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El Gobierno a Bárcenas : «No le va a servir de nada»

La Razón
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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, está manejando en privado el «caso Bárcenas» con muy pocas diferencias con respecto a su actitud en público. Estos días su posición ante la ciudadanía ha sido la de remitirse a sus declaraciones anteriores y esquivar el asunto, aunque esté monopolizando la agenda política y mediática. Incluso llegó a insinuar esta pasada semana que en vez de dirigir el foco a esta polémica convendría que la atención se colocase en las cosas de verdad importantes para España. De puertas hacia adentro su actitud ha sido muy parecida.

El presidente ha mantenido su agenda y el nombre del ex tesorero no ha estado, por supuesto, en la mesa del Consejo de Ministros, pero tampoco de él ha hablado con la mayoría de sus colaboradores ni de sus ministros. Rajoy actúa en privado como en público, como si Bárcenas no fuese un problema suyo. Sólo muy pocos están en la gestión de este delicado asunto. Tan pocos que, como dice el refrán, pueden contarse con los dedos de una mano. Para el resto, lo que ha intentado es imponer una sensación de absoluta normalidad, debajo de la que se asienta la preocupación no por los efectos jurídicos, pero sí por el desgaste político y personal. «Rajoy es un hombre honesto, que está en política por vocación de servicio público. Y la injusticia de verse señalado le está afectando personalmente, pero en su naturaleza está sobrevolar y dejar que el tiempo vaya colocando las cosas en su sitio», sostiene uno de sus colaboradores en Moncloa.

Una semana después de que Bárcenas irrumpiese de nuevo en escena utilizando al diario «El Mundo» para enseñar una «patita» de los originales de los «papeles» que hasta ahora había negado, el análisis que hacen en el Ejecutivo es que el ex tesorero ha cambiado de estrategia «a la desesperada» para presionar, entre otros motivos, por el recurso que ha presentado para que se revise su entrada en prisión «y para conseguir lo que hasta ahora no ha conseguido». La respuesta es tajante por boca de uno de los ministros más informado sobre este asunto: «No le va a servir de nada».

La impresión es que Bárcenas está en una situación imposible en buena medida porque ha seguido una estrategia de defensa «suicida, llena de contradicciones y mentiras». «En estos momentos no tiene salida», añaden. Esta confianza en que el «caso de los papeles» no tendrá recorrido judicial es la que ampara la decisión del presidente de quedarse al margen y aguantar «sin enredarse en una escalada de desmentidos» con el ex tesorero del PP. El coste es grande ante la ciudadanía, pero incluso también en clave interna. Y el presidente es consciente de ello, pero su decisión es que ésta es la mejor manera de actuar. No moverse de la posición fijada en enero y esperar a ver por dónde se mueve su adversario.

Esta actitud está provocando incluso desconcierto dentro de su organización política. No tienen información, más allá de la confusión que marca el debate público, pero sobre todo porque nadie sabe por dónde va a «atacar» Bárcenas en los próximos días. Sea lo que sea, la decisión de no añadir nada a la posición en la que se colocaron en enero parece casi inamovible. Moncloa explica que el Gobierno va a mantener su agenda de reformas para los próximos meses y reforzará su presencia pública, aunque el ruido de Bárcenas se imponga sobre sus actuaciones. «Vamos a seguir trabajando con normalidad, sin cambiar nada. Y cuando el juez se pronuncie veremos quién tenía razón y quiénes han estado aprovechando la situación para jugar su partida política», sentencia un «fontanero» de Moncloa. Ese momento será decisivo para la ciudadanía, pero también para el partido ya que el coste del «caso Bárcenas» también está siendo muy importante dentro de la estructura. Al final, hay sombras que se han instalado sobre los procedimientos de Génova que puede que acaben generando cambios.

De momento, la dirección popular salió ayer a defenderse de nuevo con la denuncia de que detrás de la vuelta a la primera línea de los «papeles de Bárcenas» hay una operación para «deslegitimar al Gobierno». Así se pronunció el vicesecretario de Comunicación, Carlos Floriano, durante la clausura de la Escuela de Verano del PP de Andalucía. Floriano insistió en que Rajoy ya dio en enero explicaciones «hasta la saciedad, que son las mismas que damos nosotros todos los días». «Quieren deslegitimar al Gobierno, no explicaciones», sentenció.