Con la vacuna solo hace falta claridad

Servicio Ilustrado (Automático) SARAH ATKINSON/MICHIGAN TECH

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció ayer que existe un plan nacional de vacunación contra el Covid-19, aunque sólo fue un adelanto para retomar una cierta actividad política más allá de las constantes peleas con su socio de Gobierno. Tal vez la realidad de una pandemia con derivaciones sanitarias y económicas graves posponga unos días la acuciante crisis del «primer gobierno de coalición desde la República» y ponga en el primer plano de la actualidad temas que preocupan más a la ciudadanía. Su anuncio fue político, sin entrar en detalles, simplemente dejando caer que el primer semestre de 2021 «una parte muy sustancial» de la población esté vacunada. En temas científicos y de salud pública, según nos dicta la evolución de la pandemia, la cautela nunca es mala, y antes que la inconcreción es mejor no adelantar acontecimientos que este Gobierno no puede manejar. De nada sirve decir que España «es el único país de la Unión Europea junto a Alemania en tener un plan completo de vacunación», cuando lo lógico sería presentarlo y tener las reservas de fármacos, sistemas de transporte y almacenamiento en las condiciones exigidas, y más cuando es la UE la que realiza las compras a las farmacéuticas, como el propio Sánchez reconoció. Es más, hay cerrados contratos con Pfizer, AstraZeneca, Sanofi y Janssen, además de estar muy avanzadas las negociaciones con la norteamericana Moderna. Sin embargo, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, anunció por su cuenta que el Gobierno adquirirá 20 millones de dosis para vacunar a unos 10 millones de ciudadanos españoles –cada tratamiento requiere dos dosis–, incluso adelantó que «esperan» que lleguen a España a principios de 2021, que será gratuita y administrada por la Seguridad Social. Fue anunciado en una entrevista televisiva cuando no existe todavía un plan preciso, o está a la espera de presentarse una vez lo apruebe el Consejo de Ministros el próximo martes. Como decíamos, es necesario mucha cautela. Anunciar que se suministrará a través del sistema de salud es precipitado porque la vacuna no será obligatoria. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), más de un 43% de los españoles no tiene intención de ponérsela de manera voluntaria. El Gobierno se limita a decir que no contempla esta opción porque los expertos no lo recomiendan. El único plan de vacunación conocido es el de Alemania, por lo que todo indica que no se diferenciará mucho del que presente el Gobierno: primero grupos de riesgos y mayores de 60 años; segundo, personal sanitario y, tercero, trabajadores del sector público que afronten un contacto diario (policía, emergencias, profesores). Antes que hacer anuncios políticos, lo que se necesita es exponer un plan con claridad que no nos lleve, de nuevo, a las dudas que provocaron los cierres perimetrales y los confinamientos parciales, cuando nadie sabía qué hacer.