Opinión

Luis Planas: Un tecnócrata bajo la tormenta

El ministro de Agricultura se define como «educado, muy discreto, pero poco blando en la negociación»

Pilar Ferrer

Es un hombre de carácter templado, aborrece los líos, el ruido mediático y nunca ha tenido enfrentamientos dentro del Gobierno. Pero con este carácter a Luis Planas Puchades le ha estallado en las manos la irresponsable actuación del ministrillo Alberto Garzón. Tras unos días de silencio y perfil bajo, el titular de Agricultura, Pesca y Alimentación se vio obligado desde La Moncloa a realizar una cascada de declaraciones públicas sobre las «desafortunadas» palabras del comunista contra el sector ganadero español, a quien Planas conoce muy bien y se apresuró a defender.

Ministro Planas.
Ministro Planas. FOTO: Platón Ilustración

Cuentan que tras el Consejo de Ministros del pasado martes hizo un aparte con Garzón, le afeó su conducta y el no haberle ni siquiera consultado como primer titular de la materia. Compañeros del Gabinete que observaron la conversación dicen que Planas nunca perdió las formas y que el ministrillo de Izquierda Unida se reafirmó en sus manifestaciones. Tras una semana de presencia en los medios, siguiendo la nueva estrategia de Moncloa, el titular de Agricultura ha vuelto a su estilo callado bajo la tormenta con la consigna del núcleo duro del presidente Pedro Sánchez de pasar página, a ver si amaina. La cosa no parece tan fácil.

A Luis Planas Puchades le horrorizan este tipo de polémicas, acostumbrado a negociaciones en la sombra y escasa presencia en los medios informativos. «Soy educado, muy discreto pero poco blando en la negociación», dice de sí mismo el ministro de Agricultura, definición de un perfecto tecnócrata que antepone la razón y la gestión, sobre todo en parcelas económicas, a cualquier otra cosa. Fruto de su formación técnica y diplomática, la última metedura de pata del comunista Garzón le ha sentado como un jarro de agua helada. Pese a militar desde hace tres décadas en el PSOE, sus compañeros destacan su perfil de gestor técnico antes que una estricta cultura de partido.

En medio de arduas negociaciones en Bruselas sobre la Política Agraria Común (PAC), las subvenciones al campo o el efecto del Brexit en el sector agroalimentario y pesquero, los ataques de Garzón contra la cuarta industria del país en un diario británico no pudieron ser más inoportunos. Luis Planas primero tragó saliva y se calló, luego habló por indicación de Moncloa y de nuevo ha vuelto a su habitual discreción a ver si pasa la galerna. Algo que no parece desear el ministrillo comunista con el objetivo de tener protagonismo en las elecciones de Castilla y León. Los morados, y sobre todo Yolanda Díaz, le han apoyado sin fisuras.

Nacido en Valencia, sobrino de Josep María Planes, uno de los impulsores del periodismo científico en Cataluña, asesinado por anarquistas de la FAI durante la Guerra Civil española, se licenció en Derecho con Premio Extraordinario, es Inspector de Trabajo y Seguridad Social, y también diplomático. Por ello su vida ha transcurrido entre la política y la diplomacia como diputado socialista por Córdoba, consejero de Agricultura, Pesca y Alimentación de la Junta de Andalucía, representante permanente de España ante la Unión Europea y Embajador en Marruecos con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Buen conocedor de los asuntos europeos fue jefe de gabinete del entonces vicepresidente de la Comisión Europea, Manuel Marín, y posteriormente del comisario Pedro Solbes.

En su entorno destacan su formación de tecnócrata y gran conocimiento de los despachos en Bruselas. «Es un eurócrata puro», dice un colaborador. En 2018, mientras paseaba por su olivar cordobés, recibió la llamada de Pedro Sánchez para ser ministro de Agricultura donde ha reformado la Ley de la Cadena Alimentaria y los presupuestos del sector agroalimentario y pesquero, con protestas del mundo rural por los recortes de la UE. En un sector tan sensible, las declaraciones de Garzón han sido nefastas.

Casado con María Jesús Herrera, responsable de España ante la Organización Internacional de Migraciones de la ONU (OIM), es padre de dos hijos, uno de ellos, Luis Planas Herrera, secretario de Acción Electoral y Participación en la Unión Europea. Según su declaración de bienes en el Congreso de los Diputados, el ministro posee cinco viviendas, dos en Córdoba, dos en Madrid y una en Rabat, que adquirió cuando era Embajador en Marruecos. Su gran pasión es la finca rústica de Córdoba, con terreno, vivienda y un extenso olivar, dónde al ministro le gusta perderse y desconectar. Inscrita a nombre de su esposa, la finca está calificada como «agricultura activa», definición de los territorios agrícolas a tiempo parcial con una labor social y medioambiental, por lo que recibe ayudas directas dentro de la PAC. Estas subvenciones son uno de los escollos más duros en las negociaciones del Plan Estratégico que debe presentarse en Bruselas. Su coche particular es un Volvo V60 comprado hace nueve años.

Es un hombre culto y políglota, habla español, catalán, inglés, francés, alemán e italiano. Muy discreto en su vida privada, le gusta el arte contemporáneo y la lectura de sus escritores favoritos, Juan Marsé, Flaubert, Chejov y Max Aub. En música va desde la clásica de Prokofiev, Debussy y Schubert hasta la melódica de Ives Montand o Juan Manuel Serrat. En cine su película preferida es «El guateque», de Blake Edwards. Durante su gestión al frente del ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación no ha estado exento de polémicas con el sector por los recortes de la UE, regulación de las promociones comerciales y el fortalecimiento de la Agencia de Información y Control Alimentarios. Sus detractores le acusan de excesivo perfil bajo y, en esta crisis de Alberto Garzón contra la industria cárnica, de haber estado desaparecido diez días y luego hacer declaraciones algo tibias, no lo suficientemente contundentes contra el ministrillo comunista. En todo caso, hasta los críticos admiten que al menos Luis Planas tiene formación acreditada y sí conoce su negociado.