Miguel Sebastián: «De haber visto antes la crisis nos habría tocado hacer los recortes»

El economista que susurraba a Zapatero.. Fue uno de los pocos «bichos raros» que no pidieron un crédito en el «boom», quizá porque la deuda del país le quitaba el sueño. Pese a todo, admite que nadie quiso poner freno a los excesos.

Miguel Sebastián
Miguel Sebastián

Fue uno de los pocos «bichos raros» que no pidieron un crédito en el «boom», quizá porque la deuda del país le quitaba el sueño. Pese a todo, admite que nadie quiso poner freno a los excesos.

Economista de cabecera del ex presidente Zapatero, su ministro de Industria luego y candidato a la Alcaldía de Madrid en 2007, a Miguel Sebastián (Madrid, 1957) le tocó pasar «del falso optimismo» por el que los españoles íbamos a adelantar en renta per cápita a los franceses al Apocalipsis económico. En un visto y no visto. De tanto responder por qué nadie alertó de la crisis, por qué nadie la previno, describe en «La falsa bonanza» (Ediciones Península) los espejismos que nadie quería ver y los excesos de los que ningún político ni economista advirtieron.

–Por inhabitual, resalta la autocrítica por no ver venir la crisis. ¿Qué responsabilidad se atribuye?

–Para que la crítica sea creíble ha de haber autocrítica. La gran crítica es a la política económica seguida desde 1998 hasta 2008. Una parte de esos años corresponde al Gobierno de Zapatero. Pero la gran responsabilidad fue del Gobierno de Aznar y de Rato, que es bajo cuyo mandato se montan todas la burbujas con la entrada en el euro. No se preparó al país para esa entrada. El 80% de la responsabilidad de esa falsa bonanza recae sobre el Gobierno de Aznar y de Rato, y sólo el 20% en el de Zapatero y Solbes.

–Afirma que nos creímos los amos del mundo, pero las administraciones y el Estado fueron los primeros en beneficiarse y no hicieron nada.

–Es difícil hacer un ranking de quiénes se beneficiaron más. Yo no diría que fueron las primeras en beneficiarse. Estaba el sector empresarial entero: el bancario, las constructoras, las eléctricas, las empresas industriales, los arquitectos, los notarios, los registradores... La lista es interminable. Y también las administraciones, sobre todo los ayuntamientos y las comunidades autónomas, que recibían la mitad de sus ingresos de la burbuja.

–Las administraciones eran las que podían frenarlo.

–Sí, pero para intentar frenar la burbuja se responde con un «boom» inmobiliario con la Ley del Suelo, que creó un problema mayor cubriendo el país de ladrillo. No podíamos subir los tipos porque estábamos en el euro. Se podían haber hecho medidas regulatorias para frenar el crédito, pero eso le correspondía al Banco de España más que al Gobierno. Las CC AA y los ayuntamientos sí debían haber frenado las expansiones inmobiliarias, pero el modelo que tenemos, que hay que cambiar, funciona de tal manera que se financian en gran medida con este tipo de actividades.

–Hasta en su partido le costaba explicar los desequilibrios que se acumulaban y en el PSOE a muchos les «chirriaban» esas críticas a la marcha de la economía.

–Así es. La idea de que la deuda era excesiva y de que había una burbuja inmobiliaria no era en absoluto compartida y en parte es lógico porque las burbujas sólo se confirman cuando se pinchan. Los economistas también nos dejamos llevar por la falsa bonanza porque creímos que era el resultado de la unión monetaria que nos había abaratado el coste de financiación. Recuerdo que en los 90 el tipo de mi hipoteca era del 16% y de repente pasamos al 1%-2%. Lo veíamos como algo estructural. Y los economistas no alertamos lo suficiente. En esa época éramos bichos raros los que no pedíamos un crédito. Tengo la misma casa que tenía en el 96 y el mismo coche que en el 99 y la gente me decía que cómo no pedía un crédito para comprar de todo.

–A ese exceso de endeudamiento público y privado se suma la crisis financiera internacional.

–Tenemos lo que se llama una «parada súbita». Cuando se corta el grifo del crédito, con la dependencia que teníamos, se colapsa la economía. Además, el BCE no reaccionó y llegó el círculo vicioso.

–¿Le forzaron a presentarse a la Alcaldía de Madrid?

–No, me lo ofrecieron y uno está para lo que el partido le manda. El partido creyó que era un buen candidato. Luego no fue así...

–Al menos sacó un 30% con Gallardón en su esplendor.

–Quién lo pillara hoy día... (ríe)

–Y en la campaña le sugieren que se olvide de hablar de la deuda.

–Sí. Quería poner un enorme reloj en la Gran Vía que marcara el aumento de la deuda pública de Madrid en tiempo real como hacían los republicanos en EE UU con la deuda americana. Me dijeron que, aunque era impactante, a nadie le importaba la deuda porque a nadie le parecía mal.

–Algunos de los que rodeaban a Zapatero se pelean por decir aquello de «yo soy el economista al que Zapatero no hizo caso».

–Lo han hecho muchos. Algunos escribiendo libros incluso. No quiero jugar a eso porque creo que no le advertimos lo suficiente sobre lo que venía encima. Es verdad que alertamos de la burbuja inmobiliaria y de la escasa productividad, pero no del desequilibrio con la deuda privada y el déficit por cuenta corriente. Zapatero no fue el único en no ser consciente de lo que venía encima. Nadie lo fue, ni los organismos internacionales ni las empresas, que se metieron en grandes operaciones, hasta en 2008. En la campaña de finales de 2007 y principios de 2008 se optó por vender un mensaje de optimismo con aquello de que habíamos superado en renta per cápita a los italianos, acercándonos a Francia. Ahí se cometió el error de vender demasiado optimismo. Como en el debate Solbes-Pizarro.

–Precisamente Solbes aseguró que alertó de la crisis.

–Eso no es verdad. Ese documento que menciona Solbes no lo conozco ni conozco a nadie que lo conozca. En vez de reconocer que nos equivocamos en el diagnóstico de la crisis, afirma que él había alertado. En la hemeroteca está que Solbes fue de los últimos en reconocer la crisis.

–En 2010 cambia radicalmente la política económica de Zapatero. ¿Les habría tocado asumir todos los recortes que hizo el PP al comienzo de la legislatura de haber detectado antes la crisis?

–Sí. Se habría tenido que ajustar el déficit. No esperábamos el segundo «tsunami» de 2010-2011 por la crisis de deuda del euro. Creímos que el BCE iba a ser más beligerante. No lo fue y no quedó más remedio que hacer los ajustes.

–¿Cómo valora la gestión económica de Rajoy?

–Nos hemos quedado más o menos como estábamos a principio de legislatura. Es verdad que el Gobierno ha hecho algunas cosas bien, pero en los dos últimos años ha tenido todo el viento a favor con la caída de los precios del petróleo, con el cambio de tipo del euro y con el cambio de actitud del BCE.

–¿Se podrían haber aprovechado mejor esos vientos favorables?

–Hay que reconocer que Rajoy ha hecho cosas. Pero la reforma laboral ha fracasado porque seguimos con el problema de dualidad, con un mercado de trabajo con un 30%-35% de temporales, a los que habría que incluir a los indefinidos a tiempo parcial que hacen menos horas de las que quisieran. La financiera no se ha terminado y la fiscal no se ha hecho. En el tema de modelo productivo no se ha hecho nada y en el educativo, se ha hecho una reforma efímera no consensuada. El próximo Gobierno, si le toca la bonanza, que llegará, deberá afrontar esas reformas que sólo pueden hacerse en bonanza.

–¿Mantendría usted los actuales costes de despido?

–El contrato único con costes de despido creciente, donde a medida que transcurre el tiempo aumenta el coste y se evitan los contratos temporales concatenados, me parece razonable.

–Analizando el programa del PSOE, ¿le parece la mejor medida para crear empleo subir los impuestos a las grandes empresas?

–En el fondo no se les sube. El tipo de Sociedades real no tiene nada que ver con el efectivo porque hay tal cantidad de deducciones que al final acaban no pagando nada. Lo que no me parece razonable es que las grandes empresas, que tienen muchísimos beneficios, tengan tal menú de deducciones. Si he entendido bien la propuesta, se trata de eliminar esas deducciones para que al menos paguen un 15%, que está por debajo de muchos países de Europa.

–Las grandes empresas son las que más innovan...

–Ese es un falso mito. Somos uno de los países con más bonificaciones en i+D en el Impuesto de Sociedades y en el que tenemos menos inversión privada en i+D. Esa bonificación en i+D no sirve de nada porque esa inversión la iban a hacer en cualquier caso porque lo necesitan. Sí que es verdad que hay que buscar mecanismos para que haya más inversión en i+D del sector privado, no sólo de las grandes empresas, también las pymes.

–¿Por qué tanto temor a la ruptura del bipartidismo?

–Los mercados están acostumbrados a ese modelo. Pero ese modelo se ha acabado en España y no me parece mal porque, como creo en la competencia, la irrupción de esos nuevos partidos va a hacer mejorar a los viejos y al sistema. Ahora el Parlamento no va a ser sólo un sitio donde ir a aplaudir y chillar. Será un sitio donde se irá a negociar y a pactar. Por fin cobrará toda su razón de ser.

–¿Es viable, con un PSOE que defiende el libre mercado, un pacto con Podemos?

–Es que no sabemos cuál es el programa económico de Podemos. Lo que decían hace un año ahora no tiene nada que ver. Vamos a ver qué proponen. Pero si salen las cuentas gobernando con Podemos, el PSOE tendrá que acercarse. La clave está en si Ciudadanos los supera. Entonces habrá que acercarse a Ciudadanos.

–¿Por qué no atajó con más dureza el déficit eléctrico?

–Hubo un error regulatorio, en 2007, que no estaba yo, que provocó la burbuja fotovoltaica. Me tocó frenarla. Los fotovoltaicos me acusaron de haberme cargado las renovables y ahora creo que la historia me juzgará como demasiado blando. No sé si deberíamos haber actuado con más contundencia y antes.

–¿Fue necesario el Plan E?

–Sí. A finales del 2008, todos los países del G-20 acordaron en Washington paquetes de estímulos. De hecho, los mercados premiaban a los paquetes más rápidos y más grandes. El de España fue de un punto del PIB y los mercados no nos castigaron. Es verdad que se hicieron cosas mal, como mover la estatua de Colón en Madrid, pero los 1.000 millones que se dedicaron al automóvil le puedo asegurar que salvaron esa industria.

–¿Está saneada la banca?

–Aún sigue con problemas de capital y no ha terminado su saneamiento. Probablemente sea necesaria una mayor concentración y ampliaciones de capital.

–¿Cuánto nos cuesta el desafío nacionalista en Cataluña? ¿Puede afectarnos económicamente que se prolongue esta situación?

–No sólo a nosotros, también a Europa. Si no lo arreglamos nosotros y se convierte en un problema europeo, nos obligaran a arreglarlo en Europa.