de euros, incluyendo la plusvalía por la salida a Bolsa de Línea Directa (896 millones), consiguiendo, además, unas cifras récord de ingresos en su negocio recurrente. Descontando las plusvalías, su beneficio neto se situó en 437,4 millones de euros, un 37,9% más que el obtenido en 2020, confirmando los buenos augurios que hay en torno a la banca.

Tras la particular travesía en el desierto del sector, 2022, por fin, se presenta con unas perspectivas muy optimistas. Según las previsiones de consenso de mercado de Bloomberg, la gran banca española obtendrá un beneficio conjunto próximo a los 20.000 millones de euros en 2021, lo que significa no solo superar un 2020 aciago, en el que las principales entidades registraron una pérdidas conjuntas superiores a los 5.000 millones de euros (en buena parte debidas a los 8.771 millones que se dejó Santander), sino también rebasar con creces los resultados cosechados en 2019, cuando la Covid-19 aún no había irrumpido en nuestras vidas.

De esta forma, su beneficio neto atribuido conjunto mejoría en casi un 40% en relación a dos años atrás, una cifra que devuelve la sonrisa al sector y a sus responsables.

Si se cumplen los pronósticos de los analistas, el beneficio de Banco Santander ascenderá a 7.770 millones de euros; el de BBVA, a 4.290, y el de Caixabank, a 5.210. Para Bankinter preveía a 1.307 millones, vaticinio que ha estado ligeramente por debajo de los 1.333 que finalmente ha obtenido. Sabadell es el único de los grandes bancos que aún no notará la recuperación de sus cuentas, ya que si bien los analistas de Bloomberg pronostican una mejoría en su resultados con respecto a 2020, su beneficio aún estará un 54% por debajo que el conseguido en la época precovid.

Que la banca ha ido recuperando el tono se ha podido apreciar a lo largo de 2021. Después de un 2020 durísimo, en el primer semestre, regresaron a los beneficios y a repartir dividendos, una tendencia que se consolidó en el tercer trimestre. En el periodo comprendido entre enero y septiembre, las cinco principales entidades del país superaron los 15.500 millones en ganancias, mejorando, además, todos sus márgenes.

La recuperación de la actividad, interrumpida durante 2020, y la liberación de las provisiones que se vieron forzadas a realizar como consecuencia de la pandemia, ha quitado mucha presión a sus márgenes que, ahora, pueden respirar a pleno pulmón.

Pero, además, los bancos llegan a este recién estrenado 2022 con los deberes hecho y con un panorama que, sin duda, les favorece. Y es que si hay un sector que se beneficiará, y mucho, del endurecimiento de las políticas monetarias de los bancos centrales, ese será el financiero.

Sufrimiento

En los últimos años, ha visto cómo su negocio recurrente se veía seriamente afectado por unas tasas que, incluso, se han situado en niveles negativos. El sector ha sufrido de lo lindo, ya que, además, de al contexto negativo de las tasas, ha tenido que hacer frente a una regulación cada vez más estricta por parte de los supervisores, a lo que se ha unido las fuertes inversiones tecnológicas derivadas del proceso de digitalización, y todo ello aderezado con una pandemia sin precedentes de dimensiones mundiales.

Desde la crisis financiera de 2008, el sector ha tenido que enfrentarse a un serio problema de rentabilidad. Por ello, hace más de una década inició un profundo proceso de reestructuración, centrándose en aumentar la eficiencia y en reducir costes. Para ello, las entidades españolas han acometido un proceso de concentración que ha reducido el mapa bancario de las 62 entidades en 2009 a tan solo una decena en la actualidad.

Pese a los elevados saneamientos, dotaciones por insolvencia y a las exigencias de capital requeridas por parte de los supervisores, la banca española presenta, a día de hoy, uno de los mejores ratios de eficiencia de toda Europa, lo que la ponen en la mejor de las posiciones para encarar el futuro próximo con garantías (las grandes entidades cerraron el tercer trimestre con una ratio media del 48,88%).

«Desde la crisis financiera, la banca ha hecho un ajuste espectacular. Ha habido un saneamiento total de sector. Los bancos están muy bien capitalizados, se han reestructurado y se han generado entidades más grandes y eficientes, lo que hace que el sector esté bien preparado para un entorno de subida de tipos. El mayor problema del sector financiero en los últimos años ha estado en la rentabilidad. Después de una situación muy complicada en la última década, por fin, se encuentra en un escenario de subida de tasas que les va a favorecer», asegura Rosa Duce, Economista jefe de Deutsche Bank España.

Este proceso de reestructuración, buscando la eficiencia y la reducción de costes, ha conducido a un «adelgazamiento» considerablemente en número de oficinas y de plantilla.

España llegó a ser el país más bancarizado del mundo, con 95,87 sucursales por cada 100.000 habitantes justo antes de que estallase la crisis financiera. Desde 2010, la red no ha parado de reducirse, pasando de 43.267 establecimientos a pie de calle hace doce años, a los 20.904 actuales, lo que supone una reducción de casi el 52%.

Adelgazamiento

Este cierre de oficinas también se ha visto acompañado de Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) que, solo en 2020, afectaron a 19.000 empleados. Se estima que, desde 2008, se han suprimido 124.000 puestos de trabajo en el sector financiero.

Paralelamente a este recorte, se ha producido un aumento del número de clientes digitales, que no ha dejado de crecer hasta el puntos que actualmente aproximadamente el 62% de los usuarios ya se relacionan con su banco a través del canal online.

A la banca no le ha quedado más remedio que mirarse en el espejo de las fintech y la Bigtech y volcarse en los nuevos canales, que implican menores costes y una mayor flexibilidad y eficiencia.

La caída de rendimientos ha conducido a las entidades financieras de forma inevitable hacia una nueva concepción del negocio y a la relación que mantienen con sus clientes. Los bancos se centran ahora en aquellas áreas que les reportan más beneficios, como es la banca privada, de empresas o de inversión, por lo que han optado por digitalizar los máximo posible el área de particulares.

«La única alternativa que ha tenido la banca para compensar la pérdida de ingresos en su negocio recurrente ha sido digitalizar 100% el segmento de particulares y concentrar oficinas. No tiene sentido mantener establecimientos con tres o cuatro empleados que, en muchas ocasiones, están haciendo labores de gestión administrativa que no le están generado beneficio alguno a la entidad», expone Juan Abellán, director del Máster de Mercados Financieros y Gestión de Activos del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB).

Comisiones

Los tipos negativos han presionado sus márgenes de intermediación, por lo que la banca ha optado por aumentar las comisiones. Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell y Bankinter ingresaron hasta septiembre 15.445 millones de euros por este conceptos, un 11% más que en el mismo periodo de 2020, superando también los registrados antes de la pandemia.

Se trata de un incremento que los responsables de las entidades financieras justifican en un aumento de la actividad comercial, pero que dan una idea del giro que se ha producido en su actividad, que ha transitado de un modelo fundamentado en captar depósitos y facilitar crédito a otro de prestación de servicios.

Junto al aumento de los ingresos por comisiones y a la liberación de provisiones se espera, asimismo, para 2022 una mejor evolución de la tasa de morosidad y una sólida demanda del crédito como consecuencia de la recuperación económica.

Estas buenas expectativas se han traducido en subidas bursátiles, especialmente a partir de la recta final de 2021. Y como muestra, un botón. Desde el pasado mes de diciembre las acciones de Santander se ha revalorizado un 19,6%; las de BBVA, un 24,19%; las de Caixabank, un 30%; las de Sabadell, un 25,45%, y las de Bankinter, un 21%. Valores todos ellos que, a juicio de los analistas, tendrá aún mucho recorrido en este año.

Radiografía

«La banca se ha convertido en uno de los sectores más atractivos para este 2022, ya que el endurecimiento monetario que se plantea en los bancos centrales para frenar la inflación les podría ayudar a mejorar sus márgenes», indica Javier Urones, analista de XTB, quien hace una radiografía sobre cada una de las cinco grandes entidades.

Así, se está a la espera de que Caixabank, que lidera las subidas este año gracias a la rápida integración de Bankia, presente el plan estratégico para los próximos tres años, mientras que su mayor desafío será cómo mantener su posición de dominio en el mercado español.

BBVA, tras la euforia desatada por su programa de recompra de acciones, sigue causando escepticismo sobre su apuesta por Turquía. Aunque su estrategia pasa por la mejora de la eficiencia y la digitalización, se aguarda alguna acción para recuperar presencia en el territorio nacional.

Santander prevé que el gran ahorro de costes y dotación de provisiones del pasado año le ayuden a mejorar la rentabilidad este año, y mira a México, EE UU y Reino Unido como sus principales motores de crecimiento.

Sabadell sigue en proceso de recuperación a medida que su filial británica ha pasado a ofrecer beneficios, y su negocio principal, los créditos a pymes dejan de percibirse como una amenaza.

Bankinter, por su parte, continuará reponiéndose de la salida de Línea Directa a través de las líneas de sus principales líneas de negocio, la banca privada y personal, impulsadas por créditos hipotecarios y al consumo.

Pese a las incertidumbres que aún se ciernen sobre la economía, la banca encara su mejor momento en casi tres lustros, lo que devuelve sonrisa al sector.

Tipos, sin prisa, pero sin pausa
El Banco Central Europeo (BCE) anunció el pasado mes de diciembre que, a partir del próximo marzo, levantaría el pie del acelerador de su programa de compra de bonos. Si bien continuará sosteniendo en castillo de deuda en que se ha convertido la economía de la UE, lo hará con menos brío que hasta ahora. Con ello, demuestra que da por finiquitada la peor etapa de la COVID, aunque no por concluida la pandemia, cuyas nuevas variantes continúan preocupando.
Aunque, de momento, Christine Lagarde parece no tener prisas por subir la tasas, actualmente en el 0%, –los expertos esperan que la primera subida se produzca en 2023–, lo cierto es que la progresiva retirada de estímulos comienza ya a adelantar que el precio del dinero subirá, lo que se dejará sentir más pronto que tarde en la economía real. Y es que una menor inyección de dinero por parte de los bancos centrales, lleva, inevitablemente, a limitar las oferta monetaria y, por lo tanto, a encarecer su precio.
También preocupa la inflación, y los efectos que esta pueda causar en las decisiones de los bancos centrales, que pueden optar por subir tipos de una forma más apresurada de los inicialmente previsto. En Estados Unidos, la Reserva Federal, ya ha anunciado que se están planteando realizar, al menos, tres subidas de las tasas, actualmente situadas en el 0,25%, a lo largo de 2022, con el objetivo de enfriar la inflación, que también se ha disparado en el país norteamericano. El que ya ha movido ficha ha sido el Banco de Inglaterra, que ha subido los tipos de su mínimo del 0,1% al 0,25%.