Sánchez augura una «legislatura larga y fructífera» con Presupuestos

Balón de oxígeno de Bruselas. En Moncloa confían en que la inyección de los fondos europeos les permitirá aprobar unos Presupuestos para sostenerse en el poder hasta 2023

La pandemia del coronavirus arrasó las previsiones económicas de Pedro Sánchez y puso en jaque una legislatura que, aparentemente, estaba encauzada. El Gobierno ya había aprobado en el Congreso los objetivos de estabilidad para diseñar las cuentas de 2020 y 2021 con la colaboración de ERC y tenía el proyecto prácticamente elaborado. Tras el envite de la pandemia estas cuentas quedaron en papel mojado y el Ejecutivo tuvo que reponerse y empezar de cero.

A la espera de contar con unas nuevas previsiones certeras tras la crisis económica que se avecina, la inyección de recursos que ha supuesto la aprobación en Bruselas del fondo para la recuperación ha devuelto al Gobierno la expectativa no solo de reactivar la legislatura, sino de agotarla con plenas garantías.

La vocación del Gobierno es que la lluvia de millones europea se cristalice en unas nuevas cuentas que ya se han puesto en marcha con la orden de elaboración que aprobó hace semanas la ministra de Hacienda. Ya se ha iniciado una campaña de presión a los grupos parlamentarios, con los que se comenzará a negociar el próximo mes, para que avalen con sus votos estos Presupuestos de la recuperación, porque no hacerlo sería tanto como «desperdiciar» los fondos de Bruselas. En Moncloa creen que esta inyección de recursos allana la aprobación de las cuentas y, por extensión, encarrilan una legislatura que hace cuatro meses parecía descarrilar.

Este clima se apreció en una de las declaraciones que dejó ayer en el Congreso la comparecencia de Pedro Sánchez. El presidente le anticipó a Pablo Casado que «la legislatura será larga y fructífera» y le emplazó a ocupar el lugar –en la oposición– en el que le han puesto los ciudadanos con sus votos en dos elecciones generales. En Moncloa existe optimismo por que las cuentas se acabarán aprobando, aunque sea in extremis, y juegan con una doble baraja: por un lado, la mayoría de la investidura y, en la recámara, el apoyo de Ciudadanos, que se puede tornar providencial, si ERC decide en el último momento bajarse del barco, como ya ocurriera en 2019.

De este modo, con la aprobación de los Presupuestos, Sánchez se aseguraría su supervivencia en Moncloa hasta 2023, un margen suficiente, si la recuperación se produce en forma de V asimétrica como espera Nadia Calviño, para reactivar el país antes de las próximas elecciones generales. Si todo sale según los planes establecidos, los socialistas concurrirían a los comicios con un importante bagaje político y una baza electoral que hasta ahora se le ha resistido a la izquierda y que Sánchez quería conquistar: la capacidad de gestionar con solvencia una crisis económica, demostrando que un partido progresista no solo es útil para gobernar en tiempos de bonanza.

El optimismo que rezuma Moncloa también obedece a que consideran que han superado la crisis del coronavirus con éxito y que el Gobierno ha salido fortalecido de los intentos de las derechas por «derrocar» al Ejecutivo en sus horas más bajas. En el haber del Gabinete está también el hecho de que no existe alternativa a Sánchez, aunque las votaciones de los dictámenes de la Comisión de Reconstrucción le devolvieron a la dura realidad de su debilidad parlamentaria. Ayer se aprobó el dictamen económico que quedó pendiente por un error en la votación de la pasada semana, en la que se produjo un empate.

Aunque Sánchez volvió a apelar ayer al consenso de todos los partidos para que España sea un reflejo del acuerdo entre diferentes que se logró en Bruselas, lo cierto es que en el Gobierno tienen asumido que no podrán contar con el PP para las cuentas. Sin embargo, mantienen su estrategia de presión sobre Casado, emplazándole a adoptar un «papel protagonista» en la aprobación de los Presupuestos para que su negativa les deje las manos libres para pactar con partidos de dudosa idoneidad, echándole en cara luego a los populares que les arrojaron en manos de estas formaciones por su veto a las cuentas.

En todo caso, la vocación del Gobierno es que estos Presupuestos beban de las conclusiones arrojadas en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso, de manera que el mayor número de formaciones puedan sentirse cómodas con las propuestas que se incluyan y presten su apoyo sin esperar al tiempo de prórroga. Un tiempo de descuento al que en Moncloa ya están acostumbrados y en el que logran siempre que el marcador se decante a su favor.