Una víctima logra que Pikabea se inculpe en un asesinato ya prescrito

Miguel Ángel Madariaga antes de entrevistarse en la cárcel de Zaballa con el etarra Kepa Pikabea
Miguel Ángel Madariaga antes de entrevistarse en la cárcel de Zaballa con el etarra Kepa Pikabea

El guardia civil Miguel Ángel Madariaga prestaba servicio en Andoain (Guipúzcoa) cuando un comando de ETA les disparó en el cuartel. Uno de sus compañeros, el guardia civil José Díaz Pérez, murió. A él le alcanzó en el pulmón, la arteria... La lucha de Madariaga por conocer la autoría del asesinato no ha cesado y tras varios archivazos consiguió abrir el caso con sus pruebas. Ayer se entrevistó con el etarra Kepa Pikabea, que cumple condena en Zaballa (Álava), con el fin de saber si participó en su atentado. Separados por una mesa, Madariaga interrogó a Pikabea, quien le reconoció que entró en ETA en 1978 y que formó parte del «comando Adarra», el mismo que atentó contra él y su compañero en 1979, pero dijo que ese día «estaba trabajando y que no participó» y que su misión era «transportar armas». Madariaga no se creyó esta parte, pues le indicó al etarra que entonces los comandos tenían las armas que tenían. Reconoció que llevaba documentación falsa, una pistola y nombres de políticos para atentar cuando le detuvieron en Francia en 1994. «Lo tenía todo muy bien preparado, no se ha mojado, ni ha querido decir quién atentó contra nosotros, porque si era el «comando Adarra», debe saberlo». «Pienso que si por él fuera a lo mejor colaboraría. Hay alguien que le tiene presionado, o bien porque esto es el final de la vía Nanclares, no lo sé», destaca.

También le preguntó por las cartas que le había enviado y Pikabea indicó que le respondió una a través de su abogado y que se la dieron a Txema Urquijo, director de Víctimas vasco pero, si es así, Urquijo no se la dio. Hasta la cárcel alavesa acudió junto a Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite, quien le ha ayudado, y llevó un dossier elaborado por el colectivo con el que logró que confesara el asesinato del estanquero de Eibar en 1980 tras ponerle varios nombres sobre la mesa. «Me dijo que le pegó un tiro en la cabeza al estanquero». Sólo se ha inculpado él cuando los testigos del atentado declararon que fueron dos los que participaron en el atentado.