Los lapidadores

Don Juan Carlos, con los hermanos Fanjul, Alfonso y Pepe.
Don Juan Carlos, con los hermanos Fanjul, Alfonso y Pepe.EfeEFE

Alguno se desahoga apedreando al Rey emérito y califica de «indigna su huida de España», olvidando que «quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra». Sin duda, está dando una lección de ejemplaridad en su conducta personal, siendo fiel a los principios que invocaba para «conquistar el cielo» y derribar la «casta» dominante. Dar lecciones personales de ética pública o privada no es aconsejable para nadie pero, menos aún, cuando se tiene suficiente recorrido público y publicado como para poder organizar una magna exposición itinerante por el mundo, con escalas que van de Irán a Venezuela, pasando por algún tribunal.

Vivimos tiempos que en un futuro próximo serán calificados de realmente históricos, con una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes, a la que solo faltaba para completar el severo diagnóstico, la componente institucional, que afecta a la piedra angular –la Monarquía parlamentaria– sobre la que reposa todo nuestro edificio constitucional.

Algunos irresponsables agitan el fantasma de la III República, cual aprendices de brujo, ignorando que no hay «dos sin tres», y que ya tenemos suficiente con dos ejemplos –entre lo histriónico y la tragedia–, como para repetir.

A nuestro Rey emérito se le ha exigido la responsabilidad política de abandonar con 82 años, la que ha sido su residencia familiar durante más de 60 e, incluso, su Patria. Vamos a comprobar la responsabilidad que corresponde a nuestros dirigentes, empezando por los lapidadores. Para dar ejemplo.