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Las franquicias viven una época dorada

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    Las franquicias viven una época dorada
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

16 de abril de 2018. 12:12h

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R. S. G.  Madrid. 16/4/2018

No hay dos sin tres. Ni tres sin cuatro, los años que llevan creciendo en España de forma ininterrumpida las franquicias. Fue el primero de los sistemas de comercio que superó la crisis y, desde entonces, no ha dejado de reinventarse, de apostar por la innovación, por nuevos canales –como las redes sociales–, por más mercados... Y, además, se ha visto claramente impulsado por la apertura del grifo del crédito por parte de las entidades financieras.

Así, mientras que en plena crisis el sistema de franquicias crecía, sobre todo, mediante nuevos establecimientos propios de las centrales –debido a esa falta de financiación–, ahora lo sembrado en un ciclo económico tan poco fértil está dando sus frutos.

De hecho, el año pasado todas las variables se incrementaron respecto a 2016, según el informe «La Franquicia en España 2018», de la Asociación Española de Franquiciadores (AEF), del que también se desprende que el conjunto de la franquicia facturó 27.592 millones de euros en España a lo largo del ejercicio pasado, un 2,2% más. Y es que cada año hay más empresas que apuestan por esta fórmula de expansión. A cierre de 2017, el sistema estaba compuesto por 1.348 redes, 50 más que un año antes. Y en cuanto al número de establecimientos abiertos, al concluir 2017 era de 74.398, por lo tanto, 3.857 puntos de venta más que en 2016. Por su parte, el empleo generado creció un 3,7%, dando trabajo a 278.951 personas.

Xavier Vallhonrat, presidente de la AEF, sostiene que si bien es cierto que antes de la crisis las cifras de crecimiento eran importantes, ahora lo son aún más si cabe, lo que atribuye al hecho de que el sistema de negocio es más maduro, profesional y serio, más allá de la confianza y seguridad que transmite a quienes quieren franquiciar sus empresas o montar una franquicia.

Principales ventajas

Muchos proyectos continúan naufragando porque salen al mercado sin las garantías suficientes. Sin embargo, la principal ventaja del sistema de franquicias frente al resto de las empresas es la reducción del riesgo de fracaso, lo que se debe fundamentalmente al respaldo de un franquiciador con experiencia probada.

En este sentido, los valores añadidos que ofrece la franquicia no los tiene ningún otro sistema de comercio. Y, entre ellos, lo más importante es que detrás de cada enseña hay un «knowhow», es decir, un saber hacer que ha sido testado por el franquiciador y que ha demostrado que funciona en el mercado. No sólo es que los franquiciadores van corrigiendo los errores y limando las asperezas del negocio en sus centros propios, para que después no los vuelva a cometer el franquiciado, sino que el hecho de que una persona cuente con apoyos de tipo formativo, logístico, tecnológico, de marketing, publicitario e incluso financiero, y que estos apoyos y asistencia perduren durante toda la relación contractual entre franquiciador y franquiciado, «le hace ser un modelo de negocio diferente a otro tipo de colectivos empresariales».

Vallhonrat asegura que las fortalezas de la franquicia radican en sus diferencias respecto a otros modelos de comercialización empresarial, pero puntualiza que «la principal es ir de la mano del franquiciador y de su equipo durante el tiempo de vigencia del contrato». El presidente de la AEF admite que se trata de dos empresarios independientes, pero agrega que al mismo tiempo están unidos bajo el paraguas de una única marca y trabajan por lograr objetivos comunes, de forma que el éxito de uno también lo es del otro. «Ese apoyo constante permite al franquiciado no sentirse nunca solo, algo que sí ocurre cuando se monta un negocio por cuenta propia», apostilla.

Factores de éxito

En el sistema de franquicias, como en el resto de la economía, siempre suele haber sectores en auge. En la actualidad, destacan los gimnasios de conveniencia, las lavanderías autoservicio o los bares de cereales. No obstante, los más tradicionales, como la alimentación, la hostelería y restauración, y la moda continúan concibiéndose como las locomotoras de la franquicia, a los que ahora vuelve a sumarse el inmobiliario. Estos son, según Vallhonrat, los sectores que mayor demanda tienen entre quienes abren una franquicia, lo que achaca al hecho de que operen enseñas con mucha experiencia en el mercado, seriedad y un saber hacer consolidado y de éxito.

En el otro lado de la balanza, el presidente de la AEF afirma que las franquicias que fracasan no han hecho bien sus deberes. Para ser más exactos, porque han salido al mercado antes de tiempo –hay que operar al menos un año y medio, o dos, con uno o dos centros propios–, sin consolidar y testar un saber hacer que funciona y es aceptado en el mercado por los consumidores, o bien porque no aportan novedad ni se diferencian de la oferta existente.

Las empresas que quieren hacer crecer sus negocios recurren mayoritariamente a la franquicia como fórmula de expansión por las ventajas que ofrece, entre las que resalta, entre otras, la posibilidad de llegar a poblaciones a las que no accederían con centros propios y el hecho de no tener que realizar inversiones, ya que estas corren a cargo del franquiciado.

EXPANSIÓN

Pero la expansión no debe limitarse dentro del territorio español. Es más, Vallhonrat apunta que la internacionalización siempre ha de ser una estrategia natural en la franquicia. «Franquiciar es sinónimo de expandirse, tanto por el país de origen como por otros mercados». El presidente de la AEF, de acuerdo al informe «La Franquicia Española en el Mundo 2017», señala que hay 313 enseñas nacionales en 137 países, con 21.730 establecimientos en los que cuelga el rótulo de marcas españolas. «Son datos que van aumentando cada año y que nos hace valorar de forma muy positiva la presencia de nuestras franquicias en los cinco continentes».

En cualquier caso, Vallhonrat aclara que estas 313 enseñas suponen el 29,14% del total de las 1.074 marcas nacionales que había en 2016, lo que también le hace ser optimista y pensar que queda camino por recorrer.

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