Rabat avisa a Sánchez: la actitud de Iglesias “no ayuda”

Su llamada a un referéndum en el Sáhara enfurece a Marruecos y multiplica la crisis migratoria

Pablo Iglesias ha elegido el peor momento para desenterrar una de las banderas que su partido enarboló con más entusiasmo cuando estaba en la oposición: los derechos del pueblo saharahui. Su apoyo explícito a la celebración de un referéndum en el Sáhara Occidental de hace dos días se redondeó ayer mismo con una petición formal de su partido en la misma línea que, además, cometía la imprudencia de acusar sin ambages a Marruecos de ser el responsable de la ruptura del alto el fuego pactado con el Frente Polisario en 1991 al irrumpir su ejército en el paso de Guerguerat. Por si fuera poco, también se instaba no solo a que España hiciera frente a las provocaciones de Marruecos sino a que también lo hiciera la Unión Europea con su apoyo explícito a un nuevo enviado especial de Naciones Unidas. Si Exteriores confiaba en que el empeoramiento progresivo de las condiciones climatologías en la zona a medida que avanza el otoño supusieran necesariamente el fin de la preferencia que las mafias de tráfico de personas estaban mostrando por esta región del occidente africano, los pronunciamientos del socio minoritario de Sánchez han contribuido a que la situación en Canarias haya sobrepasado cualquier previsión del Gobierno.

Fuentes diplomáticas explican a LA RAZÓN lo que describen como una «constante» en la relación entre España y Marruecos: siempre que el régimen de Rabat percibe debilidad de España aprovecha para ejercer presión. «Fue precisamente durante las últimas semanas de vida de Franco cuando Hassan II ordenó la Marcha verde con la que Marruecos se anexionó el Sahara español en 1975. No dejan ninguna provocación, sea real o imaginada, sin responder y en este contexto la toma de posición del vicepresidente no ayuda», constatan al tiempo que inciden en que para el régimen de Mohamed VI no hay un punto más delicado que la descolonización del Sáhara Occidental.

Fuentes en la zona conocedoras de la mecánica del fenómeno de la inmigración ilegal confirman asimismo a este diario que lo que se está viviendo en Canarias es un mensaje que manda Marruecos a España para que mida la importancia de tratar como debe a su «vecino del sur». La continua llegada de pateras desde la costa marroquí a Canarias es consecuencia directa de una cierta relajación de la vigilancia por parte de las autoridades de Rabat; y la consiguiente actuación de las mafias que tratan con seres humanos, que han encontrado en este territorio un lugar abonado para sus actividades ilícitas. A diferencia de lo que ocurre en las fronteras de Ceuta y Melilla, donde la vigilancia marroquí es intensa, con vallado propio (al que hay que unir el nuevo que se construye de lado español), la que se debería extender en la costa atlántica no parece ofrecer los resultados precisos para contener el problema. Lo cierto es que la continua llegada de inmigrantes genera un efecto de desestabilización en Canarias y, por ende, en España y que, como ocurrió en su día con la anexión del Sáhara, se produce en momentos en que nuestro país ofrece hacia el exterior una imagen de debilidad institucional.

A esto hay que sumar que Marruecos tiene, desde hace días, abierto un nuevo frente en la zona con la declaración de guerra por parte del Frente Polisario, aunque el problema de la inmigración es anterior a esta circunstancia. Los mensajes que llegan a Marruecos desde determinados sectores gubernamentales de apoyo a la causa saharaui no hacen sino dar más razones a los que han visto en Canarias la piedra de toque estratégica para presionar a España y lanzar un mensaje de que su «vecino del sur» debe ser tenido en cuenta con todas las consideraciones. Un cambio de actitud y un apoyo decidido a Marruecos podría aliviar el grave problema de inmigración con que se enfrenta Canarias.

Esta parece ser la misión poco menos imposible del encargado de apagar el fuego que Iglesias ha contribuido a agigantar. El titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, llegará mañana mismo a Rabat para intentar que las aguas vuelvan a su cauce después de ver cómo durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso el PP y Ciudadanos pedían su dimisión. La visita no es resultado de una decisión reciente sino que fue anunciada a principios de mes desde Canarias, a donde Marlaska viajó acompañado de la comisaria europea de Interior, Ylva Johansson. Por su parte, Pablo Casado ha anunciado que este fin de semana viajará a Canarias para comprobar desde el terreno la gravedad de la situación. Además, hoy en el Congreso se debatirá una PNL del PP en la que se exige al Gobierno que repatríe urgentemente a los inmigrantes del muelle de Arguineguín.