Guernica y Belchite, lugares de Memoria Democrática

La norma prevé incluir la carretera de la Desbandá y la antigua plaza de toros de Badajoz

Imagen de Guernica el 26 de abril de 1937, fecha del ataque combinado de fuerzas de aviación alemanas e italianas
Imagen de Guernica el 26 de abril de 1937, fecha del ataque combinado de fuerzas de aviación alemanas e italianas FOTO: Ap. La Razón

La carretera de Málaga a Almería, el pueblo viejo de Belchite, la antigua plaza de toros de Badajoz y la localidad vasca de Guernica serán incluidos con toda probabilidad como nuevos lugares de memoria democrática tras aprobarse la ley en el Congreso de los Diputados el pasado mes de julio. Estos lugares y otros de una larga lista, elaborada por familiares de las víctimas, asociaciones de la memoria y comunidades autónomas, podrían figurar en ese catálogo, ya que la nueva norma, que entrará en vigor en septiembre, tras su paso por el Senado y su publicación en el BOE, contempla la creación de un inventario estatal con una finalidad «informativa, conmemorativa y didáctica».

Se unirían así al Valle de los Caídos, el Fuerte de San Cristóbal en Pamplona, el Panteón de Hombres Ilustres en Madrid, el Palacio de la Cumbre en San Sebastián y el Centro Documental de la Memoria Histórica, con sede en Salamanca y en el que se integra el Archivo General de la Guerra Civil, que ya están citados en la ley.

La norma señala que los lugares de memoria democrática serán aquellos espacios, inmuebles, parajes o patrimonios culturales inmateriales donde haya habido hechos de especial relevancia vinculados a la «represión y violencia» sobre la población, como consecuencia de la resistencia al golpe de Estado de julio de 1936, la Guerra Civil, la dictadura franquista, el exilio, con vistas a «la lucha por la recuperación y profundización de los valores democráticos».

La competencia para declararlos la tendrá la Secretaría de Estado de Memoria Democrática por iniciativa de la Dirección General relacionada con esta materia o como sugerencia de otras entidades.

El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Emilio silva, estima que deben de ser muchos más los lugares de memoria democrática y recuerda que varias comunidades autónomas tienen leyes propias de la Memoria, donde así los reconocen. Reclama que en la Real Casa de Correos, hoy sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid y que albergó la Dirección General de Seguridad durante el franquismo, se instale una placa en recuerdo de las personas que allí fueron detenidas y torturadas.

El pasado mes de marzo, la mayoría del Congreso aprobó una iniciativa del PSOE que declaraba como lugar de memoria democrática la carretera de Málaga a Almería en la que se produjo el éxodo de refugiados de la Guerra Civil y la matanza posterior, conocido como la Desbandá. Sucedió a principios de febrero de 1937, cuando más de 150.000 personas huyeron por carretera hacia Almería, reducto aún republicano, ante la inminente ocupación de Málaga por las tropas franquistas. Murieron miles de ciudadanos a causa de los bombardeos constantes de la armada y de la aviación militar en una zona en la que la población civil no tenía escapatoria.

El pueblo viejo de Belchite también podría ser declarado como lugar de memoria. Fue el escenario de una de las más cruentas batallas de la guerra y, según los historiadores, murieron unas 5.000 personas en 15 días. Se inició el 24 de agosto y concluyó el 6 de septiembre de 1937 en el marco de la ofensiva del Ejército Popular sobre Zaragoza, y terminada la guerra, el régimen de Franco decidió no reconstruir el pueblo sino crear uno nuevo al lado, conocido hoy como Belchite nuevo.

Las ruinas del anterior se dejaron intactas como recuerdo de la Guerra Civil y el conjunto se conoce como Pueblo Viejo de Belchite, vallado desde 2013 y en el que solo se admiten visitas guiadas, organizadas por el ayuntamiento.

La plaza de toros de Badajoz y las tapias del cementerio de San Juan de la ciudad extremeña también podrían formar parte de este catálogo, ya que se calcula que allí, entre la noche del 14 y la mañana del 15 de agosto de 1936, fueron asesinadas entre 1.800 y 4.000 personas, civiles y militares, por el Ejército sublevado.

Constituye uno de los sucesos más controvertidos de la guerra y nunca hubo una investigación oficial, aunque varias asociaciones de derechos humanos los calificaron como crímenes contra la humanidad y se denunció como genocidio en 2007 ante la Audiencia Nacional, denuncia que no prosperó al haber fallecido los máximos responsables de la matanza y ser un delito que no estaba tipificado al cometerse.

Esa matanza se conoció en su momento por los corresponsales extranjeros, aunque los oficiales sublevados negaron la masacre y desaparecieron los archivos relacionados con lo sucedido.

Desde 1986, cada 15 de agosto se lleva a cabo en el cementerio viejo de Badajoz un acto de homenaje a las víctimas. Además, la principal avenida de la ciudad lleva el nombre del entonces alcalde, Sinforiano Madroñero, socialista, también ejecutado.

En 2002 se demolió la antigua plaza de toros para levantar el nuevo Palacio de Congresos, donde hay una escultura en recuerdo de las víctimas, y en 2009 el ayuntamiento retapió los antiguos muros del cementerio, alegando motivos urbanísticos y mal estado de los mismos.

En el listado no podría faltar la localidad vasca de Guernica, símbolo nacional e internacional de la masacre de una población civil, como la que allí se sufrió el 26 de abril de 1937 a manos de la alemana Legión Cóndor y la Aviación Legionaria italiana, bombardeo que causó, según el Gobierno vasco, 1.645 muertos y 889 heridos.

Los aviones descargaron bombas explosivas e incendiarias, que provocaron una gran destrucción, más del 70 por ciento de los edificios. El ataque fue considerado como un ensayo de los nazis de las tácticas de que utilizarían posteriormente durante la II Guerra Mundial –la Legión Cóndor actuó de forma autónoma para acortar la campaña– y se tardó varios días en poder sofocar las llamas.