Sánchez sacrifica a Podemos y no rechazará a Feijóo

Aprovecha su debilidad para actuar como si el PSOE gobernara en solitario. Los socialistas anticipan acuerdos con el PP a pesar del pacto con VOX

El presidente del Partido Popular canario, Manuel Domínguez, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente del PP de Tenerife, Emilio Navarro, intervienen en un acto del PP en el Parque Marítimo César Manrique
El presidente del Partido Popular canario, Manuel Domínguez, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente del PP de Tenerife, Emilio Navarro, intervienen en un acto del PP en el Parque Marítimo César Manrique FOTO: Europa Press Europa Press

Podemos ha quedado reducido a satélite parlamentario del PSOE. La coalición de Gobierno no existe, está ya rota, aunque las dos partes miren para otro lado con un interés compartido en no asumir el coste de esa ruptura antes de tiempo. Entre OTAN y Podemos, Sánchez ha elegido estar del lado de Europa y de la OTAN en un momento crucial para el mundo. Tampoco había alternativa.

Esta crisis mundial está dejando más en evidencia que nunca hasta qué punto Sánchez está al frente de un Gobierno roto, en el que la parte socialista se ha hecho con todo el poder de las decisiones estratégicas, mientras que las ministras moradas, Ione Belarra e Irene Montero, y el ministro de la cuota de IU, Alberto Garzón, están tan fuera de lugar que su continuidad en el Gobierno sólo se explica por la precaria situación que atraviesa su partido.

Las perspectivas electorales son malas, les falla la implantación territorial, y las elecciones andaluzas y municipales amenazan con ser la tumba de un proyecto que no tiene más salida para su supervivencia que la firma de un armisticio con la vicepresidenta, Yolanda Díaz. Podemos tiene que elegir entre susto o muerte, y seguir pedaleando en medio de sus contradicciones mientras su jefe pregona puertas a fuera un pacifismo que sólo deja más en evidencia la traición de sus siglas a sus principios fundadores. Su única salida está en que Enrique Santiago, PCE, consiga tener éxito en su labor de mediación para que Podemos entregue su estructura orgánica a la vicepresidenta, y ésta la utilice para liderar un proyecto que bien podría integrarse en el del PSOE, a la manera de una Izquierda Socialista ajustada a los nuevos tiempos. Podemos no es un socio presentable para Sánchez ni en Europa ni ante sus socios atlantistas. No le sirve tampoco para oficializar la cumbre de la OTAN en Madrid, pero su debilidad amplía el margen de maniobra del presidente del Gobierno para desempeñar el papel internacional al que le obligan los compromisos de España dentro de la UE y en la relación con los países aliados.

El Gobierno ha cargado la agenda del Congreso de los Diputados de leyes sociales que suenan bien a Podemos y a ERC, pero que no contarán con el apoyo del PNV salvo que introduzca severos cambios en su contenido. Pero para todas las posibles decisiones difíciles que haya que adoptar como consecuencia de la guerra de Ucrania, Sánchez tendrá que echar mano de los nacionalistas vascos antes que de sus socios de izquierda. De la misma manera que es más fácil que pueda pactar antes con el que será el nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que con Montero y Belarra, a pesar incluso del pacto del PP con Vox en Castilla y León.

La guerra y la nueva crisis económica que se deriva de ella están acelerando movimientos tectónicos en la arquitectura del tablero político nacional, en el que Feijóo asumirá el control de un partido sumido en una grave crisis de deterioro. Pero en el que el presidente de la Xunta aparece como la gran esperanza frente al legado de Pablo Casado. Estos días se escucha cada vez más en el lado popular, y también en el socialista, la idea de que Sánchez y Feijóo están condenados a entenderse en algunos temas cruciales porque les viene bien a los dos. Sánchez tiene que blindar su voto más centrista, y Feijóo busca recolectar en ese caladero y rebañar algo en el de Vox con una política constructiva y de utilidad.

El daño del pacto con Vox solo tiene como remedio que el PP sea capaz de disputar unas elecciones en Andalucía de las que salga sin hipotecas con el partido de Santiago Abascal. Casado dinamitó a Ciudadanos, y ahora el único socio viable de los populares es Vox.

Si en Andalucía el PP consigue el objetivo de ayudar a que Ciudadanos salve al menos un diputado por provincia (sólo necesitan el 3 por ciento por su sistema electoral), la esperanza popular es que pueda llegar a sostener el Gobierno sin depender de Vox y que esto marque un punto de inflexión. Si no sucede así, Feijóo tendrá que readaptar su discurso a una realidad que, salvo milagro, le lleva a que pueda ganar las elecciones generales, pero quede atado a un pacto de gobierno con Abascal.

La incertidumbre política a la que se enfrenta el Gobierno y la oposición tienen como nexo en común el riesgo de que si no aciertan en sus decisiones como referentes principales del sistema, los beneficiados serán los extremos. que les acompañan. Y en el caso socialista, que la abstención del votante acabe por alejarles de la suma necesaria para mantenerse en La Moncloa.