Del 8-M al 11-S

A estas alturas no puede dudarse de la relación entre la manifestación del 8-M en Madrid y el crecimiento exponencial de los contagios. Basta recordar la cifra de autoridades políticas que se infectaron presentes en las cabeceras de las manifestaciones, entre ellas la vicepresidenta Calvo y varias ministras de los diez que acudieron, «porque a las mujeres les iba la vida en ello».

Siendo algo científicamente acreditado, pretender mantener en Cataluña la tradicional convocatoria para el próximo 11-S, en plena ola de expansión de los contagios, resulta no solo imprudente, sino quizás también incurso plenamente en el Código Penal. Plantear como alternativa múltiples concentraciones en diversas localidades del territorio, so pretexto de que «no puede suspenderse el derecho fundamental de manifestación», resulta ofensivo hasta para el sentido común.

No olvidemos algo tan sencillo como que los ciudadanos en general tenemos limitado el derecho a llevar una vida «normal». Por lo que si se alegare que estamos en una «normalidad nueva», habrá que pedir que nos muestren esa nueva Constitución que establece que somos nuevos ciudadanos de un nuevo mundo, en el que todos nuestros movimientos, e incluso el opinar y criticar el «nuevo orden» establecido, queda supeditado al superior designio de un Gran Hermano que vela por nuestra salud y bienestar.

Mientras no llegue ese desdichado momento, la independencia puede esperar. Contagiarnos a todos y acaso morir en su empeño, no parece ser una «confrontación inteligente».