Casado «toma» el feudo andaluz para frenar a Rivera

La organización regional reclama el apoyo de Feijóo pero recela del perfil de Aznar.

La organización regional reclama el apoyo de Feijóo pero recela del perfil de Aznar.

El nuevo PP jugará la campaña andaluza en clave nacional para intentar contener el tirón de Albert Rivera y, sobre todo, de Inés Arrimadas en favor de la marca regional de Ciudadanos (Cs). La dirección que surgió del Congreso de julio, en el que se relevó a Mariano Rajoy, asumió el estado de la maquinaria electoral en Andalucía tal y como estaba. No tenían tiempo para hacer cambios porque ya en verano se estaba a la espera de que la presidenta de la Junta, Susana Díaz, convocara las autonómicas sin agotar el plazo de la legislatura.

En Génova asumen «debilidades» en esa estructura electoral, que han decidido cubrir con un despliegue de cargos nacionales y territoriales en la precampaña y en la campaña para reforzar la figura de su candidato, Juan Manuel Moreno. Moreno apostó por la ex vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en el Congreso de la sucesión, y, precisamente, por su afinidad con Santamaría ha tenido siempre enfrente a la hoy ex secretaria general María Dolores de Cospedal.

Nada más aterrizar en Génova Casado se desplazó a Andalucía para hacerse la foto de la unidad con Moreno dentro de la estrategia que desplegó durante el verano para cerrar las heridas del proceso congresual.

Moreno hará campaña escoltado por el nuevo PP. El líder nacional tiene ya programadas nueve visitas en precampaña, y en otras tantas ocasiones irá el secretario general, Teodoro García Egea. Y Casado hará una campaña paralela a la oficial de su candidato.

Los «barones» también se implicarán, sobre todo los que tienen «mejor imagen» en esta comunidad autónoma, para arrimar el hombre en la «pelea» del PP contra Ciudadanos. Las organizaciones provinciales reclaman al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, por ejemplo, pero, sin embargo, son mucho más reticentes al perfil del ex presidente José María Aznar. El PP está a la espera de que la reconciliación con la nueva dirección se concrete en la vuelta de Aznar a actos de campaña.

Tanto a nivel nacional como regional los populares descartan oficialmente que Cs esté en condiciones de arrebatarles el segundo puesto, pero es ahí donde el PP se juega realmente el ser o no ser en estas elecciones. Casado aprobará si sus siglas aguantan en segundo puesto y pueden sumar con el partido de Rivera, lo que le permitirá trasladar a la formación naranja la responsabilidad de que no sea posible la alternancia. Andalucía no es Cataluña, y en esta región el PP no podría encontrar ninguna justificación para el hecho de que el voto útil del centro derecha se uniera a las siglas del partido de Rivera en lugar de a las suyas. Casado aprovechó la reunión del Comité Ejecutivo para movilizar al PP ante las andaluzas con el mensaje de que están en condiciones de obtener buenos resultados, según las encuestas que dice que manejan. La Ejecutiva cerró filas respecto a su estrategia de oposición, y, en concreto, sobre su decisión de trasladar a Bruselas el mensaje crítico con los Presupuestos de 2019 pactados por el Gobierno socialista con Podemos.

Casado afronta un incierto proceso electoral, no sólo por las elecciones andaluzas, sino también por los demás comicios que examinarán al nuevo PP casi recién aterrizado en Génova, y necesita sellar la unidad interna para que no salten fisuras desestabilizadoras.

Ayer almorzó con los dirigentes territoriales que participaron en el Comité Ejecutivo y delante de él nadie enmendó su labor de oposición. En esto el PP no ha cambiado sus hábitos: las críticas siempre se producen fuera de los órganos de dirección. Por cierto, el PP vuelve a retrasar la designación de los candidatos de mayo. Esto afecta a Madrid, en donde crecen las presiones de los afines a Cospedal para que entre en el juego de la candidatura a la Alcaldía de la capital. El PP de Madrid, por boca de Pío García Escudero, exigió a Génova que tome ya su decisión.