Alerta en Moncloa con el sindicato de Vox

A muchos socialistas les cuesta entender que el socio de gobierno quiera emprender una causa contra Felipe González o que impongan al independentismo como partner.

Sánchez se compromete a reforzar en Euskadi un autogobierno que sea "transversal" y "prime igualdad frente identidad"
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, antes del inicio del mitin PSE-EE 05/07/2020 PSE-EE

En numerosas ocasiones ha sido cuestionada la estabilidad de la coalición en el gobierno. Votaciones enfrentadas en el Congreso, el Senado o en las distintas comisiones parlamentarias, no son la mejor prueba de que las cosas están funcionando.

Mientras tanto, destacados dirigentes del PSOE y Podemos se defienden proclamando a los cuatro vientos el éxito del pacto. Interpretan las discrepancias como la “normalización” de la nueva forma de la política española.

A muchos socialistas les cuesta entender que el socio de gobierno quiera emprender una causa contra Felipe González o que impongan al independentismo como partner, descartando de antemano cualquier otra opción constitucionalista y les repele el papel que ha dado Pedro Sánchez a Bildu a cambio de sus 5 votos.

Los empellones entre unos u otros son vistos con escepticismo y hastío en un país que ha sido sacudido violentamente por la Covid-19 y que afronta una crisis económica va a terminar de destrozar lo que se salvó de la catástrofe financiera del 2008.

El gobierno no tiene la suficiente solvencia para acometer lo que viene por delante. La estabilidad no se consigue con un tenderete en el que se mercadean intereses regionales concretos a cada votación.

Lo que hay es un mar de incertidumbre, aún no hay unos presupuestos generales diferentes de los que dejó Cristóbal Montoro y para que los pueda haber el precio que habrá que pagar a los independentistas catalanes será una pesada carga de la que se arrepentirán.

Lo peor de todo es que la extrema derecha está dispuesta a todo para llegar al poder. La última ofensiva ha sido anunciada por Abascal: la creación de un sindicato de Vox. Hará mal la dirección socialista y la de los sindicatos de clase si menosprecian esta iniciativa.

La insatisfacción va a crecer a medida que se pierdan puestos de trabajo y se acaben las prestaciones por desempleo, es obvio que toda la crítica irá dirigida hacia el gobierno.

Los sindicatos vienen perdiendo prestigio y predicamento entre los trabajadores desde hace tiempo y, al igual que en muchas áreas y barrios de baja renta per cápita, como el sur metropolitano de la Comunidad de Madrid, Vox se situó como segunda fuerza política en las últimas elecciones, es probable que un sindicato de estas características pueda contar en poco tiempo con una base importante de afiliados.

Con el Partido Popular K.O. y acomplejado por una extrema derecha que le marca el discurso, el riesgo de polarización de la política y de crecimiento de las extremos es evidente.

Se equivoca Sánchez frotándose las manos cada vez que Vox propina un mordisco electoral a los populares. No se da cuenta que solo hay prosperidad y mejora de la convivencia democrática con la alternancia de las opciones moderadas.

Como sigan miopes, el peligro terminará por estallarles en las manos. El nacionalismo centralista de los gobiernos populares propició una importante subida de escaños de los independentistas, por su parte, Sánchez es una máquina de votos para Vox, pero no lo ve.