Podemos, a un paso de «asaltar» Ferraz

Pablo Iglesias protagoniza un vuelco radical y asegura que «ha nacido una nueva España»

Pablo Iglesias, candidato de Podemos a la Presidencia del Gobierno, durante su comparecencia para valorar los resultados electorales
Pablo Iglesias, candidato de Podemos a la Presidencia del Gobierno, durante su comparecencia para valorar los resultados electorales

La de Podemos fue ayer la única fiesta poselectoral en la que la alegría no tenía matices. Los 69 escaños logrados por el partido liderado por Pablo Iglesias certifican la imparable progresión de la extrema izquierda en España, que ha sabido rentabilizar el descontento exisitente en la sociedad por la crisis y ya es la primera fuerza política en Cataluña y en el País Vasco. En el panorama de pactos que se dibuja a partir de ahora, Podemos será la clave para que se repita en nuestra país un pacto de las izquierdas similar al de Portugal. En su intervención tras conocerse los resultados, Iglesias ya apuntó a las tres condiciones «inaplazables e imprescindibles» para su apoyo: «el blindaje de los derechos sociales, la reforma de la ley electoral y la posibilidad de revocar al presidente del gobierno sino cumple su programa electoral». Para el líder de Podemos ayer «nació una nueva España» y «se ha votado un cambio de sistema.

Podemos le ha enseñado los dientes al PSOE logrando sólo 340.000 votos menos que la lista de Sánchez en toda España. Pero no le ha tumbado. En este sentido el eterno granero de votos del socialismo, la Andalucía de Susana Díaz, ha sido clave para salvar de la deblacle al PSOE, que podría incluso acabar de presidente si se produce un pacto de las izquierdas como ha sucedido recientemente en Portugal.

La maquinaria de campaña de Podemos ha demostrado ser la más eficaz con creces durante las dos últimas semanas. Esta circunstancia convierte a Íñigo Errejón, cerebro en la sombra de Iglesias, en una de los triunfadores de noche. Con una precisión milimétrica en los mensajes y sin cometer errores de bulto, el partido morado ha sabido conjurar a lo largo de la campaña el espejísmo de la remontada para, a fuerza de fe, convertirla en una realidad tangible que le hará ser la tercera fuerza en el Hemicíclo de la XI Legislatura. Podemos ha maquillado de moderación el incendiario discurso que le permitió hacerse un hueco en las europeas y ha conectado con amplias bolsas de votantes socialistas descontentos. No sólo la táctica de campaña. También la estrategia de alianzas territoriales de la formación que lidera Pablo Iglesias ha sido un éxito. Compromís en Valencia, En Marea en Galicia y, sobre todo, En Comú en Cataluña han logrado 27 de los 69 escaños con los que contará el líder de Podemos durante la próxima Legislatura.

Los resultados de ayer también ponen de manifiesto una realidad que con toda seguridad tendrá muy presente Pablo Iglesias: en el relato de la confrontación entre la «nueva política» y la «vieja política», los partidos emergentes han cosechado un indudable triunfo a la izquierda del espectro político pero entre los electorados de centro-derecha no se ha producido un resultado análogo. Esta circunstancia hace sospechar que el descalabro del PSOE, y el consiguiente repunte de Podemos puedes haber sido producidos más que por verdadero cambio de paradigma, por un catastrófico error socialista a la hora de elegir al candidato a la presidencia del Gobierno.

En cualquier caso, cerrado el ciclo electoral que inauguraron las europeas en 2014, queda claro que el partido fundado por Iglesias, Monedero y Bescansa hace menos de dos años ha sido la cuña que ha desestabilizado, puede que definitivamente, un bipartidismo que, a pesar de sus fracasos, ha aportado 38 años de estabilidad a la política española. Durante este periplo –en el que el PSOE y UCE o PP tuvieron siempre más de 300 escaños– ha existido entre las fuerzas del bipartidismo un consenso básico en las grandes cuestiones de Estado. La irrupción de un partido de extrema izquierda (tal sigue siendo la percepción de la inmensa mayoría de los españoles según todos los barómetros del CIS) con nada menos que 69 escaños en el Congreso supone un antes y un después en la historia democrática tras la Transición y hace recordar los tempestuosos tiempos de la Segunda República.