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Miquel Roca al Rey Don Juan Carlos: «Señor, yo soy un hombre de lealtades»

La absolución tiene como artífices a los tres abogados de la Infanta, que no sólo asumieron su defensa, sino que se convirtieron en su más firme apoyo: «La han arropado al máximo»

  • La Infanta Cristina, junto a Miquel Roca en los juzgados de Palma
    La Infanta Cristina, junto a Miquel Roca en los juzgados de Palma
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

19 de febrero de 2017. 18:40h

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Madrid. 19/2/2017

«Señor, yo soy un hombre de lealtades». Fue lo primero que Miguel Roca Junyent le dijo al Rey Don Juan Carlos una mañana del mes de abril de 2013. El abogado catalán, ex político y ponente de la Constitución había recibido una llamada de La Zarzuela directamente para hablar con el Monarca. Afloraba el escándalo, corrían ríos de tinta sobre el Caso Nóos y el Rey había decidido encargar a Roca una tarea altamente delicada, nada más y nada menos que la defensa de su hija la Infanta Cristina. El que fuera uno de los diputados más brillantes de la Transición, un hombre elegante, moderado y con influyentes relaciones profesionales aceptó sin dudarlo y, además, expresó su deseo de no cobrar honorarios. Miguel Roca siempre mantuvo una estupenda relación con Don Juan Carlos, era uno de los asiduos visitantes de Zarzuela en sus años de brillante político en Madrid y conocía de sobra a la Infanta desde su boda con Iñaki Urdangarín en Barcelona, ciudad dónde ella trabajaba y el matrimonio fijó su residencia. A doña Cristina la idea, consensuada con su padre, le pareció de perlas.

Aquel día empezó una historia tremenda para la Casa Real y un linchamiento social en toda regla para la Infanta, que acaba de terminar con su absolución. Los artífices que han contribuido a ello son tres prestigiosos abogados de las mejores familias catalanas, muy distintos pero con un objetivo en común: no sólo defender a la Infanta en los tribunales, sino también el plano personal. «La han arropado al máximo», aseguran en su entorno. En efecto, aislada de su familia, con el único apoyo en público de su madre la Reina Doña Sofía y su hermana la Infanta Elena, el tándem Roca-Silva-Molins ha sido en estos años de calvario el verdadero sostén de Cristina. Lo único que no se ha cumplido es lo que siempre suele decir uno de ellos, Pau Molins: «En derecho penal la publicidad no es buena». Sabido es que en el proceso de la Infanta su repercusión mediática ha hecho historia.

Miguel Roca, Jesús María Silva y Pau Molins se conocían de sobra. Los tres pertenecen a familias de la burguesía catalana y estuvieron vinculados a la antigua Convergència Democrática en sus años de esplendor. Fue Roca quien pensó en Silva y Molins para completar el equipo de defensa de la Infanta por su gran prestigio en el ámbito del Derecho Penal. Además, ambos estaban ya incorporados al despacho de Roca Junyent Abogados en la calle Aribau barcelonesa para «casos especiales». Los tres han trabajado coordinados aunque sus perfiles son diferentes: un ex político, un consultor internacional y un rockero en toda regla. Así son los letrados que han defendido y estado al lado de la Infanta en estos años de vía crucis judicial y personal. De los tres, el más locuaz ha sido Jesús María Silva y a él pertenecen gloriosas frases como aquella que pronunció a la salida de los Juzgados de Palma: «La Infanta está aquí por amor». También hizo un pronóstico: «Algún día sabremos qué hay detrás de Manos Limpias». Basta recordar que sus dos fundadores están hoy en la cárcel.

La historia de Miguel Roca Junyent es bien conocida. Nació en el exilio en Burdeos, hijo de Juan Bautista Roca Caball, uno de los fundadores de Unió Democrática de Cataluña. Alto dirigente de Convergència, diputado y portavoz de CiU en el Congreso durante varias legislaturas y padre de la Constitución, fracasó en su intento de vertebrar un partido centrista en el resto de España, el Partido Reformista Democrático. Aquella «Operación Roca» le marcó y desde entonces se retiró de la política para volcarse en su despacho de abogados, aunque su influencia y relaciones personales siguieron intactas. Miguel Roca dejó un recuerdo imborrable en el Congreso, era el más puro representante del «seny» catalán, su talante conciliador y dialogante fue decisivo en la redacción de la Carta Magna y el Estatuto de Sau. Mantenía excelente contacto con los periodistas de la transición y trabó amistad con Jesús María Silva en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, dónde Roca es profesor de Derecho Constitucional y Silva catedrático de Penal. Su momento más tenso fue cuando el juez instructor José Castro aseguró que se le había citado a una entrevista clandestina en el despacho de Roca para desbaratar la imputación de la Infanta, algo que los letrados siempre han desmentido.

Jesús María Silva Sánchez es uno de los catedráticos penalistas más prestigiosos del país. Viajero incansable, durante muchos años ejerció la consultoría en diversos países europeos y latinoamericanos asesorando en números procedimientos penales y delitos societarios. Autor de veinte libros y de numerosos artículos en revistas jurídicas de todo el mundo, doctor honoris causa por tres universidades extranjeras, su experiencia internacional le llevó a abrir su propia firma de abogados con una seña de identidad diferenciable y asociarse con Pau Molins. Vinculado familiarmente a Unió Democrática, es un hombre muy culto, domina varios idiomas y apasionado de la música. Habitual del Liceo, ha sido un pilar básico en la defensa de la Infanta y el más expresivo con los periodistas. Incisivo en los interrogatorios, siempre se refería a doña Cristina como «Excelentísima señora».

El menos conocido para el gran público es Pau Molins Amat, perteneciente a una de las mejores familias de la alta burguesía catalana, propietarios de la Cementera Molins y múltiples negocios. Pau es el menor de once hermanos, entre ellos Joaquín Molins, antiguo dirigente y portavoz de Convergència en el Congreso. Abogado de apellidos ilustres en el empresariado catalán, ejerció en un despacho de su familia en La Pedrera hasta asociarse con Silva y Roca. Tiene una gran afición: su grupo de rock «Por fin es viernes», muy conocido en Barcelona dónde llenan las salas en que actúan. Cuando se quita la toga, Molins canta música rockera de los ochenta entre micros, baterías y guitarras. El grupo lo integran quince músicos y en sus actuaciones incorporan rostros famosos como el presentador Andreu Buenafuente o el tenista Alex Corretja para interpretar a los Dire Strait, Gloria Gaynor o Santana. Suelen actuar en la sala Luz de Gas o el Real Club de Tenis de Barcelona, abarrotan hasta la bandera con los apellidos más ilustres de la Ciudad Condal y destinan los beneficios de las entradas a causas sociales.

Este equipo de juristas ha sido el más firme apoyo de la Infanta Cristina durante todo el proceso. Los tres planificaron su defensa con el objetivo de una absolución por no ser «colaboradora partícipe» de los negocios de su marido. Iñaki Urdangarín. Aseguran que la Infanta ha sido una cliente muy disciplinada, soportando con enorme dignidad, «le viene de cuna», el banquillo, los interrogatorios, y que sigue convencida de la inocencia de su esposo. Aunque Miguel Roca aseguró al conocer el fallo que se encontraba «levitando», los tres afirman que su estrategia defensiva era distinta: «En vez de flotar, con los pies en el suelo». El resultado ya es una realidad y les ha dado la razón.

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