El funeral de Sánchez (II)

Un funeral «de Estado», es una misa solemne de funeral que se celebra por las almas de fallecidos en atención a su relevancia pública, o al número y circunstancias de su muerte, con asistencia de las máximas autoridades encabezadas por la Jefatura del Estado.

Así, se han oficiado funerales de este tipo con motivo de los atentados islamistas del 11-M, del 17-A o del accidente aéreo de Germanwings. Es impensable que –con nuestra tradición y esos precedentes– no se celebre uno en memoria de las decenas de miles de compatriotas fallecidos por el coronavirus, una catástrofe humana como no se recuerda en España desde la Guerra Civil.

Ahora Sánchez ha conseguido que la noticia sea su inasistencia al funeral y, al igual que el Rey Sol, Luís XIV, que afirmó que «L'État, c’est moi» –«El Estado soy yo»– si Sánchez no asiste, la ceremonia deja de ser «de Estado», no es de ese rango.

Se habla más de él mismo que de los miles de anónimos muertos. Algunos comentarán la egolatría o la vanidad desmedida del Presidente. Quizás quiere ser el «perejil de todas las salsas» o, como refiere el dicho popular, «la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el funeral».

No asiste a la ceremonia, y deja de haber funeral de Estado y causa que lo provoque: los miles de ciudadanos que oficialmente no han muerto pues han fallecido sin su reconocimiento.