El PP reclama contundencia: "Aguirre y Cifuentes son cadáveres que nos lastran"

Génova apela a la presunción de inocencia Dirigentes populares piden una «política de ruptura y tolerancia cero con el pasado».

Casado, ayer en Palencia. Hoy reúne a su nuevo Comité de Dirección para prepararse ante cualquier escenario político
Casado, ayer en Palencia. Hoy reúne a su nuevo Comité de Dirección para prepararse ante cualquier escenario político

Génova apela a la presunción de inocencia Dirigentes populares piden una «política de ruptura y tolerancia cero con el pasado».

La decisión del juez Manuel García Castellón de imputar a las ex presidentas de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes en el «caso Púnica» no ha pillado por sorpresa a la dirección nacional del PP ni al nuevo equipo que está al frente del Gobierno regional madrileño. El argumentario oficial estaba ya escrito. «Respeto a la presunción de inocencia. Conocemos muchos casos de gente investigada y que luego se ha quedado en nada. Y a la que se ha condenado políticamente con antelación. Por supuesto, dentro del respeto máximo y colaboración con la acción judicial», afirman en la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, que ahora preside la popular Isabel Díaz Ayuso en coalición con Ciudadanos.

El mantra de que el PP siempre respetará las decisiones judiciales y la presunción de inocencia es el escudo oficial con el que plantan cara a un nuevo capítulo de lo que dentro de la organización popular califican de «una herencia tóxica», sobre la que «el nuevo PP debe levantar un muro total al margen de relaciones personales, afinidades o deudas políticas». Pablo Casado, el líder nacional del PP, viene de la escuela de Aguirre, como también estuvo ahí Díaz Ayuso. Y en el equipo actual de Génova, más en el que tiene tareas de asesoramiento que en el orgánico, hay vínculos estrechos con el «aguirrismo». Sin ir más lejos, la portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, ha tenido una relación muy cercana, personal, con Aguirre, como también otras personas en las que se apoya para hacer frente a sus nuevas responsabilidades parlamentarias.

Pero fuera de este ámbito tan próximo al núcleo de poder del PP la visión que se tiene de Aguirre y de Cifuentes es que son «dos cadáveres políticos que siguen lastrando la imagen del PP». «El runrún de la corrupción sigue perjudicándonos. Hemos pagado ya mucho. Y la caída de Rajoy fue un alivio en esa carga, pero el problema sigue estando ahí. Estético, aunque ya no sea de responsabilidades directas o indirectas en permitir las tramas de corrupción que han esquilmado al partido. Y sólo queda una política de ruptura y de tolerancia cero con ese pasado», sentencia un presidente autonómico, por cierto, de la nueva hornada que ha llegado al poder territorial.

La gestión interna plantea a la dirección nacional y madrileña el problema añadido de que el PP de Madrid es todavía una olla a presión. Ayuso estaba en el partido en la etapa de Aguirre y de Cifuentes, en tareas técnicas, en ningún caso participó de la toma de decisiones ni hay ningún elemento que la vincule con el flujo de fondos en B que investiga la Justicia. En todos los años de investigación ni siquiera ha sido citada como testigo, aunque desde la izquierda se la quiera mezclar con los casos que se han llevado por delante a toda la cúpula de poder de la que se rodeó Aguirre. Pero Ayuso tiene que gestionar un PP en el que todavía hay restos del «aguirrismo», que enredan, y que incluso pueden ser dañinos como «fuego amigo». Los riesgos de fractura interna obligan a la dirección nacional a medir el discurso y los gestos para no alimentar motines desde dentro, o también por parte de algunos, que hoy ya fuera, estuvieron en altos cargos y se creen con capacidad de presionar con la información que atesoraron de aquella etapa.

La reacción oficial del PP impone la prudencia y resta también importancia al alcance de casos que pertenecen al pasado y que ocurrieron cuando tanto Casado como Ayuso estaban fuera de la cadena de mando. «Estamos hablando de campañas del 2008 y de esos años. Es evidente que Isabel (Díaz Ayuso) no estaba en esas cosas por entonces, y que no tenían ninguna responsabilidad», insisten en Madrid.

Dentro del PP no cuestionan esta afirmación. Pero sí están vigilantes con la gestión que haga Casado de este escándalo que le estalla como líder del PP y que puede ser, en función de cómo evolucione estas imputaciones, la primera medida de su compromiso con la regeneración democrática. Ésta fue una de sus banderas cuando fue elegido como nuevo presidente nacional del PP en julio del año pasado, en el Congreso que decidió el relevo de Mariano Rajoy tras la moción de censura que le desalojó de Moncloa.

Casado se presentó como el líder de una nueva etapa, sin hipotecas con el pasado ni con los casos de corrupción que tanto daño electoral han hecho a su formación. «Los procesos siguen. Los responsables están fuera. Pero es muy importante marcar un discurso que traslade con claridad a la opinión pública la idea de que no somos los mismos de antes». La afirmación es de un actual miembro del Comité de Dirección del PP.