Ahora toca unidad

New York Coronaviurus reaction
Personas con máscaras en el barrio de Chinatown en Nueva YorkJUSTIN LANEEFE

Hay cosas en la gestión de la epidemia de Coronavirus que le dejan a uno perplejo. Los temas de salud pública, afectan a diversas esferas, no solo la sanitaria, como la económica o la política. Es indudable que los efectos económicos han empezado a notarse y no solo por la caída que ya ha aparecido en las cifras de turismo, sino que, como en cualquier crisis sanitaria, pagaremos un alto precio en productividad y crecimiento. Luego están las escaramuzas políticas de nuestros líderes que, haciendo gala de su enorme talla, no desaprovechan la mínima oportunidad para intentar dañarse entre ellos. Lo malo es que la crisis no ha hecho más que empezar y los errores y las incongruencias ya han sido sonados. Hemos asistido a la autorización de eventos con grandes aglomeraciones de personas y horas después a la clausura de los centros educativos, hemos presenciado como competían la presidenta de la Comunidad de Madrid y el ministro de Sanidad por el espacio mediático, convocando ruedas de prensa a la misma hora, durante semanas no hemos escuchado nada sobre la epidemia de boca del presidente del gobierno y, en definitiva, junto a Italia volvemos a hundir nuestra reputación internacional por enésima vez. Pero ya habrá tiempo para la crítica cuando acabe la crisis, ahora lo que se espera de todos es un mínimo de unidad para superar la situación. Tampoco los ciudadanos estamos siendo ejemplares, desde actitudes paranoicas que arrasan los supermercados hasta, en el extremo opuesto, las marcadas por la imprudencia y la temeridad. Parece que esto va para largo, algunos escenarios hablan de cinco o seis meses y otros de un mínimo de dos, por tanto, deberíamos hacer algunas reflexiones. La primera es que, como no hay medicamentos que lo curen ni lo prevengan, el mejor instrumento es el distanciamiento social y eso no se consigue con un decreto del gobierno, sino con la actuación responsable de la sociedad. Es una enfermedad que no presenta complicaciones en el 80% de los casos, que se propaga muy rápidamente y que la prioridad deben ser las personas con factor de riesgo y esto implica un esfuerzo de minimizar los contactos por parte de ellos y el tener un sistema sanitario desbloqueado por parte de los demás. Efectivamente, Lombardía dispone del sistema sanitario más poderoso de Italia, pero se ha visto colapsado por el número de pacientes y se ha mostrado ineficaz para dar cobertura a los que más lo necesitan. Ganar a esta enfermedad requiere el control de infectados, no en cuanto al número, que parece muy difícil, sino en el tiempo en que se vayan produciendo. Solo evitando el contagio a la vez y exponencial casi por días, se logra tener las UCIs hospitalarias y resto de servicios disponibles para quién lo requiera más. Dentro de unos meses todo volverá a la normalidad, seguramente habrán logrado una vacuna, pero en un mundo global y depredador con el medioambiente, volverán otras crisis epidémicas y seguiremos igual de mal preparados.