Investidura

Moncloa presiona para pactar con Puigdemont antes del 26S

El expresidente catalán traslada a su entorno que el acuerdo está cerrado y que Yolanda Díaz le dijo que iba en nombre de Sánchez

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (i) recibe de manos del Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, la memoria de la institución que encabeza correspondiente a 2022, este miércoles en el Palacio de la Moncloa.
El presidente en funciones, Pedro Sánchez, ayer, con el fiscal general del Estado, Álvaro García OrtizPOOL MONCLOA/ Borja Puig de la Bellacasa Agencia EFE

Moncloa está moviéndose con celeridad, y presionando a sus socios para que colaboren, porque quiere tener cerrado un acuerdo con el independentismo, cueste lo que cueste, para el 26 de septiembre, es decir, para la fecha en la que tiene que celebrarse la sesión de investidura de Alberto Núñez Feijóo. Tras el encargo del Rey a Feijóo, siguiendo la costumbre de escoger al candidato más votado, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, acordó con el líder del PP fijar el Pleno para someterse a la confianza del Parlamento para los días 26 y 27 de septiembre, siendo la segunda fecha cuando debe tener lugar la primera votación. De no tener la mayoría absoluta, la segunda votación se celebrará el viernes 29, y al candidato popular le valdría con más síes que noes.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha marcado ese día 26 porque ambiciona poder dinamitar la investidura de Feijóo con su acuerdo con el expresidente fugado de la Generalitat Carles Puigdemont. Todo lleva a pensar que Feijóo no saldrá investido en ninguna de las votaciones: tiene 172 votos a favor (PP, Vox, UPN y CC), por lo que le faltan cuatro para poder sacar adelante la primera votación.

Puigdemont mantuvo ayer una videoconferencia con su entorno, en la que les trasladó que para él era muy importante lo que sucediera el día 19 en la votación en el Consejo de la UE sobre el uso del catalán. Pero, no obstante, también dio por cerrado el acuerdo sobre la amnistía y para implementar el referéndum, aunque esto no signifique casarse con Sánchez y que mantendrá el chantaje en cada votación y en el día a día. Además, dijo que le gustaría que el PP entrara en el acuerdo para no tener luego problemas en el Tribunal Supremo, y les adelantó que la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Yolanda Díaz, le había dicho en su visita a Bruselas que iba en nombre de Sánchez. Aunque Moncloa y el PSOE lo negaran.

"Encerrona"

Por otra parte, Moncloa se está aplicando mucho para intentar tener resuelto el pacto con Puigdemont para el día 26 y poder presentarse así en el Parlamento teniendo detrás el apoyo de Junts, ERC, PNV y Bildu, lo que creen que convertiría el Pleno de investidura de Feijóo en una «encerrona» para el líder popular, además de empañar una sesión parlamentaria que el candidato del PP usará como plataforma desde la que criticar la negociación de Sánchez para mantenerse en el poder pese a no haber ganado.

En el entorno de Sánchez no vieron en un primer momento con buenos ojos la decisión de Felipe VI de proponerle como candidato y reconocerle el protagonismo como ganador de las generales, aunque hayan intentado darle la vuelta a la situación filtrando la tesis de que en este mes el candidato popular solo «va a desgastarse», y es tiempo que ellos ganan para pactar la amnistía y las demás concesiones a sus socios para tener su apoyo en el Congreso.

Para conseguir acelerar el pacto hay presiones directas e indirectas sobre el entorno de Puigdemont, y están funcionando canales de interlocución en otros niveles externos al del equipo negociador de Moncloa. «Ahora hay que pasar la Diada», dice el mantra oficial, porque es una fecha muy simbólica para el independentismo, pero después del 11 de septiembre apretarán en las negociaciones, que aseguran ya están «muy avanzadas», para dinamitar la investidura de Feijóo.

"Sin contratiempos"

Todo depende de Puigdemont, porque, una vez que esté cerrado el pacto con él, las demás siglas de esta alianza de independentistas, nacionalistas y la izquierda «fluirá sin mayores contratiempos». O al menos en este escenario trabajan en Moncloa, tan confiados en que las condiciones de Puigdemont serán razonables que ya han empezado a trasladar esa confianza en la continuidad de Sánchez a algunos de los principales referentes del poder institucional y económico.

En el equipo de Sánchez no ven ningún obstáculo en esas exigencias y la campaña que han puesto en marcha entre los núcleos de poder del país sostiene que el pacto no llegará a la posición de máximos de Puigdemont. Los «fontaneros» de Moncloa están trabajando a máquina forzada para instalar un clima de opinión favorable entre los principales agentes sociales, o al menos disminuir los recelos hacia la ley de amnistía exigida y hacia los efectos de la debilidad socialista en el programa de gobierno de un nuevo Consejo de Ministros de coalición, que tendrá que ajustarse a las exigencias de pluralidad de Sumar, salvo Podemos, que está siendo excluido en el reparto en todos los ámbitos de representación, y de los demás socios.

Habrá que ver si, además de entenderse con Puigdemont, Sánchez también es capaz de imponerle un calendario que le favorece, frente a la posición del expresidente catalán que, según lo que trasladan en su entorno, ha dicho que pretendía forzar la negociación hasta el último momento, y apurar los plazos de la elección de Sánchez, para cobrarse el precio más alto posible del apoyo de sus escaños.

La campaña de Moncloa para blanquear ante la opinión pública su negociación con Puigdemont esquiva entrar en la complejidad jurídica de lo que este ha reclamado para sentarse a negociar. Y también las críticas que crecen dentro del PSOE, y a las que en Moncloa dicen no dar ninguna importancia con el argumento de que las hacen históricos del partido que ya no tienen influencia en el socialismo, o figuras, como la del presidente manchego, Emiliano García-Page, que «en su obsesión por debilitar a Sánchez está siendo profundamente desleal con las siglas del partido». Moncloa insiste en que lo que pidió Puigdemont es un programa de máximos, dirigido a calmar al sector más radical del soberanismo en vísperas de la Diada, y que rebajará, aunque tenga que disfrazarlo y mantener la épica, porque lo que le interesa, realmente, «es una solución personal para su situación y cobrarse la venganza de Oriol Junqueras».

En ese sentido, para atenuar el impacto del borrón y cuenta nueva sobre las causas que afectan a independentistas, la campaña de blanqueamiento de Moncloa incide en que hay alternativas a una ley de amnistía, que ya se están negociando con ERC.