Los despidos no dan la felicidad a la banca

Los ajustes no se han traducido en una reducción similar del gasto, perjudicando así su eficiencia

La integración de Banco Popular en el Santander supondrá el cierre de 1.129 oficinas/Cristina Bejarano
La integración de Banco Popular en el Santander supondrá el cierre de 1.129 oficinas/Cristina Bejarano

Los despidos no dan la felicidad, si la entendemos como una mejora del rendimiento empresarial. Al menos, eso es lo que le ha ocurrido al sector bancario. Entre 2007 y 2017, la capacidad de las entidades financieras nacionales se redujo en un 38,2% en cuanto a su número de oficinas y en un 31,6% en lo que respecta al personal. Sólo en lo que va de año, dos de los principales bancos españoles, Santander y CaixaBank, han planteado reducir sus plantillas en 6.200 personas. Sin embargo, este ajuste no se ha traducido en una mayor eficiencia del sector. Al contrario, este factor ha empeorado, según el análisis publicado por Funcas bajo el título «Ajuste de capacidad, productividad y eficiencia en el sistema bancario español».

El análisis, realizado por Ángel Berges, Federica Troiano y Fernando Rojas, de Analistas Financieros Internacionales (AFI), asegura que en la medida que los ajustes de oficinas y de empleados han sido más intensos que el descenso registrado en el volumen de negocio, la productividad tanto por oficina como por empleado ha mejorado. No obstante, el documento asegura que sería «erróneo» fijar la productividad sólo conforme al volumen de negocio, pues adicionalmente al descenso de esta última variable se ha producido «una intensa caída en la rentabilidad unitaria» de este volumen de negocio. Los expertos de AFI explican que la mejora de las aportaciones por comisiones a los ingresos de los bancos no ha sido suficiente para mejorar sus márgenes de intermediación –la diferencia entre los intereses que paga el banco a quien ha solicitado el dinero y los que cobra a quien se lo presta–, que es el negocio principal de una entidad, y se ha visto golpeado por el derrumbe de los tipos de interés, en terreno negativo desde hace cinco años.

El efecto neto de estos últimos factores ha sido «una caída muchos más intensa del margen en euros, de tal manera que la productividad apenas ha mejorado cuando se mide en términos de margen generado por empleado o por oficina».

Ese estancamiento de la productividad por empleado y por oficina, prosigue el informe, tiene lugar en paralelo con un incremento en los gastos unitarios, tanto por empleado –costes laborales unitarios (CLU)–, como por oficina. «La resultante agregada es un claro deterioro de la eficiencia», concluyen. Esta variable, medida por el ratio entre gastos totales y margen básico, se ha incrementado, y por tanto empeorado, en casi 10 puntos porcentuales, concluye el informe.

En el análisis del incremento de los gastos, el estudio destaca el cambio que está experimentando el modelo bancario hacia lo digital para explicarlo, desde una doble vertiente. Por un lado, destaca que, a pesar de los ajustes de plantilla, los costes laborales unitarios se han incrementado un 10%, desde los 66.000 euros hasta los 72.000. Los recortes, explica, se han centrado en cohortes de mayor edad que, en teoría, deberían tener costes más elevados. Sin embargo, añade el análisis, se ha centrado también en oficinas y no en servicios centrales, donde predominan salarios también altos, vinculados no tanto a la edad como a las tareas que desempeñan por el nuevo modelo de negocio que se está imponiendo en la banca, asociado a los requerimientos regulatorios y de control, así como a nuevos enfoques analíticos y de inteligencia de negocio.

Ligado a esto, el informe destaca que el nuevo modelo bancario, con un modelo con mucho mayor peso de la tecnología en relación con el cliente, ha cambiado la dinámica de gastos tradicional, en la que los de personal representaban casi dos tercios de los totales.

El cambio del negocio bancario de los últimos años hace augurar a los redactores del informe que la tercera fase del ajuste de capacidad de las entidades, que comenzó en 2015, está lejos de haber concluido. Esta etapa, detallan desde Funcas, obedece a «una estrategia mucho más planificada y de futuro, de acompañamiento a un modelo de negocio que cambia de forma irreversible al confluir un entorno de volumen muy plano con tipos ultrarreducidos y un entorno competitivo y tecnológico en el que decae la fidelidad de los clientes hacia las tiendas físicas».

Según un estudio de Comisiones Obreras presentado hace unos días, la banca tiene ahora casi 112.150 empleados menos que antes de la crisis. En concreto, el sector financiero español ha reducido un 41% su plantilla desde 2008, hasta finales del año pasado. Esta caída del empleo supone que dos de cada cinco trabajadores han salido del sector financiero en diez años, ya que a cierre de 2008 la banca daba empleo a 270.855 personas, frente a las 181.999 de finales de 2018. Cifras a las que habrá que sumar las algo más de 6.000 salidas previstas en los últimos ERE.