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Internet y «fake news», así ha sido la injerencia rusa en la crisis catalana

El Gobierno constata la intervención en Cataluña de «hackers» venezolanos y rusos, una práctica difícil de demostrar y que se ampara en la opacidad de la Red.

  • El político ultranacionalista ruso Vladímir Zhirinovski se manifiesta ante el consulado español en apoyo a la independencia de Cataluña
    El político ultranacionalista ruso Vladímir Zhirinovski se manifiesta ante el consulado español en apoyo a la independencia de Cataluña

Tiempo de lectura 4 min.

11 de noviembre de 2017. 09:37h

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José Cervera.  11/11/2017

El Gobierno español da por contrastada la intervención de hackers procedentes de Rusia y Venezuela en la crisis institucional de Cataluña. Con prudencia, sin acusar directamente al Gobierno ruso, ni tampoco al venezolano, pero es la primera vez que el Ejecutivo admite que hay injerencias de estos dos países en la crisis independentista. En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, tanto la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, como el ministro portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, reconocieron que se habían detectado movimientos, sobre todo a nivel de mensajes de las redes sociales, cuyo origen estaba en terreno ruso, y también de otros sitios alejados de la UE, en alusión a Venezuela. En ese sentido, Méndez de Vigo defendió la necesidad de que las democracias sean capaces de hacer frente a los retos que se derivan de las nuevas tecnologías porque de ahí pueden venir ataques fundamentales, precisamente, para la democracia. Esto exige una respuesta global, indicó, y por eso será un asunto que entre en la agenda del Consejo de Asuntos Exteriores, informa C. Morodo.

La crisis catalana. La elección de Donald Trump en los EE UU. El Brexit en el Reino Unido. Varios súbitos aumentos de la tensión internacional en los últimos tiempos en países de Occidente se han vinculado con la participación de agentes de desinformación relacionados con Rusia; estos agentes actuarían a través de la diseminación de noticias falsas («fake news») y la exacerbación de tensiones sociales con actuaciones provocadoras en redes sociales. Declaraciones del Gobierno español, y en especial del ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, achacan a hackers rusos o incluso venezolanos su participación en la actual y tensa situación catalana. El problema es que si resulta complicado demostrar la culpabilidad de un adversario cuando ataca infraestructuras en la Red mucho más complicado es probar una intervención de desinformación. Lo que, por otra parte, la hace especialmente atractiva para desestabilizar sociedades abiertas.

En las navidades de 2015 y 2016 las luces se apagaron en varios distritos ucranianos, afectando a casi 250.000 personas el primer año y desconectando una quinta parte de la capacidad de generación eléctrica de la región de Kiev en la segunda. El análisis posterior demostró que los responsables habían sido ataques cibernéticos llevados a cabo mediante virus informáticos hechos a medida e infiltrados en los ordenadores de las empresas eléctricas ucranianas con técnicas de ingeniería social. La sofisticación del ataque y la situación de enemistad actual entre Ucrania y Rusia sugieren que los responsables fueron atacantes de esta nacionalidad; se sabe que varios grupos de «crackers» (hackers malignos) de esta nacionalidad actúan atacando redes en países occidentales y de la órbita de Moscú usando técnicas muy hábiles. Aunque demostrar la procedencia real de un ataque en la Red es una tarea muy complicada: lo primero que aprende un hacker que se precie es a esconder y confundir su rastro.

Y si esto ocurre cuando se trata de ataques directos con consecuencias reales, mucho más complicado aún es demostrar autoría cuando se trata de un ataque de desinformación. Existen indicios de participación de cuentas con base en Rusia en redes sociales estadounidenses; estas cuentas contribuyeron a diseminar falsas noticias y conspiraciones inventadas, y a denigrar a uno de los candidatos a las elecciones estadounidenses (Hillary Clinton) mientras ensalzaban al otro (Donald Trump). Similares actos se han detectado durante la campaña del referéndum del Brexit en el Reino Unido, así como en los prolegómenos de las últimas elecciones en Francia y Alemania (aunque con mucho menos efecto). Hay quien agrupa todos estos actos con ataques mucho más reales, como los de Ucrania, en una campaña organizada de la Federación Rusa contra Occidente, y en especial contra la Unión Europea. Esta actitud es especialmente prevalente en políticos de países de Europa oriental, más cercanos y más temerosos de Moscú, y ha llevado a la firma de una Declaración de Praga denunciando estas acciones y su intención de causar caos entre los aliados occidentales.

Pero se trata de un tipo de injerencia especialmente difícil de demostrar, ya que se confunde con facilidad con el mero sensacionalismo y la ignorancia de los detalles. Puede que medios informativos vinculados al Kremlin hayan contado algunas noticias sobre Cataluña con una notable falta de tacto y bastante desconocimiento de los matices, pero esto puede explicarse como mera incompetencia en lugar de como un ataque deliberado. Tal vez algunos de los trolls con mayor capacidad de tergiversación y creación de tensiones sean rusos o venezolanos, pero resulta complicado de demostrar. La investigación sobre posibles injerencias rusas en la campaña estadounidense lleva un año trabajando con la cooperación plena de las plataformas afectadas como Facebook, sin que haya conclusiones sólidas todavía. Demostrar la existencia y procedencia de un ataque de este tipo es muy complicado por las dificultades técnicas que impone Internet.

Aunque al mismo tiempo y precisamente por eso es una vía de ataque que permite al responsable negar su participación, lo que la puede hacer muy tentadora para cierto tipo de mentalidades. Con un coste reducido, pocas posibilidades de sufrir consecuencias y el potencial de sembrar la desconfianza y el caos interno entre tus rivales geopolíticos no se puede descartar su uso por parte de potencias rivales. Lo complicado será defenderse de una forma tan sutil de injerencia que es difícil demostrar siquiera que existe.

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