El etarra que asesinó cuando estudiaba para cura: “Nadie me ha cuestionado nada al salir de la cárcel”

Arburua Iparraguirre era fraile capuchino cuando disparó a bocajarro a Félix de Diego. Destaca en el documental “Bajo el silencio”, que llega al cine de Madrid el 13 de noviembre, que “el tema moral es muy relativo" y que “había que actuar así”

El ex fraile capuchino y miembro de ETA, Arburu Iparraguirre, en una imagen de la entrevista del documental "Bajo el silencio"Bajo el silencio/documental

Bajo el silencio", el último trabajo documental del cineasta Iñaki Arteta en el que trata de dar la batalla del relato, llega a los cines comerciales de Embajadores, en Madrid, el próximo 13 de noviembre.

Fueron polémicas las declaraciones del cura de Lemona que en dicho documental llega a asegurar que “en un atentado de ETA, te alegras, su merecido se lleva”. El párroco defiende que ETA era solo uno de los bandos en una guerra y que no hubo otra forma de hacer frente a lo que él denomina “opresión”.

Tras estas polémicas declaraciones fue apartado por el obispado de Bilbao y éste pidió perdón a las víctimas por sus “desafortunadas” palabras y se comprometió con el obispo a “seguir trabajando por la paz y la reconciliación”.

Sin embargo, pasó más inadvertida la entrevista al etarra Fernando Arburua Iparraguirre, quien fuera fraile capuchino cuando asesinó, en nombre de ETA, a Félix de Diego de seis disparos a bocajarro de los cuales tres impactaron en corazón, vientre y pierna. A los terroristas se les llegó a encasquillar la pistola durante el asesinato. Formaban el «comando Txirrita», del que Arburua era el jefe. Este grupo criminal perpetró tres asesinatos en San Sebastián, y Arburua fue condenado por uno de ellos a 23 años de prisión. Le detuvieron en el convento de los capuchinos de San Sebastián.

El ex preso etarra asegura que “actué así porque había que actuar así” y subraya que, tras salir de prisión “nadie me ha cuestionado nada, no he tenido ningún problema”, porque “la gente de mi entorno sabe quién soy, estamos en un ambiente parecido”, destaca.

En la entrevista Arburua no reconoce de manera directa los hechos probados por los que se le condenó y cumplió prisión, ni tampoco siente arrepentimiento, afirma que, cuando alguien va a asesinar a una persona se siente “mucho nerviosismo”. “No es algo que se haga todos los días, se queda marcado”. Sin embargo, subraya que hay que pensar en la “motivación y los objetivos” que llevaron a ello y que “piensan en lo que representa esa persona, en un Estado opresor”.

El fraile capuchino, que comenzó estudiando en el seminario de Alsasua en 1978 dejó su vocación sacerdotal tras diez años de prisión. Subraya que el estudio de la teología “congeniaba muy bien con lo que tenía dentro” ya que considera que “luchaba por gente más necesitada, por los torturados” y que eso es lo mismo que “luchar por el prójimo”. Además, justifica los asesinatos porque luchaban “con las mismas armas que empleaba el Estado”. “El tema de la moral es muy relativo”, afirma.

Asesinato en el Bar Herrería

Fue a las 9:30 de la mañana del 31 de enero de 1979, cuando Félix de Diego se encontraba sentado en el Bar Herrería, propiedad de la familia de su esposa, en la localidad guipuzcoana de Irún. En ese momento dos pistoleros de la banda terrorista ETA entraron en el establecimiento y, sin mediar palabra, dispararon a quemarropa contra él, delante de su mujer, Dolores Echevarría. Después, huyeron en un vehículo que había sido robado a punta de pistola tras secuestrar a su dueño.

Félix fue trasladado al Hospital de la Cruz Roja de Irún, donde ingresó cadáver como consecuencia de las graves heridas causadas por los tres impactos de bala que recibió: uno en el corazón, otro en el vientre y otro en la pierna. La explicación de la banda terrorista fue que era “un chivato” de la Guardia Civil. Sin embargo, Félix no podía ser chivato de la Guardia Civil puesto que él mismo era miembro del Cuerpo. De hecho, era el compañero de Pardines, primer asesinado por la banda terrorista. Aquel día, fue un camionero que circulaba en sentido contrario quien le avisó con un: “¡Han matado a su compañero!”. Félix de Diego nunca superó el asesinato de su compañero.Tiempo después sufrió un accidente de tráfico y terminó siendo dado de baja para el servicio.