Villarejo: “Las cosas más delicadas me las encargan a mí, ya sea la izquierda, la derecha o el centro”

“Llevo treinta años haciéndolo y nunca he fallado”, presumió ante el chófer de Bárcenas, a quien dijo estar dispuesto a “ayudar si al final hay un enfrentamiento con el Estado”

“Soy la polla de bueno porque llevo treinta años haciéndolo y nunca he fallado, nunca! Por eso las cosas más delicadas de este puto país me las encargan a mí, ya sea la izquierda, la derecha, el centro, su puta madre, que no me fío de ninguno de ellos”. Esa era la tarjeta de visita con la que el comisario José Manuel Villarejo intentó tranquilizar al chófer de Bárcenas, Sergio Ríos, en plena “operación Kitchen” para hacerse con los documentos que ocultaba el ex tesorero comprometedores para el PP.

“En primer lugar soy una tumba y en segundo lugar no soy bueno, soy la hostia en mi trabajo”, presumía en una de las conversaciones grabadas por el ex mando policial -en este caso con Sergio Ríos, a quien se utilizó como agente encubierto para sustraer esos papeles- incluida en un pendrive que fue intervenido por la Policía en el registro de su domicilio.

Así consta en las diligencias en las que el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata investiga la vinculación de esos documentos con la “caja B” del PP, un procedimiento aún pendiente de juicio. Villarejo deja claro que para él todos los políticos “son unos mierdas” y que él solo se compromete " a aquello que yo pueda cumplir" y se autoproclama “el director de la orquesta” para despejar las dudas del chófer, que además de 2.000 euros mensuales iba a percibir como recompensa por su trabajo (como así fue) el acceso a la Policía. “Yo todo lo que sea... ¿sabes? Tampoco quiero estar ni de vigilante ni toda la vida de conductor”, se quejaba.

Pero el socio de Villarejo no le había dejado claro ese extremo. “Tú ya estás ahí ya pa siempre macho, tienes tu jubilación, tus historias, todo asegurado...tu... ¿me entiendes?”, la insistía el mando policial en esa conversación. Y para despejar cualquier recelo le recalca en referencia a Rafael Redondo, su socio en el Grupo Cenyt: “Yo soy el director de la orquesta y luego viene la gente con la orquesta... Y él es el número dos de la orquesta”, situado “justo en el escalón inferior”, aunque matiza que es “un tío de mi confianza total”.

Meses antes, en octubre de 2013, una vez Villarejo consigue finalmente captar al chófer de Bárcenas para ejecutar la operación (tras un acercamiento fallido de Enrique García Castaño, entonces jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO), alias “el Gordo”, sus conversaciones dejan traslucir, según Asuntos Internos, “el interés de Villarejo en tratar de conocer el lugar donde pudiera guardar Bárcenas aquéllos documentos y grabaciones comprometedoras” para altos cargos del Partido Popular. Entre los que cita a “Javier Arenas, María Dolores de Cospedal o Mariano Rajoy”.

“Lo único es que ese tipo de conversaciones, macho, en ese pendrive, es algo que de alguna manera hay que darle al tarro para, para encontrarlo, macho”, asegura Villarejo. “Por eso te digo coño que todo lo que sea recuperar esas grabaciones tal y cual, recuperar los discos duros y tal”, insiste más tarde a Ríos, a quien solicita en varias ocasiones “que trate de obtener los números de teléfono de ciertos terminales de seguridad que emplearía Bárcenas y su entorno más inmediato”: “Y los números esos, macho, ¿cómo podemos conseguir los números esos (...) a ver si, coño, te puedes, eh, podemos conseguir los números esos de teléfono”.

Una vez captado como agente encubierto, el chófer de Bárcenas le comenta sobre el ex tesorero a Villarejo con el entusiasmo de los conversos: “Que se tire dos años en la cárcel y así pueden ganar las elecciones” y abogar por “meter a Luis toda la presión del mundo que te van a dejar, saca todo” porque “si saca todo va a estar igual dentro”. Y el entonces mando policial apostilla que “el secreto está en que la opinión pública deje de acordarse de él” y que “baje el perfil de la prensa”.

De hecho, Ríos llega a decir que el ex senador del PP Bárcenas “se ha arrepentido de haber entregado el pendrive” con la supuesta contabilidad opaca de la formación, mostrando su extrañeza porque su abogado no le advirtiese del riesgo de ir a prisión. “¿Cómo no le dice que corre el riesgo de que entre? Coño, dile, Luis ándate muy al loro”.

Pero paradójicamente en esas conversaciones Villarejo muestra su admiración por Bárcenas y termina admitiendo que “hay que ayudarlo si al final hay un enfrentamiento con el Estado”. “Es un tío que me cae de puta madre, coño, además yo...espero que mis jefes no me oigan nunca decir eso, pero (hablan a la vez) yo es un tío que, es un tío que admiro, es un tío con tarro”. Aunque termina admitiendo que “tú y yo sabemos que tenemos que ponernos al lado del Estado, pero...”.

El chófer evidencia sus temores a que la operación se tuerza y pueda acarrearle consecuencias penales, y le cuenta al mando policial “un sabio consejo” que le dieron: “No te pilles las manos con ningún delito sin que te lo manden ellos”. Villarejo le acota: “Hombre...”. En ese caso, Ríos asegura que no cometería un delito “porque si yo no hago fuerza...no es delito”, versión que avala su interlocutor: “En este caso, no existe nada, nada, no hay nada...”. “Estuve viendo y me dijeron que lo único que era, era abuso de confianza que es una falta”, se intenta tranquilizar el chófer.

“Con conocimiento del “Asturiano””

Un informe de la Unidad de Asuntos Internos de la Policía de octubre de 2018 apunta cuál era el supuesto objetivo de la “operación Kitchen”. Analizadas las conversaciones grabadas incautadas a Villarejo en diferentes archivos de audio, los investigadores concluyen que “en realidad se trataría de una operación encaminada a la localización de esos documentos y archivos (entre los cuales, al parecer, figuran documentos y archivos de audio comprometedores con dirigentes del Partido Popular)”. Un plan que, añade, “habría tenido un resultado positivo y estaría coordinada por el entonces secretarlo de Estado de Seguridad”, Francisco Martínez (ya imputado por el juez Manuel García Castellón, y "con conocimiento del “Asturiano” (uno de los apodos con los que se referían al en esas fechas presidente del Gobierno Mariano Rajoy) y del “Largo” (el abogado Javier Iglesias). La unidad policial precisa que, hasta ese momento, no había constancia de que el material incautado a Villarejo se obtuviese “en el marco del procedimiento judicial que se sigue y en el que figura investigado Luis Bárcenas” ni que se pusiese a disposición judicial.